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¿Usar un taxi en Cuernavaca? Piénsalo dos veces

La historia de un asalto en la ciudad de la eterna primavera…

La noche del 3 de agosto, Alejandro llegó a Cuernavaca. Había viajado desde la Ciudad de México para visitar a sus padres y ya se encontraba en el sitio conocido como “Paloma de la Paz”, sobre Avenida Domingo Diez, donde pensó en pedir un servicio de taxi vía telefónica, pero desistió cuando supuso que tardaría demasiado y optó por abordar uno de sitio que esperaba en el lugar.

Luego de dar las indicaciones al chofer, arrancó y tomó una ruta que no era la más conveniente para llegar al destino señalado, lo cual le dio mala espina y marcó a sus padres para informarles que estaba en camino y que el conductor del taxi se percatara de que le estaban esperando. Luego de colgar, el conductor cambió abruptamente la dirección bajo el argumento de que por la pista era más rápido y comenzó a ir muy deprisa.

Recuerda que avanzaron por Paseo del conquistador y al llegar a la Av. Vicente Guerrero, Alejandro recuerda que el taxi dio vuelta en dirección a la autopista México-Cuernavaca en una calle en la que hay una curva que conecta con dicha vía. Pensó que se iba a incorporar a ella pero se detuvo y un sujeto abrió la puerta por la que él había ascendido.

“Esto es un asalto”, gritó el sujeto al tiempo que le asestaba un golpe en el ojo derecho. Alejandro llevaba consigo su teléfono móvil, tableta, computadora portátil, cámara fotográfica, discos duros, ropa y otras cosas.

El supuesto taxista se sumó a la agresión y empezó a golpearle en el rostro. El otro tipo ya había sacado un arma con la que primero le amenazó y luego le golpeó varias veces en la cabeza y en la cara. Le sacaron a rastras del vehículo y tirado en el suelo empezaron a patearlo. Amenazaron con dispararle. Revisaron los bolsillos de su pantalón y arrebataron su cartera. Lo continuaron golpeando, le rociaron gas pimienta. Lo patearon una última vez antes de abordar el taxi y huir

Alejandro perdía mucha sangre por la nariz y la boca. De alguna forma logró ponerse de pie y correr en la dirección contraria, hacia el cruce de Vicente Guerrero con Paseo del Conquistador. Pedía ayuda a gritos. En la confluencia de las citadas avenidas un auto se detuvo y sus tripulantes llamaron a una ambulancia y a la policía. Después le permitieron llamar a casa.

Pasaron 30 minutos y entonces llegaron sus padres, quienes lo llevaron a urgencias, donde fue atendido tres horas después. La ambulancia y la policía jamás aparecieron.

Tomaron radiografías del cráneo. Afortunadamente no hubo fracturas, pero la hemorragia demoró en detenerse. Le suturaron las heridas del rostro y después acudió a la agencia del Ministerio Público a presentar su denuncia. Tuvo que regresar luego para que certificaran las lesiones y se aplicará el peritaje fotográfico. El médico legista ni siquiera le tocó el cabello para hacer su “peritaje”.

Entiende la importancia de denunciar. Cuando él lo hizo se dio cuenta: la Fiscalía General del Estado de Morelos tiene ubicados a cientos de delincuentes, el problema es que a falta de denuncias no pueden proceder en contra de ellos.

Para advertir a otros, Alejandro detalló lo sucedido en sus redes sociales, donde recibió toda clase de comentarios, la mayor parte a favor. Incluso le han recomendado “no hacer más ruido porque le tendrían identificado”. Él exige justicia al gobierno del estado de Morelos y su titular, Graco Ramírez, así como al presidente municipal de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco.

Además, esta experiencia le ha permitido confirmar que si la gente no denuncia es por dos razones principales: la siempre presente sensación de que el sistema de justicia apoya más a los delincuentes que a las víctimas y el terriblemente engorroso proceso de presentar una denuncia. Sobre el primer punto dice que seguirá presionando para que la autoridad judicial no se haga de la vista gorda al menos consiga que sus agresores sean boletinados.

Y hay algo más. Resulta que la respuesta a la solicitud de los videos de las cámaras de vigilancia públicas y privadas en la zona toman entre 20 y 25 días hábiles.

Desde la noche de su agresión hasta la tarde este domingo, Alejandro ha debido regresar en al menos siete ocasiones porque los “servidores públicos” de la Procuraduría tienen mucha carga de trabajo y poco personal, lo  cual confirma lo que todos en este país sabemos sobre el sistema de justicia: es un asco.

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