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 ¡No tengo que nada!… 

Espacio Mostroso, ilustración: Siul Rodri

Las reglas que la gente nos hace adaptar a nuestra vida son chistosas. Más aún el hecho de que las absorbemos en nuestra vida, las aplicamos constantemente y lo peor de todo, que se las enseñamos a otras personas para que ellos sean tan miserables como nosotros. Nos regimos bajo una larga lista de comportamientos, pensamientos y culpas aprendidas que nos dicen lo que es correcto y lo que no lo es y por más absurdas que puedan parecer algunas de ellas, muchas veces nos desbaratamos por seguirlas con tal de no ser señalados.

Claro, necesitamos reglas y normas para determinar lo que es correcto y lo que no lo es. No podríamos funcionar como sociedad si no tenemos lineamientos para seguir. No podemos matar a ese vecino pesado y baboso que llega a las once de la noche en Martes con la música a todo volumen mientras tratamos de conciliar el sueño para levantarnos a las cuatro para ir al trabajo. Se supone que siguiendo ese conjunto de normas, seremos buenas personas y no nos pasará nada malo, pero como todo, siempre hay algunas que exageran, sobre todo las normas de la “decencia” que dicen lo que es y lo que no es aceptable ante los ojos de la gente, sobre todo por que esas tienden a cambiar de persona en persona, dependiendo de su nivel de apertura e hipocresía, porque muchas veces sus propias reglas no aplican para ellos, como esos que critican el adulterio mientras tienen hijos por todos lados o los sacerdotes que me condenan y me llaman abominación por ser gay mientras ellos esconden su pedofilia. Mmh…

Y una de las herramientas más efectivas para mantener controlada a la gente es la culpa. Sí, así como la lees. Muchas veces nos enseñan que debemos tener una relación con nuestra familia porque “es la familia” a pesar de que sea una relación llena de veneno y manipulación. O que debemos hacer cosas que no queremos por los amigos o porque la pareja lo pide porque es parte de nuestro amor o nuestra lealtad. Esa falacia de que “si me amas lo harás” me suena muy peligroso. Si alguien me ama a mí, estoy seguro que esas palabras nunca saldrán de sus labios, porque es una forma segura de perderme.

Las personas que están en mi vida es porque le traen algo bueno y la complementan, porque me apoyan y me patean el trasero cuando necesito corregir algo, no porque la sociedad lo dicta. Al diablo con esa regla, en lo personal, no creo que la gente nace en su derecho a tener relevancia en mi mundo, eso se gana. No creo en la familia forzada, creo en la escogida. Mi mejor amigo tenía una relación horrible con su mamá, llena de odio, resentimiento y veneno, pero nunca pudo hacerla de lado porque “era su mamá”. Cuando mi amigo falleció, la señora vendió todo lo que mi amigo tenía en su casa (hasta lo que era de su pareja y no de su hijo) y se quedó con todo el dinero. Su hijo nunca fue más que un cajero para ella, pero era su madre…

Lo que se espera de nosotros por lo que somos es otra cosa que me da risa. Se espera que yo haga ciertas cosas por ser varón, ¿cuántas veces no escuché que yo sería la cabeza de una familia solo porque tengo testículos? Son ideas arcaicas y machistas que me enseñaron. Incluso se me ha dicho que no hago cosas de “hombres” porque soy gay como cargar un garrafón o arreglar una llave. Según yo cualquier persona con manos lo puede hacer, pero quizá es mi mente utópica. No creo que hay cosas que sean inherentes de hombres o mujeres. Uso rosa, uuuuuy, qué miedo, no se me vaya a transformar el cuerpo.

Y el preocuparse de lo que la gente va a pensar de uno es una pérdida de tiempo abismal. La gente siempre te va a juzgar con sus estándares torcidos. El que roba siempre va a creer que robas. El que miente siempre va a creer que eres falso, el lujurioso todo lo va a ver como sucio y el fanático religioso todo lo va a ver como pecado. Siendo honestos, la gente que menos te juzga es la que vive más feliz. Quienes no se meten con nadie viven tranquilos ocupándose de su vida en vez de estar metiendo las narices en las de los demás. Las vecinas que más se han fijado en quién entra y sale de mi casa son las que luego se andan desgreñando en la calle con las esposas de los tipos con los que se andan metiendo, ¿así o más irónico?

El que piensen que estoy haciendo cosas “indebidas” por estar haciendo algo no quiere decir que lo esté haciendo. Como aquella vez que le dijeron a mi amiga que no podíamos estar platicando en la noche en los escalones frente a su casa porque la gente va a pensar mal. Estábamos a la vista de todos, platicando, no es como que la fuera a embarazar en el patio abierto, pero su mamá estaba preocupada de lo que la gente diría. En mi caso, no me interesa lo que la gente dice de mí, al final de cuentas yo sé lo que valgo y lo que hago y no le dedico tiempo en guardar las apariencias. Comprendo que en realidad tu valor te lo da la gente por lo que aparentas, no por lo que eres en verdad. Mamá Vacci siempre me ha dicho que los valores de uno se demuestran cuando nadie te está viendo.

Mi regla personal es que no “tienes qué” nada. No le debemos nada a nadie aparte de respeto y tolerancia. Si alguien tiene expectativas de uno es su problema. Ya si uno se compromete, es otra cosa, pero eso de hacer lo que otros esperan, sacrificando nuestra felicidad e integridad es completamente inaceptable, Seamos buenas personas, pero seamos nosotros mismos y soltemos las culpas, que la manipulación barata no dicte el ritmo de nuestra vida, porque entonces estaremos realmente muertos. No tenemos qué nada. A veces necesitamos hacer algo, a veces queremos, pero si no, nada es a fuerzas. Soltemos esa regla tonta y manipuladora, porque solo la usan para forzarnos a hacer lo que nosotros no queremos. No tenemos que estudiar, no tenemos que casarnos, no tenemos que desear tener hijos, todo eso es opcional y nadie tiene derecho a decirte lo contrario.

Soltemos las reglas que no nos ayudan a ser mejores personas. Dejemos atrás las culpas y las relaciones que nos imponen. Olvidemos nuestros miedos y vivamos, total, ya nos juzgan…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan?

Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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