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Mujeres tejiendo su propia historia… Teresa 

En justicia, por Mary Ortega Ruiz

Nací loca o me dañó la sociedad

Mi nombre es Teresa, la mujer más odiada en mi pueblo y todo por mis mentiras… Recuerdo que a mis 10 años estaba jugando con mi primito y cuando lo empecé a perseguir; cruzó la calle y lo atropelló un carro, el niño de 8 años murió en ese mismo instante; y yo me sentí culpable, pero me escondí para que nadie sepa por qué lo atropellaron.

Esa fue la primer pesadilla en mi niñez; la segunda fue ver morir a mi madre en el parto aunque por una rendija vi que se desangró luego de que naciera mi hermanito, y ahí murió en su propia cama, sin que la partera haga nada. Por la noche estaban velando a mi madre y al estar bañándome descubrí que yo también estaba sangrando de mi vagina y como no sabía nada, ni por qué, empecé a gritar que me estaba muriendo.

Toda la familia me vio desnuda, y una tía me explicó que en ese momento ya era una mujer que podía embarazarse, que cada mes todas las mujeres sufren ese sangrado y me enseñó a usar toallas sanitarias y pasó el susto.

Cuando tenía 13 años entré a la secundaria y como me sentía tan sola, me las ingeniaba para besar a los niños que se dejaban; a algunos sólo les gustaba verme las bubis, a mí me gustaban los besos, sin sexo para no embarazarme.

Pronto me di a conocer como la zorra de la secundaria; todas las niñas me decían que les daba asco, y los niños me rehuían para que no los acose; a los 14 años llegó el chisme a mi padre, quien ya se había casado de nuevo.  Y luego de darme una golpiza con su cinturón a la semana siguiente me casó con un viejo que era viudo y muy amigo de él, no sé si me vendió, pero si se deshizo de mí. Porque le daba vergüenza que su apellido ande en el chisme de la gente.

Me sacaron de la escuela y en el primer año de casada tuve mi primer hijo, tenía mucho miedo porque vi morir a mi madre en el parto, pero aun así tuve una hija más y luego empecé a abortar cada vez que me daba cuenta que estaba embarazada; un doctor me dijo que con las pastillas “Cytotec” podía votar todos los embarazos de menos de dos meses.

Mi marido se extrañaba que sólo tuviera dos hijos y no encargaba más, pues él quería seis, pero yo empecé a ponerle el cuerno con sus compadres y parientes cercanos; el viejo se iba a trabajar y yo me quedaba en casa con mis enamorados, creía que mis hijos no se daban cuenta por estar pequeños.

Cuando mi esposo me descubrió me quería matar; pero le grité su precio y casi se muere de un infarto, sólo porque le dije que yo era joven y hambrienta de sexo pero no de sus porquerías y como venganza me quitó a los hijos, para mí fue lo mejor, porque sola podía ir a los bares a buscar hombres. Mi familia me dijo que ya estaba muerta para ellos, por haberme divorciado y abandonado a los hijos.

Cada día me gustaba más el alcohol y los amantes; me daba lo mismo que fueran casados, solteros o con novia yo sólo quería un revolcón…

Así pasaron los años, cuando descubrí que cada día la gente me rechazaba más; desde que les decía que era divorciada me veían feo. Además las esposas que descubrían a sus maridos conmigo, me querían matar, aunque sólo me amenazaban por teléfono, incluso algunas me llegaron a desgreñar en la calle y claro que me defendía pero ellas si tenían amigas y yo no.

Otras mujeres de mi pueblo me votaban brujerías en la puerta de mi casa, para que deje a sus maridos, pues ellos me paseaban por todos lados cuando les decía que no quería compromiso y lo mío era el sexo y el alcohol, además de tener 17 años.

Entonces, decidí pelear la custodia de mis hijos para que crean que yo era una buena mujer. Volví con el papá de mis hijos diciéndole que lo extrañaba y me iba a portar bien, y viviría solo para él; cuando se confió le hice firmar que me daría pensión y la custodia de mis dos hijos. Así como madre soltera se me hizo más fácil encontrar otro marido.

