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Que lo haga otro… ¿yo por qué?

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

El mundo es complicado, lo sé. Las personas nos enfocamos en salir adelante y sobrevivir. En realidad no tenemos tiempo para estar perdiendo en sensibilidades ni cursilerías como la educación y la consideración, ¿por qué debo invertir mi tiempo y esfuerzo en hacer una buena obra si al final de cuentas ni siquiera va a ser reconocida?

Tiene sentido. La vida es corta y definitivamente todos estamos en una constante carrera para satisfacer nuestras necesidades (ya sean reales o inventadas). Tomamos el tiempo para escoger el celular que más nos interesa, investigamos las mejores funciones en internet y hasta buscamos los precios más competentes del mercado para asegurarnos que vamos a obtener la mejor oferta, sin embargo, nos morimos del aburrimiento para leer una etiqueta, una advertencia, o me atrevo a decir, un artículo que comenta sobre el comportamiento humano.

Es increíble cómo priorizamos las cosas más triviales. Le damos tanta importancia a cosas que ni al caso cuando hay situaciones en la vida que requieren nuestra atención. A veces nos enfocamos en lo que la gente dirá de nosotros, sin embargo no hacemos nada para que la humanidad tenga una buena opinión de nosotros o simplemente hacemos cosas que dan la ilusión de ser buenas mientras nuestro corazón está lleno de veneno. En el fondo lo que importa es lo que aparenta ser, no lo que es en realidad.

Como hoy en el transporte, a la hora de bajarse tres personas, ninguna de ellas se molestó en cerrar la puerta, solo se fueron caminando sin importarles que se acababan de bajar del vehículo, totalmente desentendidos. Alguien se tuvo que levantar para cerrar la puerta, y no era como que no se dieron cuenta que habían dejado abierto, no: simplemente no les importó. Que otro lo hiciera. Personalmente me pareció el colmo del egoísmo.

Dirán que soy exagerado, pero si en un detalle tan pequeño como cerrar la puerta tiene tan poca importancia en su escala de prioridades, ¿qué será de cosas que en realidad son importantes? A la hora de la congruencia es donde las palabras son baratas. Cuando va un hombre con un bebé parado en el camión, ¿por qué no se para una mujer a darle el asiento, porque no es mujer? Y no me vengan con que la caballerosidad y esos argumentos arcaicos, un ser humano cargando un bebé corre peligro. Y tampoco me vengan que porque la mujer es el sexo débil porque una mujer tiene el poder de traer una vida al mundo y a los tres días ya anda trabajando. Eso es fuerza. A mí me da un resfriado y me tumba varios días.

El problema es que siempre estamos esperando a que otro lo haga. Si tenemos un colchón viejo, muchos lo tiran en la calle, o el clásico sillón abandonado. Lo convierten en el problema de otros. Que otro se haga cargo de levantarlo. Que otro arregle lo que rompí, mejor hago como que no me di cuenta y sigo mi camino. Que otro cierre la puerta del transporte del que me bajé. Que otro le baje al baño, al cabo que ya hice mis necesidades, ¿en serio?

Se trata de congruencia, mis estimados. Podemos dar una conferencia mundial sobre la contaminación, pero si no te agachas a levantar una cáscara de plátano, no sirve de nada. Muchos se pasan la vida sermoneando sobre la moral y la decencia mientras se la pasan hablando mal de sus vecinos o causándoles problemas, o peor, se la pasan de cama en cama mientras condenan sus mismas acciones, pero como no los ven, pues simplemente no pasa y siguen juzgando. Eso es la clásica definición de hipocresía.

Lamentablemente me he visto haciendo lo mismo en ocasiones. Es lo que más detesto: la incongruencia de mis acciones. Afortunadamente, cuando me descubro en esa situación, trato de corregirla en el momento. Hasta el hecho de bajar la rosca del baño en la casa de mi mamá es responsabilidad mía. Qué casualidad que sí lo hago automáticamente en casas ajenas, pero luego la mala costumbre me llega en donde realmente importa. Y de hecho, el chiste es que siempre sean nuestras conductas congruentes, estemos donde estemos sin importar si nos ven o no.

Como cuando se me han presentado oportunidades de obtener dinero sin trabajar por él. Cuando les dijo que no se sorprenden. Me tratan de convencer de que lo haga preguntando que quién va a saber y mi respuesta los confunde: yo voy a saber. Se les hace increíble que no tenga interés en tener dinero fácil. Lo que no saben es que parte de mi orgullo personal es poder decir que me esfuerzo por ser una persona honesta y directa, y no se trata de parecerlo, sino serlo.

Como una vez en la escuela, levanté una envoltura de galletas del pasillo y le eché al bote más cercano, una chica me preguntó si era mi basura, cuando le dije que no me cuestionó que por qué la había recogido si no era mi responsabilidad. Le dije que porque era basura y que es responsabilidad de todos mantener limpio porque sólo hay dos intendentes en la escuela y no podemos esperar que hagan todo ellos. Me dijo la chica que soy raro. Al parecer es sorprendente que me agache a levantar basura ajena porque la cultura dice que no es mi problema porque yo no la tiré, por lo que veo tampoco es problema del que la echó ahí porque se deslindó de responsabilidades el momento que dejó de tocar su mano.

Entonces, contestando la pregunta de ¿Por qué tengo que ser yo el que lo haga? Sencillo: Porque somos seres humanos y somos responsables de cuidar lo que nos rodea, el ambiente, la gente, a nosotros mismos. No se trata de solo ver por uno mismo, sino por la sociedad en general. No somos seres aislados, sino sociales. Cuidemos nuestro patio, pero si otros ocupan ayuda con el suyo, ayudemos un poco. Levantemos una lata del piso y depositémosla en la basura. En mi ciudad somos más de dos millones de personas, si cada una levantara un papel, habría millones menos en el suelo.

Sé que vivo delirando, mi gente bella, pero aún sueño con un mundo donde cada quien se haga responsable de lo suyo. Si no vamos a ayudar a hacer el mundo mejor, de perdida no contribuyamos a empeorarlo. Les aseguro que no ayudan en nada cuando abren la ventana de su carro y lanzan la basura para afuera…

Y ustedes hermanas, hermanos, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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