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Tengo miedo, no quiero esperar a que me asesinen…

Lesbofobia en Monterrey

El tono de voz de Patricia del Carmen Miranda Ortiz al otro lado de la línea es tan claro que incluso es posible escuchar su coraje, su impotencia, su reclamo de justicia… y su miedo.

Empieza relatando los hechos del 17 de mayo, el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.

En su domicilio de Monterrey, Nuevo León, cuenta con un acceso especial para su esposa, quien enfrenta una serie de situaciones de salud que le impiden desenvolverse y moverse por sí misma, el más grave quizá es la enfermedad de Devic o neuromielitis óptica, la cual consiste en la inflamación secuencial y recurrente del nervio óptico y la médula espinal y normalmente causa ceguera, a ello hay que agregar severos daños en su sistema nervioso central. Por eso requiere una silla de ruedas y por eso es que Miranda Miranda, como todo mundo llama a Paty, está con ella las 24 horas del día.

En la fecha señalada pretendían salir de su domicilio para retirar dinero del cajero automático, pero uno de los tantos autos de sus vecinos estaba estacionado justo en su exclusivo y le impedía el paso. Cuando ella pidió al chofer de la camioneta que la moviera, recibió en respuesta una seña obscena y cuando se dirigió a encarar al sujeto, este movió el vehículo de tal forma que la golpeó y cayó y se dio tremendo sentón. Tanto el chofer como su acompañante se empezaron a burlar de ella. Ante tal situación y por temor a ser agredida ella entró a su domicilio para tomar algo con qué defenderse y a la mano tenía las herramientas que había usado momentos antes para arreglar su patio, un machete entre ellas. Movieron el vehículo apenas, sin apagar el motor y la intentaron atropellar en reversa una vez más. Los ánimos se encendieron, por supuesto, y hubo un intercambio de agresiones verbales. Uno de ellos grabó lo sucedido con su celular y subieron el video a las redes sociales llamando a los usuarios a deshacerse de “las machorras” e incitando a la violencia en contra de la pareja.

A grandes rasgos, eso sucedió.

El problema es que los conflictos vecinales se remontan a varios meses atrás y no es la primera vez que les ofenden y atacan. El problema es que el llamado en redes sociales ha surtido efecto y ya han sido objeto de señalamientos, agresiones verbales y físicas en diferentes espacios públicos. El problema es que al parecer sus vecinos tienen excelentes contactos dentro del cuestionable aparato de justicia neoleonés y mientras su denuncia de hechos fue solo radicada por lesiones dolosas y difamación, la de la contraparte, sus vecinos, lo fue por amenazas. El problema también es que intentó resolver las cosas mediante la llamada justicia alternativa para evitar que el conflicto escalara, pero cuando le dieron la cita y acudió a ella, la supuesta “mediadora” ya había “hablado” con la contraparte y ya habían alcanzado un acuerdo sin conocer el conflicto.

Es cierto, reconoce que en la región hay organizaciones LGBT+ pero sus conflictos internos han obstaculizado cerrar filas en apoyo de la pareja de pensionadas que, a la fecha, se siente descobijada, desprotegida y, lo peor, solas.

Paty sabe que están violando sus garantías y que la autoridad es parcial. No sabe ya a quién recurrir por ayuda y no quiere esperar a que la asesinen por ser “una lesbiana asquerosa”.

Dice que ahora tiene que salir muy temprano de casa y regresar muy tarde para evitar ataques y conflictos, lo cual, de ninguna manera, es vida.

Casi concluye la llamada y la voz de la mujer termina por quebrarse. Su fortaleza se debilita.

“Que nos estén agrediendo de esa manera, no se vale…”.

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