Mi nuevo marido era más joven que yo, venía de un rancho pero se hizo locutor de radio y yo lo manipulaba peor que un títere, cuidaba a mis hijos mientras yo salía con otros reporteros, así me contrataron de fotógrafa de un periódico, pero un día, mi segundo marido se hartó de mí y se buscó otra. Cuando se fue, entendí que lo quería demasiado, que a nadie quise como a ese joven.

Empecé a ir a su casa a rogarle que regrese conmigo, como no me hacía caso,  le rompí los cristales de sus ventanas para llamar su atención. Pero no solo me demandó por acoso, sino que además me puso una restricción de que no podía acercarme a menos de 50 metros de él, de su esposa, de sus hijos y de su casa o trabajo.

Eso sí me dolió mucho, aunque nunca dejé de tener amantes cuando vivía con él, no quería dejárselo a esa mujer. Entonces me intente suicidar con un cutter cortando mis venas. Lo hice para que se sienta culpable, pero no funcionó.

Con eso intenté culpar al gobierno, inventando que me habían amenazado por evidenciarlos, y que me paguen mucho dinero… Todo esperé menos que me tacharan de psicópata, desquiciada, alcohólica y miles de insultos más y si antes me veían con desprecio, casi todas las mujeres me miraban con asco. En esta ocasión me di cuenta que no tenía amigas.

Me propuse conquistar a la sociedad, primero adopté a una niña huérfana de 13 años para que vean que soy buena, pero la usaba para que cocine y limpie la casa, nunca la metí a la escuela como prometí, a mis hijos les empecé a dar todo lo material para que me empezaran a querer pues me encantaba pedir dinero haciéndome la víctima.

Luego de vender una casa que le quité a mi ex esposo, empecé a regar el rumor de que yo tenía mucho dinero, obviamente me colaba a cuanta fiesta aunque no fuera invitada; cuando no me controlaba me hacia la borracha para que me violaran dos o tres ebrios.

Y así atrapé al más ingenuo, dejó a su familia, a su trabajo y se fue conmigo para que yo le pague mucho dinero, con él yo tenía el respeto y la atención de la sociedad, y así,  causando lástima, mintiendo y rogando llegué a un puesto en la vida política.

Cuando este hombre también descubrió mi farsa, no sólo me dejó sino que me golpeó para que lo deje en paz; yo también lo demandé por robo y lesiones, pero como tantas demandas sin fundamento, perdí y me volví a quedar sola.

Mis hijos se regresaron con su padre, incluyendo la adoptada; nadie me hablaba o me cortaban la vuelta  o se burlaban hablando mal de mí en mi cara… Así llegué con la psicóloga y luego con un psiquiatra, para vivir medicada, entendí que soy bipolar, ninfomaniaca y que debo sanarme sola.

Tengo obesidad, luego de tantos hombres en mi vida me diagnosticaron VIH, me molesta rogar a los funcionarios que me ayuden para la medicina, aunque tampoco me atrevo a suicidarme. Amenacé tantas veces con hacerlo que ya a nadie le importa, ni me creen; es difícil vivir en una sociedad aparentando lo que no eres… y sobre todo sin conocerse a una misma. ¿Nací loca o me dañó la sociedad?, no lo sé, la única realidad es que ningún médico pudo ayudarme, que ni yo misma me soporto, que nunca pensé en el daño que ocasioné a tantas buenas personas. Ahora a mis 50 años parezco un fantasma, y mi única compañía es el alcohol.

 

Esta es una de varias historias reales que he logrado seleccionar, con nombres falsos para proteger a los personajes, van con la finalidad de un futuro mejor y una verdadera equidad de género. Gracias por el favor de su atención. Envíeme sus comentarios, e historias al correo electrónico.   infinito_1963@yahoo.com.mx

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