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¿Qué onda con las empresas?

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

Las empresas no tienen cara. Lo sé. Casi todos estamos consientes de que ese dato. Pero no tener cara y ser descarado son cosas muy diferentes. Muchas veces la frialdad de las empresas me deja impresionado. La manera que manejan sus negocios va desde lo más cómico hasta lo criminal. Y lo peor de todo es que como son una fuente de trabajo, nosotros mismos nos vemos forzados a alimentar a la bestia que eventualmente nos va a matar porque tenemos que trabajar, ¿no?

Yo tengo suerte, trabajo en una empresa que cuida a sus empleados, pero he trabajado en lugares que definitivamente no lo hacen. He visto y vivido historias de terror con esos lugares que, combinados con el seguro social, parece que tienen como misión encargarse de que la sobrepoblación mundial ya no sea un problema.

El último ejemplo que vi fue hace unos días, cuando mi chico fue incapacitado por amenaza del famoso Covid. Afortunadamente, no fue eso lo que lo puso mal, pero nos sacamos un buen susto. Cuando lo llevé con un médico porque traía fiebre y otras cosas, le dieron una incapacidad, va, todo bien hasta aquí, como precaución le dieron dos semanas para darle tiempo de recuperarse y nos pidieron que fuéramos en dos semanas para el seguimiento. Todo normal. Fue entonces cuando la empresa, a la hora de meter la incapacidad le pidió datos a mi chico que hizo que con la fiebre al tope, tuviera que ir al banco a pedirlos, porque resulta que la misma empresa que le paga no tiene los datos del depósito. Cuando hablamos con el de nóminas, nos dijo que tenía que ir al banco a pedir los datos, que si no, no le iban a poder depositar. Consideremos que lo habían incapacitado por amenaza de Covid, estaba ardiendo en fiebre y había una posibilidad de que fuera contagioso, cosas que a la empresa no le importó, solo le dijeron que fuera y los consiguiera o no le iban a pagar.

Torreon, Coahuila. Foto: Manuel Guadarrama/Milenio

Honestamente, me dejó pasmado la falta de empatía de la empresa, del empleado, de lo que sea. Comprendo que en realidad hay factores que influyen en sus decisiones, pero no es como que haya tomado vacaciones para ir a modelar a Hawaii, estaba enfermo y podía haber sido una situación peligrosa andar en la calle, tanto para nosotros como para el resto de la gente. Entonces, ¿qué les pasa? Ahí estaba mi chico, ardiendo en fiebre (cosa que luego hace que te nieguen la entrada en los negocios), parado a duras penas, conmigo a un lado rogando que no se me fuera a desmayar haciendo horas de fila para conseguir los datos que le pidieron para poder recibir su pago (que es el 60 por ciento de la miseria que les pagan por andar modelando en islas exóticas).

Es un insulto que aparte de que te recuerden que eres un simple empleado, un insecto reemplazable en una gran corporación, que cuando te regresen a tu casa porque pones en peligro con tu salud a otros, te niegan tu sueldo completo, y aparte te hacen dar quince mil vueltas. En lo personal, me parece más que un insulto.

Comprendo que hay gente abusiva que se la pasa inventando enfermedades para no trabajar y que se la vive buscando incapacidades, pero les aseguro que a la gente trabajadora nos gusta ganarnos la vida y que preferimos mil veces irnos a trabajar que estar enfermos, acedándonos en la casa, sintiendo cómo nuestro cuerpo lucha por ganar la batalla. A la gente trabajadora nos gusta trabajar.

Y no es un evento aislado. Hace muchos años yo trabajé en una empresa donde descubrí lo insignificante que es mi existencia. Una vez, con una fiebre considerable, le pedí a mi supervisor que me dejara irme a mi casa, ya era tarde y no creía que el seguro me fuera a atender. Me dijo que no, que me pusiera a trabajar. Incluso cuando me quedé inconsciente en una silla, mis compañeros le pidieron que me dejara ir y, al revivir, me dijo que me pusiera a trabajar. Esa vez me levanté, me fui y a los dos días, fui a renunciar. A la fregada con esa empresa.

En otra ocasión estuve en un lugar donde le decíamos el congelador porque el aire acondicionado era muy extremo. Cuando le pregunté a alguien sobre eso, me dijo que como las computadoras necesitaban un ambiente más frío para no sobrecalentarse, que era la forma más fácil de mantenerlas bien. Le pregunté sobre el recurso humano, los trabajadores que usamos las computadoras, pero me dijo que la gente no era su problema, que a ellos les importaban los equipos electrónicos y punto. Eso me pasa por preguntón.

Incluso en las escuelas donde trabajé durante tantos años vi lo mismo.  Un colegio se negó a darme seguro, diciendo que aún no me lo ganaba. Según yo, el seguro es un derecho de todos los trabajadores. Al parecer me podía pagar el hospital privado con el sueldazo que me daban. Y eso que me querían pagar 1800 pesos a la quincena. Creo que no les gustó la carcajada que solté cuando me hicieron esa oferta. Una vez que me dolía la cabeza, les pedí que si perdía el conocimiento, que no me fueran a quitar el uniforme de la escuela y tirarme en la calle, afuera de la propiedad.

De acuerdo, cada quien ve sus intereses. Yo como individuo que aprecio los lujos como comer y tener dónde dormir busco ganarme los pesos que necesito para sobrevivir. Las empresas buscan aumentar sus ganancias, por lo tanto buscan eliminar fugas de dinero. Pero los empleados no son una fuga. Hay que comprender que los trabajadores somos la base sobre la que las compañías sobreviven. Mientras nos vean como insectos reemplazables, nunca van a tener los mejores resultados.

Cuando los seres humanos nos sentimos deshumanizados, tendemos a perder nuestra lealtad e interés, y una persona indiferente puede ser más peligrosa, por más insecto que sea…

Cuiden a sus empleados, empresas frías, sin cara, recuerden que sin nosotros, ustedes no son.

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿Qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

 

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Artículo publicado originalmente en: https://medium.com/ escrito por Tess Tanenbaum

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