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SOY BUGA… la columna de GustavoT

… y de qué sirve?

 C había respondido el beso en el último vagón del metro…

No obstante la intención para continuar la historia, lo ocurrido en las últimas semanas me hizo recordar el sismo de 1985. Al igual que yo, C era un puberto en ciernes. El dominio sobre personas de esa edad era el paternal; no obstante, la posibilidad de la ayuda no solo es instintivo, sino obligado. Hay muchas formas de hacerlo… incluso, y tal vez la mejor, el no estorbar.

De cualquier forma, acudes a aportar un poco de lo que está en tus posibilidades: latería, arroz, frijol, principalmente agua. Cualquier ayuda no es menos, pues poco a poco se suma el auxilio hacia quienes lo necesitan con mayor urgencia.

Y también el apoyo hacia quienes estábamos con la vulnerabilidad alimentaria y de agua, pues no hubo en días luz, teléfono ni agua, pues las tuberías se habían roto, así como las de gas, por lo que nos desalojaron de los domicilios en más de una ocasión.

No existe comparación con lo ocurrido, ya que no sólo la duración, intensidad y características fueron distintas, sino los alcances en términos de daños y cantidad de afectados. No quiero decir que no exista urgencia, porque con tan sólo una persona atrapada entre los escombros se necesita volcar ayuda para salvaguardarla.

En ambos casos, la población mexicana mostró su solidaridad y responsabilidad social hacia quienes lo necesitan. Se ha hablado y escrito mucho a ese respecto; sin embargo, la coyuntura es distinta, ya que la sociedad era diferente, porque la participación social era mucho menor, ante la crítica hacia la clase política, lo que ocurre aún, pero en ese período la gente era aún más apática.

A partir del 19 de septiembre de hace 32 años, los mexicanos mostraron cómo se debe trabajar en el auxilio de la población; cambió, aunque lento, la percepción de la realidad social y existe mayor participación en diferentes ámbitos de la vida. Es otro México el del siguiente siglo. Afortunadamente, los integrantes de esta sociedad saben más sobre sus derechos, aunque, hay que reconocer, no todos quieren aceptar sus obligaciones. Aún falta por obtener más cambios, lo cual se logrará con participación y presionar a quienes se dicen de la clase política a rendir cuentas.

Ejercicio interesante es hacer auditorías a quienes ejercen el poder y a quienes administran los bienes públicos. Aplicar la ley, solo eso, a quienes las infrinjan. Lamentable las redes de complicidad de un grupo compuesto por el líder de otros grupos. Todos en el interés y el ánimo de acumular riqueza, a costa de las mayorías. Asunto a tratarse en otro espacio, pero parte de lo mismo.

Seguramente las nuevas generaciones aprendieron, al escuchar de quienes vivieron lo ocurrido o se informaron, a través de documentos históricos. En verdad mucha ayuda. Lamentablemente, no fue igual en la Ciudad de México que en Puebla o en Morelos, cuando este último, registró un mayor número de víctimas.

Llamó mi atención en esta cantidad de aportación humanitaria la solicitud-reclamo de alguien que decía de la participación de las empresas. En un inicio me pareció acertado el comentario. Conocí de casos de empresas que aportó equipo, como Truper, hubo gasolineros que llegaron con Diesel, gente que fue a centros comerciales y salían con sus vehículos llenos de abarrotes. Otro caso de una tienda de Home Depot que, tras solicitar a sus superiores laborales, dio dos plantas de luz, agua, herramienta.

Sin embargo, almacenes comerciales (Comercial Mexicana, Wall Mart y otros), cobraban el estacionamiento y, dijo una persona, “ni un descuento” para quienes compraban víveres para donar.

-¿Y de qué sirve?, dijo C, en aquella ocasión que hacíamos remembranza. “Solo compramos y llevamos con gusto, con la intención de apoyar a quienes fueran los afectados. Sea por el interés de que cuando nos ocurra puedan ayudarnos o solo por el gusto de apoyar. Aunque están los comentarios, las historias, la creencia de que va a parar a otras manos. ¿De qué sirve?”, lamentó.

-Decía mi madre: ‘Haz el bien, sin mirar a quién’, respondí. Nuestra responsabilidad social es ayudar, solo por el gusto de ayudar. De eso sirve, de apoyar a quien lo necesita, dar de lo tuyo (no lo que te sobra), de tu tiempo, de tu dinero, de tu esfuerzo. Como ocurre en cualquier circunstancia histórica, siempre habrá quien se aproveche. Que ello no obste para ayudar a quienes salvan vidas, insistí.

Cada uno, de diferentes formas, hemos aportado en la coyuntura histórica que ha tocado vivir a cada quién.

Solo resta agradecer y continuar.

 

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