lunes , septiembre 20 2021
Home / Compartir / MIS OJOS VERDE AMARELLA

MIS OJOS VERDE AMARELLA

Alejandro Evaristo

Eduardo se despide. Besa los labios y acaricia el cabello. Suspira.

Su pareja sabe, intuye… responde. Es evidente el deseo que se profesan. ¿Amor? Quizá, pero aún no es momento para pronunciar las palabras. Lo saben, lo sienten y, paradójicamente, lo ignoran.

Eduardo le abraza. Se observa en sus ojos, se siente en su piel. Arde.

Verde amarella escribió en las hojas y la respuesta se confirmó más tarde. Luego del café vespertino y la partida acordada al bar. Después de las copas de fernet y las risas oportunas justo en el medio de las frases, los libros, las citas, los autores y todas las falsas vocalizaciones usadas para describir el espacio entre los labios y el deseo.

Llegado el momento y la habitación, Eduardo tiene el corazón encendido y lo demuestra al borde la cama, sobre la mesa, apoyado en vertical sosteniendo azulejos humeantes por la temperatura del agua y el calor provocado por los cuerpos en la ducha.

Como ayer y la noche anterior y su madruga odiada y maldita a lo indecible, detesta el momento. Odia la alarma del reloj inteligente. Aborrece ver abrir sus ojos y el movimiento de sus manos para acariciar su mejilla.

Odia –literalmente- esas tres palabras: “tengo que irme”.

Está atrapado en sus brazos desde la primera vez. Lo saben, lo demuestran, lo valoran, lo quieren, lo buscan, lo provocan.

Hay una espiral repetitiva, un Moebius perpetuo soportando el tacto sobre el cuerpo ajeno, disfrutando el ir y el regresar y volver otra vez al espacio donde todo inicia y termina.

Así son sus ojos, lo confirmó entonces y le encantó ahora. Verde amarella.

Despertó. Es más temprano que ayer.

Otra vez las lágrimas de Eduardo y sus manos vacías tratando de apresar lo inalcanzable por ajeno. Cada vez se recrimina por decirlo. La petición ha surgido desde el primer encuentro y la repuesta ha sido, es, la misma: “lo siento”.

Eduardo recargado en la cabecera –otra vez- observa y esa sensación de vacío y soledad le abrasan nuevamente. ¡Le odia tanto en este segundo!

  • ¡Pinche Miguel! ¡Quédate conmigo de una buena vez!

El aludido se ha incorporado. Ha terminado de vestirse. Ha cogido las llaves y colocado algunos billetes en la mesa. En este septiembre apesadumbrado es su turno de pagar la habitación que desde hace meses –muchos-, usan dos o tres veces por semana algunas horas.

  • Lo siento, debo volver con ella…

Termina de salir. La puerta se cierra provocando apenas un discreto y doloroso sonido.

En la cama hay un murmullo de lágrimas escapando silenciosas sobre las mejillas y su cada vez más evidente erosión.

Eduardo se observa al ser apenas alcanzado por la luz exterior, la luminaria de siempre ahí, burlándose.

En la mesa habilitada como buró hay una hoja de papel doblada. La alcanza, abre, lee y sonríe…

Siempre regresaré a ti… mis ojos verde amarella

About Alejandro Evaristo

Check Also

¿Crees que ser trans es una «tendencia»? Considere estas «maridas» del siglo XVIII

Artículo publicado originalmente en: https://www.theguardian.com/ escrito por Gabrielle Bellot

Deja un comentario