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¿Para qué estudias si puedes comprar los papeles?

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

Ayer en el transporte tuve la mala fortuna de escuchar una conversación que me dejó furioso. Como profesionista, como educador y como ser humano. Normalmente no soy tan sensible con los temas, pero el de ayer me paró los pelos. Me quedé drenado de energía y completamente decepcionado de algunos elementos de la raza humana.

Resulta que por el garrafal error de no traer mis audífonos cargados, no tuve el privilegio de ir a casa en paz y mi propio mundo, no. Tuve la mala fortuna de escuchar las pláticas de la gente (que generalmente ni me incumben ni me interesan), y detrás de mí iban dos señoras platicando de las tribulaciones y dificultades de su trabajo, quejándose de su bajo sueldo y el exceso de trabajo, etc., cuando una le pregunta a otra que si tiene papeles (refiriéndose a certificado de estudios), a lo que la segunda le dijo que no, que no terminó ni la secundaria pero que su hija la estaba alentando a hacerla para ganar mejor. Todo bien hasta aquí, el problema es que la otra mujer le dijo que para qué estudiaba, que ella tiene el contacto para conseguirle el certificado por tres mil pesos. Casi escuché las llantas de mi mente rechinar con el frenón que di.

No pude evitarlo. Mis esquemas mentales se congelaron ante semejante comentario, ¿perdón? O sea que no es suficientemente malo que haya tanta necesidad en el mundo, encima de eso se echamos un poco de actividad ilegal y sobre todo, deshonesta a la ecuación. Honestamente no podía creer mis oídos. Y lo peor de todo, lo iban platicando abiertamente en el taxi a viva voz, ni siquiera tuvieron la “decencia” de ser discretas. Hasta parecía que la mujer iba ofreciendo Inglés sin Barreras. Hasta otra cliente le salió en el transcurso. Se pasaron los números y todo para pasarse el contacto.

Y lo peor de todo es que le dijo la promotora de “Papeles sin estudio” que si quería un certificado de preparatoria para seguir estudiando, le salía en cinco mil pesos, pero que si solo era para que le pagaran más en el trabajo, que le salía como a tres mil. Al parecer el más caro tiene validez en la SEP, por lo tanto, el contacto de dicha mujer ha de ser alguien importante. Sentí es estómago en los pies.

No es que no haya escuchado de semejantes cosas pasar, simplemente no había visto que pasara frente a mí. Como educador, sentí la inutilidad de mi trabajo de repente, ¿qué caso tiene que me prepare y que trate de plantar semillas de conocimiento en mis chicos si nuestra cultura les va a enseñar a conseguir las cosas así de fácil? Es tan sencillo como ahorrar un poco.

Y para rematar mi pobre corazoncito roto, la segunda señora dijo que su hijo había comprado un título allá en Acapulco donde vivía y que le subieron el sueldo de tres mil a seis mil pesos a la semana, ¡Ay mi cora! En ese momento me dolió tanto mi alma. Me puse a recordar todas mis noches de desvelo, mis sacrificios, los corajes que pasé con los profesores, las lágrimas que derramé, LOS AÑOS SACRIFIADOS, el dinero invertido y las muchas vueltas que tuve que dar para que me entregaran mi papel, ¡Me sentí furioso!

No perdí el tiempo, al contrario: vale la pena todo lo que hice. Me ayudó a moldear a un profesionista ético y capaz. Mis sacrificios me hicieron más fuerte. Mis raíces fuertes me impiden que pueda considerar semejante acro de sacrilegio educativo. Estoy completamente seguro de que mis padres estarían avergonzados de mí si yo hiciera algo así. Mi falta de honestidad los perturbaría y no tendrían reservaciones en decirme lo que sienten. De hecho, creo que mi mamá destruiría el título aunque me haya costado carísimo. Casi la escucho decir “ándele, pague otros diez mil, seguido por uno que otro adjetivo calificativo”. Ella con eso de la honestidad no juega.

Pero fuera de lo que me enseñaron mis padres, yo decido ser honesto. Me rehúso a hacer o fomentar semejantes prácticas, ¿en serio? Así de fácil es la vida. Tengo presente que mucha gente prefiere el camino fácil, pero eso es un insulto a mi existencia. A ese estereotipo nos reduce el mundo a los mexicanos: a seres flojos y oportunistas, cuando somos una raza trabajadora.

Necesito creer que muchos padres de familia no tolerarían que sus hijos se burlen de sus esfuerzos con un certificado de estudios fraudulento. Porque es una burla, es un bofetón en la cara a esa mamá o ese papá que trabaja todo el día para pagarle las oportunidades a sus hijos. Es un “no gracias” a la invitación de ser una persona de bien, productiva para la sociedad. Es una falta de respeto para las personas que sí se matan para buscar un futuro mejor. Es una corrupción del alma educativa. Y el descaro con el que lo promovieron me hace sentir ganas de llorar, incluso ahora que escribo esto.

Quizá piensen que exagero, al final de cuentas no es asunto mío. Pero sí lo es. Ha sido mi vida educar, ha sido mi misión combatir contra la ignorancia y la flojera. He dedicado una tercera parte de mi vida en apoyar a personas y alentarlas para que estudien, haciéndoles la promesa de que su sacrificio será bien recompensado al final (promesa que cada vez se siente más falsa). Aparte de todo lo malo que hay en el mundo y de todo lo que combato cada día, le tenemos que agregar esto a la lista, ¡estoy asqueado!

De hecho, yo no podría ser amigo de alguien que hace algo así. Sería una aberración en mi vida tolerar esas acciones. Además que una persona deshonesta no tiene cabida en mi mundo. En ese caso, compro mi maestría, pero ¿dónde queda mi conocimiento, mi experiencia, mi capacidad, dónde queda mi habilidad para verme en el espejo y amar a esa persona, dónde queda mi orgullo profesional?

Ganaré poco, mi casa es pequeña, mi práctica profesional es modesta, mucha gente me considera mediocre o fracasado, pero una cosa sí sé con certeza: Todo lo que tengo me lo he ganado.

Ya veremos con el paso del tiempo si el país aún tiene algún vestigio de esperanza. Tengo que creer… tengo que creer…

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Un triste Mostro.

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