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Una infinita variedad de sombras

Algunas sombras son amistosas y otras sensuales.

Hay grandes, cortas, fuertes e incluso de sabores, pero todas siguen siendo lo mismo, aun cuando disfracen su oscuridad y caminen junto a algunos sin exhibir su presencia o la vida que no es suya, lo cual no significa muerte. No. De ninguna manera.

Algunas son inquietas y otras anhelantes y las hay en diversos tonos, pero las más comunes tienen una extraña capacidad para mimetizarse y parecer solo el espejismo de algo o alguien cuya mayor atención está en el entorno inmediato, excepto en ellas.

Por eso se arrastran sin importar el tipo de superficie o el tamaño del elemento. Siempre están, siempre aparecen, siempre huyen y regresan para huir otra vez y regresar las veces necesarias para confundirnos.

En ellas habitan seres y personajes desconocidos porque tienen esa extraña capacidad de albergar sus propias sombras y es en ellas donde se construyen mantos de ciudades moribundas y leyendas nocturnas de temores infantiles.

No miento cuando digo que cada una es un universo y en estos se recrean, cíclicas, como el uróboros y su hambre infinita y el vaivén imposible.

Algunas toman la forma de hombres en escritorios viejos y mentones barbados, llenos de soberbia y de una autosuficiencia inestable por el primer sorbo de una copa y la falsa voluntad habida gracias al rastro de polvo blanco en las fosas nasales. Otras son simples, sin mayores desafíos y apenas alguna descripción barata del nombre y el lugar y el objetivo de quien la provoca.

Algunas son demasiado tímidas para el encuentro y por eso están atadas desde dentro: atrapadas en los seguros de puertas y ventanas esperando el momento preciso para huir a un mundo tan apropiado como expuesto y a la vez así, lejos.

Cuando no las llaman, se ocultan bajo las camas y los muebles de la sala o bajo la mesa en el comedor y hasta en el techo del pasillo. Otras llegan con el mar y todos los susurros y todos tus nombres de noche y día, pero son las menos.

Son silenciosas, tenaces y muy aburridas. Se alimentan de tiempo y a veces beben conmigo y se ocultan en mi boca. Otras solo aparecen.

La mayoría no sonríe y lo he constatado:las sensuales siempre esperan para llegar a ti…

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Artículo publicado originalmente en https://aulaintercultural.org

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