miércoles , agosto 22 2018
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Tratado sexual

 

Fue un atentado tenerte en mi sala esa noche, me bombardearon las vibraciones en las venas hasta que el corazón estalló. Era una guerra declarada de la cual era la culpable, no hicieron falta los chivos expiatorios, mis trincheras cruzaron tus muslos, tu pistola apuntó mi retaguardia y colapsó…

Así como leyeron, en esta vida cualquier espacio es propicio para escenificar una estratagema, aunque desarmar al enemigo no es una simplicidad en el sexo: es necesario elaborar una estrategia hábil y astuta para no solo ganar las batallas, sino la guerra completa.

En un mundo lleno de tierras minadas, donde todo parece competencia y persecución, el choque de cuerpos se convirtió en un campo de exterminio voraz y carnal, que deja el romanticismo de lado para personificar duelos, tríos, cuartetos u orgías completas, llenas de átomos pasionales donde las armas más letales se llaman orgasmos.

¿Por qué sí hacer la guerra y no el amor?

No cualquiera es digno del amor -tema que trataremos en otra ocasión– y quien lo es, sabe que este manjar debe o debería forzosamente ir acompañado de una guerra pasional, de un deseo descontrolado que debe terminar en la cama.

Si dos frentes luchan por algo, una buena causa es la calentura representada en sus diferentes estandartes: sexo de reconciliación, sexo para dejar de hablar, sexo de enojo, sexo de venganza, sexo con amigos, sexo homosexual, sexo con desconocidos, sexo en la calle, sexo de consolación…

Todos los anteriores cumplen la premisa de que el sexo es una lucha constante de emociones que en lugar de expresarse con palabras, lo hacen a través de la piel. Tener sexo con el enemigo es no apto para débiles ni moralistas que navegan bajo el estandarte del amor.

Y como en toda guerra se firman documentos, aquí el tratado del sexo con el enemigo:

 

Introducción

Los tratados del sexo enemigo y sus protocolos adicionales contienen las principales normas destinadas a liberar la barbarie sexual. Desprotegen a las personas que no participan en las orgías -civiles, casados, monjas, sacerdotes honestos, muggles, vírgenes…- y a los que ya no quieren continuar en la lucha de los combates sexuales.

Aplica especialmente para mujeres y hombres activos, sin importar preferencia sexual, ni edad y prioriza los derechos de las personas de la tercera edad que por nada detienen el tren del orgasmo y a las personas con discapacidad que no se dejan intimidar por sus padres.

  1. Al menos alguna vez en tu vida desearás a las mujer/hombre de tu prójimo, porque no limitas tus deseos sexuales ni aguerridos.
  2. Cualquier escenario sirve para el sexo con el enemigo, no habrá fronteras que limiten tu placer ni lenguas extranjeras que no entiendas.
  3. Podrás formar alianzas, ententes, pelotones, grupos de cuatro, tanques o bombas sexuales de tu preferencia. La única indeseable es la monogamia.
  4. Acepta todas las armas y no discrimines: fusiles, ametralladoras, pistolitas o navajas, de alto o bajo calibre, lo que importa es la puntería del francotirador y la profundidad de su bala.
  5. Pregunta antes de minar un campo. Difícilmente los bebés sobreviven a una guerra.
  6. Evita las palabras. Perro que ladra no muerde, si atacarás lo harás sin pronunciar palabra. Lanza tus bombas y recuerda que las únicas frases que valen en la guerra sexual son las sucias.
  7. Ninguna de tus estrategias será limpia. Habrá sudor, saliva, olores agradables o fuertes. Utilizarás comida, bebida y sustancias prohibidas. Todo en desorden.
  8. Por último y lo más importante: al final de un orgasmo, se consigue la paz.

 

 

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