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Sueño, morbo y deseo…

Letras vibrantes para mayores de edad…

Desperté de madrugada, agitada, desubicada, totalmente excitada, aun con tu aroma impregnado en mí.

Abrí los ojos sólo para darme cuenta si era un sueño.

En él llegabas por mí una noche, íbamos a cenar y jugábamos por debajo de la mesa a intentar tocarnos, un juego cachondo del que los meseros ya se habían dado cuenta y que cuando me dispuse a ir al sanitario acaparé sus miradas de morbo; a ti te gustaba pues sabes que me desean y que la única persona que me tiene eres tú.

Salimos de ahí y en el coche, ya solos, sin miradas ajenas, nos besamos suave, busqué la bragueta de tu pantalón para descubrir que estabas erecto.

Lo bajé al mismo tiempo que mi boca buscaba llegar a tu miembro, lo sostuve con mi mano derecha y lo lamí de la punta hasta abajo y de regreso, lo mentí a mi boca succionando y moviendo mi lengua para una sensación especial, me tomaste del cabello para quitarme y poder besarme,  fue un beso intenso.

Sonreímos y decidimos que continuaríamos más tarde.

Me llevaste a una calle oscura, me dijiste que bailara, cada movimiento era para ti, para deleitarte, para calentarte, quería sentir en tu mirada el deseo por mí y así fue, querías besarme y no te dejé, querías desnudarme y tampoco fue así, solo quité mi ropa interior y te la di como premio, ¡estabas tan caliente!

Nos subimos al coche y te dije que era tarde, que teníamos que volver, con cara extraña me miraste y solo te abalanzaste sobre mí. Tomándome por la nuca me besaste al mismo tiempo que reclinabas el asiento, sin tiempo de pensarlo me vi con él sobre mí, desabrochando su pantalón y subiendo mi vestido, entró en mí haciendo que gimiera de deseo, me besaba tierno y me penetraba salvaje. ¡Lo estaba disfrutando tanto!

Dijiste ya no puedo más y sentí mis piernas temblar, nos hundimos en un orgasmo mutuo pero empecé a sentir un cuerpo frío y me llené de miedo, fue ahí donde desperté.

Traté de decir tu nombre, aun no sé si lo hice, pero espero que él no lo haya escuchado.

Me quedé quieta, respiré poquito y cerré los ojos, él solo me dio la espalda y continuó durmiendo. Me salvé –pensé-.

Cerré los ojos y abracé la almohada, poniéndola entre mis piernas y sintiendo tu aroma, quería sentirme acurrucada en tu pecho y volver a dormir con tu recuerdo.

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