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…no tengo idea de quién eres tú…

Bruma, niebla, un velo cercando la naturaleza en una arbolada de silencio y mutis. Son decenas de gigantescos árboles plagados de sombras propias y extrañas en un perpetuo recorrido diurno. También las horas nocturnas les abrazan, les rodean, les alcanzan en cada estrella y constelación desde lo alto, incluso a partir de sus propios troncos y ramajes.

Esos son los verdaderos monstruos de la foresta y la montaña. Lo otro, los otros, son compañeros de vida con nombres acordes a las culturas y regiones donde están y se manifiestan.

Esa es otra historia.

Dentro del bosque hay sabios conocedores de los más ocultos secretos de la naturaleza y sus caprichos; cada uno tiene sus propias singularidades, pero todos relacionados y atados a la raíz, a la servidumbre de todas esas deidades atrapadas en la fe y la necesidad de creer. Ellas y ellos esperan, encausan, recuperan la humanidad de un cuerpo destrozado para mantener el equilibrio dentro de ese gran interior eternamente desconocido. También se ocupan del espíritu y el alma y no, no son lo mismo, al menos esos dicen quienes saben. En su términos: “el ser humano está conformado por tres partes que son: el espíritu, el alma y el cuerpo. El hombre es un espíritu que posee un alma y vive en un cuerpo”.

Es grato saberlo: hay tres esencias básicas y muy frágiles. Por fortuna están ellos y ellas disfrazados de amigos y con las mejores intenciones, objetivos y deseos.

Un “buenos días” cambia toda perspectiva de la vida, eso es una realidad irrefutable. Y si la frase surge de quienes forman parte de los sueños, el resultado es indestructible, al menos en la memoria y el sentir. Me gustaría escucharlo de viva voz…

Esa es otra historia.

Los protagonistas de esta entrega son entidades a prueba de pesimismos y obstáculos. Saben, entienden, empatizan. Son complementos efectivos para contrarrestar tristezas, soledades, angustias, preocupaciones… pesadillas. Siempre están, actúan, destrozan para reformar y dar vida, crear expectativas, sugerir otros caminos… ofrecer miradas a nuevos amaneceres. Abren puertas y muestran rutas inexploradas, pero asequibles. Cierran recuerdos y ofrecen oportunidades. Hablan en lengua diferente y explican, detallan, muestran la importancia de aceptar lo que somos como somos. Fungen como escudos.

Y sí, esa es otra historia.

En este momento los bosques, las lunas, los lagos, las luces de nuestros cielos y las noches de estos inviernos tienen tu sonrisa que no es mía.

Los sabios y sabias argumentan olvido y me resisto a ello por la sonrisa, los labios, los ojos, la diestra voluntad de todas las mañanas y las palabras nacientes al despertar.

Sí, son tulipanes.

Sí, es una sonrisa.

Sí, ellos y ellas saben de ti por mí y yo no tengo idea de quién eres tú.

La certeza es que te desconocen.

Eso no es un problema.

Esta es mi historia y ellos y ellas y tú son mi presente… lo eres…

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