lunes , diciembre 9 2019
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Mujeres tejiendo su propia historia… Rebeca   

En justicia, por Mary Ortega Ruiz

Algunas mujeres, son enfermas y víctimas que buscan a un agresor o agredirse inconscientemente, son suicidas en determinado nivel psicológico y en este concepto, investigamos su despertar. Estas mujeres valientes aprendieron a amarse; ahora, remiendan los dolores de su corazón, con retazos de telas nuevas y narran su historia de guerreras victoriosas.

“Soy Rebeca y esta es la historia de mi vida” Por primera vez desperté en urgencias de un Hospital y no recordaba nada de lo que me había pasado, sólo que estaba festejando con mis amigas en la disco, cuando entró mi amiga me contó que caí convulsionando y hasta que me desmayé se dieron cuenta que estaba pasada de drogas…

Salimos urgencias con las recomendaciones de guardar reposo y tomar mucha agua, mi amiga me llevó a su casa, le dijo a su mami que me corrieron de mi casa por llegar tarde que me diera posada por lo menos una noche; pero me quedé seis meses.

Jamás sentí el abrazo de madre con mi mamá, en cambio con la mamá de mi amiga, me sentí en familia, amada, respetada y sobre todo sin reclamos, sin regaños y sin juzgarme, todo lo contrario de mi mamá que sólo me daba  regaños.

_ Tanto me jodía mi madre que llegué al grado de odiarla y entre más me prohibía salir más me le escapaba… Desde que tenía 14 años, mi madre lejos de comprenderme me exigía  más y me comparaba con mi hermanita, cosa que me hacía odiarla más y sólo por eso solo terminé la secundaria y me escapaba de la prepa hasta que me expulsaron, dejé la escuela creyendo que la más perjudicada era mi madre.

La mamá de mi amiga muy sabiamente me decía ¿Qué pasaría si un día no vas al antro? o cuéntame tu niñez, me imagino eras muy bonita y muy feliz… Cuando gustes me puedes contar lo que quieras, sólo así te podrás liberar de lo que te atormenta.

_ Yo le contestaba.- No recuerdo nada de mi niñez y lo que recuerdo lo olvido con alcohol y drogas… Esa señora me dejaba pensando con sus comentarios, pero no me atrevía a contarle todo, pero un buen día le dije: ¿Me puedes escuchar?

_Claro que sí, ven a mi recámara para que nadie nos moleste, dijo. Le confesé que mi familia acostumbraba celebrar los cumpleaños en casa, entre familia y amigos, algunos y entre ellos mi madre amanecían borrachos y no recordaban nada, pero a mí, desde los cuatro años de edad, mi tío, hermano de mi madre me tocaba mis partes íntimas y me daba dulces o lo que pidiera de la tienda, diciéndome que era juego secreto, a veces me lastimaba, pero me gustaba que me lleve de compras a la tienda, pues nadie me hacía caso cuando se reunían entre adultos.

Ese tío, siempre me llevaba regalos y decía que yo era su sobrina consentida, aunque solo me manoseaba cuando había fiesta, mientras todos estaban celebrando sin darse cuenta.

Un día cuando yo tenía 8 años me violó en mi recamara, me dijo que si decía algo me mataría, que era nuestro secreto y así quedó establecido, cada fiesta, él se aprovechaba de mí porque me hizo creer que me gustaba.

Dejé de jugar con muñecas y empecé a besar a los niños en la primaria, ellos me tenían miedo y algunos hasta me acusaban; entonces llamaban a mi mamá y ella decía que era imposible si éramos tan católicos y llegando a casa me pondría un fuerte castigo.

Así pasó la Primaria y yo, cada vez sentía más necesidad de tener novios, de fumar en exceso, luego alcoholizarme y luego las drogas.

Ya en la secundaria, si me encargué de ser la zorra de primer año y a mis 17 me escapaba para irme a la disco con mis amigas. Recuerdo que a veces no teníamos dinero y le pedía a los papás de mis amigas claro les mostraba mis tetas o dejaba que me agarren.

Cuando llegábamos a la disco, la mayoría de las veces había mesas reservadas para los capos de cárteles. Yo me las ingeniaba para intercambiar droga, por mis amigas, obvio, mesa con botella, cigarros y todo incluido.

Cuando no encontraba capos, me iba con el primer guapo que encontraba, algunas veces desperté en moteles sola, otras en la orilla de la carretera, otras veces me golpeaban diciendo que les había robado la cartera y así pasé años.

En mi casa seguían haciendo fiestas, pero yo me escapaba antes de que mi tío me violara, lo esquivaba y mi madre me reclamaba que porque odiaba a su hermano, que no sólo era una rebelde sino que además grosera, y yo prefería callar o irme antes de decirle la verdad.

 _La mamá de mi amiga lloró junto conmigo y me abrazó fuerte, me dijo: ¿quieres que pague lo que te hizo ese animal? _porque no es tu culpa hacer lo que haces, él fue el único que te fregó la vida…Le dije que no, que tenía miedo y me dijo entonces hablemos con tu madre para que no lo vuelva a recibir en su casa.

 Le dije que no, que mejor iría a un grupo de ayuda y a un psicólogo y empecé a pedirle dinero a mi mamá diciéndole que volvería a estudiar y regresaría a casa.

Cuándo mi madre se dio cuenta que estaba en tratamiento psicológico, me empezó a gritar que si estaba loca, que si no me daba cuenta que la avergonzaba con sus amistades, que debía cuidar la reputación de la familia y me hizo enojar tanto que le grité todo lo que me hizo su hermano mientras ella se emborrachaba, que su iglesia y sus cuidados no me ayudaron en nada.

Mi madre cayó infartada cuando escuchó lo que me hizo su hermano y me confesó que a ella también se lo hizo, por años, hasta que se casó con mi padre, que era un hermano malo, pero que guardara el secreto porque no iba a desprestigiar a la familia y menos denunciarlo… En ese momento me fui de esa casa.

Cambie de ciudad, empecé a trabajar y seguí con mis terapias, encontré personas buenas que me dieron cariño y de “Mamá buitre” como me decían mis amigas me volví una mujer solitaria en recuperación de mi sobriedad.

Con el tiempo me casé y tuve un hijo. Ahora sí soy libre y feliz. Entiendo que la sociedad tiene muchas máscaras y secretos ocultos, perdoné a mi madre y aunque no volví a visitarla, platico con mi hermana menor, a mi hermanita no le pasó nada gracias a que ella se pegó mucho a mi papá. Yo agradezco que logré salir de esa vida.

 

Esta es una de varias historias reales que a través de la vida he logrado recopilar, con nombres falsos para proteger a los personajes; van con la finalidad de un futuro mejor y una verdadera equidad de género. Gracias por el favor de su atención. Envíeme sus comentarios, e historias al correo electrónico.   infinito_1963@yahoo.com.mx

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