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“Vale la pena salir del clóset”

La historia de Alejandro

Alejandro nació en Monterrey, Nuevo León. Es el mayor de tres hermanos y, aunque no recuerda con exactitud años, fechas y detalles, sabe que una parte de su infancia la pasó en Estados Unidos y luego regresó a México, donde concluyó sus estudios de educación básica y continuó los subsecuentes grados.

Hijo de un padre de carácter fuerte y una madre que ocasionalmente es accesible, hace días reunió fuerzas para revelar su secreto, para salir del clóset, como dicen, aunque sus amigos y casi todos su familiares ya sabían porque él mismo les había contado, ahora llegaba el turno de hablar con su papá, de revelar su orientación.

Lo describe como un señor de edad avanzada y carácter frío la mayoría de las veces. Es cocinero y trabaja al otro lado de la frontera mexicana: “le dije directo y se lo tomó bien y tranquilo, me dijo que me apoyaba en todo”.

La historia no fue igual con su mamá: “se enteró cuando yo hablaba por teléfono, andaba de metiche y me dijo hasta de lo que me iba a morir… me gritó y me insultó”. No recuerda la discusión, pero sí lo sucedido después y el estado en el que cayó durante semanas: “terminé llorando y en depresión”. No se hablaron durante una semana. Después del enfrentamiento y pasados algunos días no volvieron a tocar el tema hasta que tiempo después ella llamó para disculparse.

Recuerda que la primera persona a quien reveló sus preferencias era su mejor amiga, una maestra de la escuela que le apoyaba mucho. Luego vino la oportunidad de comentarlo a sus amigos, primos y familiares. Todos lo tomaron con normalidad y le apoyaron.

Rechaza haber tenido conflictos en la escuela por sus preferencias: “me defendía y no me dejaba de nadie”, aunque no hubo necesidad de llegar a los golpes. En suma, “nunca tuve una mala experiencia”.

Recuerda que a los 16 años fue que se dio cuenta porque sentía atracción hacia los chavos y eso fue en tercero de secundaria. Lo reconoce, pero también asegura que es algo raro porque le llaman más la atención los hombres que las mujeres, aunque alguna vez puede sentir cierta atracción por alguna chava lesbiana. De hecho, Alejandro tuvo una novia alguna vez, pero eso fue antes de los 16 años, cuando se dio cuenta de que sentía un cierto grado de atracción hacia los hombres. La recuerda como una chica linda, buena onda, con quien salía al parque y se divertían discutiendo. Ya no tienen contacto.

A sus 22 años, con una carrera como técnico en gastronomía y de haberse revelado como el ser humano que es, dice sentirse feliz, más tranquilo y libre: “vale la pena salir del clóset, te liberas de una carga emocional y si te critican, toma la crítica de quien venga, así de sencillo”.

Imagina que estas en una habitación y hay una serie de armarios y closets donde hay personas escondidas, ¿qué les dirías? “Que salgan, que se liberen. Se sentirán mejor y relajados y verán diferente la vida”.

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