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Cuidados, crisis y pandemia

Por Daniela Silva Fuentes

Julio 2020, cruzamos por una pandemia que ha puesto en pausa diversas actividades y nos puso en perspectiva principal la necesidad del cuidado colectivo, pero, ¿qué tanto estamos consientes del cuidado de la otra, del otro, del otre? Si bien los lazos afectivos, vínculos y en general el compañerismo cercano se hizo más presente pero en cuanto pasó el tiempo se fue vislumbrando que esto no es suficiente, ni basta, ni es el principal foco de atención que nos llegó a manera de borrasca.

El cuidado colectivo con las personas que compartimos el mundo es lo que nos ha hecho prestar atención a nuestras maneras de conducirnos por la calle, de transitar por nuestros espacios, ciudades, edificios y hasta casas compartidas. La preocupación y el cuidado de la otra persona es algo latente que aún no se logra concretar, aún la división y la otredad está marcada ya sea por la raza, el género o la clase, aún corre por nuestros piensos y sentires que el sistema de castas continúa, que habemos ciudadanos de segunda, de tercera y claro, también estamos las mujeres, categoría que de igual manera está marcada por la raza, -este concepto de mujer que comúnmente conocemos, está moldeado desde una visión blanca, occidental y heterosexual- esta falta de empatía en la que en general nos vemos envueltas, supone una forma de descuido. Algo importante para recalcar, es que con esto no quiero apuntar a un discurso del “todos somos iguales porque todos somos humanos”, ni mucho menos, las desigualdades raciales, sociales, económicas existen y son parte de la estructura del “buen funcionamiento” del capitalismo.

Podemos apuntar a un concepto de salud en el que intervienen procesos que son determinados por distintos factores psicológicos, sociales, ambientales, políticos, etc., en el que el género, el sexo, la raza, la clase, tienen mucho que ver en el proceso en términos de bienestar.

La salud en tiempos de crisis y pandemia es fundamental, así como es fundamental tener acceso  ella, en donde los cuidados estén en el centro de cualquier vínculo u organización social, que nos permitan transitar espacios para nuestras experiencias y necesidades, sin embargo, esta crisis ha expuesto la latente fractura social que vivimos en todo el mundo, es decir, ahora se visibiliza (de cierta manera) la multidimensional de la pobreza, la precariedad y la falta de derechos básicos que la población sufre, pero en magnitudes más atemorizantes y preocupantes. Esto nos tiene que conducir a que el cuidado de la salud no puede continuar bajo el entendido que es un proceso individual, el cuidado de la salud es colectivo o no será y justo es lo que está sucediendo, simplemente no es.

Así se denota la necesidad de acompañamiento y atención a las y los compañeros que están padeciendo, ¿cuántas personas de la comunidad LGBTTTIQ+ y otras identidades se han visto expuestos durante esta pandemia? son infinidades, el acceso a la vivienda digna ha sido de los golpes más duros que hemos notado en cuanto a la comunidad de trabajadoras sexuales en esta crisis, sólo por nombrar alguna.

¿Y la gestión emocional?

Como siempre, en la mayoría de los casos el cuidado y la gestión emocional recae en las mujeres, el apoyo a las infancias, a las y los adultos mayores son responsabilidad por default de las mujeres y ¿a qué hora hay tiempo para el autocuidado? La corresponsabilidad de trabajar en colectivo para y con todos los aspectos que son necesarios cuidar, es imprescindible para sobrellevar sucesos como esta pandemia que atravesamos, el involucramiento y el compañerismo tiene que estar presente para no dejar caer todo el peso de la responsabilidad de la gestión, los cuidados, las atenciones a una sola persona.

De igual forma es prudente preguntarnos ¿qué está pasando con las neurodivergencias? también es necesario apelar a la visibilización de las personas con neurodivergencias, en donde en este momento han pasado a segundo término e importancia, siendo que, para este punto del confinamiento, ¿cuántos no hemos caído en la ansiedad y depresión?, qué ironía, por ello considero muy importante voltear a ver a las neurodivergencias en estos momentos (y en cualquiera).

Los procesos de salud siempre están fuera de los contextos sociales, el derecho a la salud es sinónimo de desigualdad social y desigualdad económica, es por esto que ahora más que nunca se debe poner en la mesa los cambios posibles o imposibles pero echados a andar para transformar estas dinámicas estructurales que permiten la desigualdad, ¿será que en este contexto de pandemia, de crisis, nos podemos obligar a defender nuestros derechos, a buscar otras formas de cuidados, otras formas de construir desde lo colectivo, de ver al otro que transita por el espacio compartido, tal vez no como un aliado pero sí como una persona consciente de que el cuidado personal repercute en el cuidado de las y los demás? Quién sabe, pero igual y empezamos a dar pasos desde abajo y por igual.

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