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Cuando el amor se confronta con la moral

Por Norma Celia Bautista Romero (norma@humanismo.mx)

La última semana del año nos trajo, en la Ciudad de México, un evento impensable en un famoso parque de diversiones y atracciones al sur de la ciudad, bajo el nombre de Six Flags. Mientras una pareja gay, en compañía de amigos, se encontraba haciendo fila para subirse a un juego, les hicieron una llamada de atención y también fueron amenazados por el personal de dicho parque de sacarlos del parque si continuaban con su actitud que estaba alterando el ambiente familiar. Su falta: besarse, al igual que se besaban otras parejas heterosexuales mientras esperaban en la misma fila. Vayamos entonces desmenuzando esta historia de discriminación evidente.

Para la real academia española besar significa “tocar u oprimir con un movimientos de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo.”[1] Mientras que un beso será la “acción y efecto de besar.”[2] Por amor, esta academia entiende que es: “ a) Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser; b) Sentimiento hacia otra persona que naturalmente (sic) nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos complementa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear; y c) Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.”[3]

Ahora bien, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha establecido que la existencia de un régimen jurídico diferenciado, así como su interpretación que permita dar lugar a una reducción de derechos a las parejas del mismo sexo con base en su orientación sexual refuerza la doctrina de “separados pero iguales”, es decir: “la exclusión está basada en los prejuicios que históricamente han existido contra los homosexuales y perpetúa la noción de que las parejas integradas por éstos son menos merecedoras de reconocimiento que las de heterosexuales, ofendiendo con ello su dignidad como personas y su integridad. Por ende, los modelos para el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, distanciándolas de otras figuras disponibles para heterosexuales, son inherentemente discriminatorios.”[4]

Aunado a lo anterior nuestro máximo tribunal ha dicho que nuestra Constitución “protege a la familia como realidad social, es decir, todas las formas y manifestaciones de familia que existen en la sociedad”[5], por tanto con este criterio se reconoce que la idea de familia tradicional ha quedado superada para entender que en nuestra actualidad, las familias son tan diversas, como la forma de su integración a partir de sus integrantes, por ende el concepto social de familia es dinámico y debe adaptarse a la realidad, no así a la moralidad de las personas.

Esto cobra relevancia, puesto que en el caso que nos ocupa, fueron los propios trabajadores y directivos del centro de recreación, quienes arguyendo un marco legal interno, en este caso el reglamento o las reglas de organización de Six Flags, justificaron su actuar bajo la consideración que besarse en un parque de diversiones, constituye una falta de respeto para los demás asistentes, atentan contra la moral y el ambiente familiar que se pretende fomentar en dicho centro, sin embargo esto únicamente esta prohibido cuando esa demostración de afecto no es heterosexual. Curiosa medida en un parque de diversiones que cuenta con un festival del terror que dentro de sus atracciones tiene presencia de seres sádicos, malignos, perversos y agresivos, que invitan “a los más valientes a sobrevivir” o zonas de espanto con asesinos, caníbales y soldados de guerra.

El amor, es el sentimiento más puro entre los seres vivos. Amar a una persona es que te importe y te preocupe, pero demostrar ese amor, es de las acciones más hermosas que deberíamos de celebrar en un mundo tan caótico como el que vivimos hoy día.

Empezamos nuestro tercer año de restricciones por un virus mundial, es momento de empezar a considerar las prioridades morales de espacios públicos que buscan diversión, pero que han olvidado que nuestra sociedad ha cambiado y va evolucionado, lo que obliga a crear sociedades diversas y respetuosas de todas las maneras de pensar y actuar, nuestro límite es el derecho del otro, por supuesto, pero nunca considerar que la norma esta por encima de la sociedad y que las reglas son inmodificables.

Este inicio de año, la rectificación del parque de diversiones después de un movimiento a través de redes sociales, un besotón y llamadas de atención de las dependencias de gobierno; nos hace darnos cuenta que en ocasiones es necesario mirarnos a nosotros mismos y cuestionarnos, poner en duda todo eso errado que nos han enseñado para ver la paz que un beso puede traernos; que cuestionemos si una demostración de amor debe frenarse, en un país donde la violencia no cesa, donde la polarización se ha profundizado y en donde ver el mundo de manera diferente es señalado y sancionado.

Al menos yo no quiero iniciar este año pensando que un beso y el amor, están muy por debajo de los valores sociales, y en cambio la moral institucional o personal arcaica e ilegal, predomina y atenta contra los derechos de las personas, por que eso estimados lectores, se posiciona como una medida retrograda en un país hipócrita que no respeta la pluralidad y precisamente eso es lo que buscamos combatir. En todo caso bienvenidos los besotones, si es que así entenderemos más al otro.

Para más información y comentarios relacionados con este artículo o para conocer las acciones y el trabajo que realizamos en Humanismo & Legalidad en favor de la población LGBTTTI, les invitamos a comunicarse al correo  contacto@humanismo.mx, o visitar nuestras redes sociales.

[1] Real academia española, Diccionario de la lengua española, disponible en: https://www.rae.es/

[2] Ídem.

[3] ídem

[4] Suprema Corte de Justicia de la Nación, Semanario Judicial de la Federación, Tesis P.X/2016 (10ª.), Libro 34, Septiembre de 2016, Tomo I, página 257, disponible en: https://sjf2.scjn.gob.mx/detalle/tesis/2012599

[5] Suprema Corte de Justicia de la Nación, Semanario Judicial de la Federación, Tesis 1ª./J. 85/2015 (10ª.), Libro 25, Diciembre de 2015, Tomo I, página 184, disponible en: https://sjf2.scjn.gob.mx/detalle/tesis/2010675

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