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¿Solo un (maldito) Grammy?

De esa portada oscura resalta la mirada triste de lo que parece ser un payaso, uno muy particular porque se trata ni más ni menos de él, EL cantante y EL dueño del negocio del entretenimiento en Estados Unidos ¡ni más ni menos! Era el final de la década de los 50 y Frank Sinatra demostró que los hombres, incluso los más conquistadores, sabían llorar por (des)amor.

Años atrás se había hecho fama de mujeriego y la mayoría de los hombres querían ser como él en su estilo y forma de ser; se había convertido en LA figura por antonomasia de la juventud y de los más conservadores de aquella época en la que la vida parecía llenarse de aspiraciones románticas, un binomio que se anteponía al pensamiento de cualquiera.

Sin embargo, luego de su separación de Ava Gardner (la misma que tuvo un affair con la mismísima Chabela Vargas, según un reciente documental), todo parecía redundar en un solo sentimiento: la tristeza. El momento de destrozo emocional, empero, sirvió para imprimir el más puro de los sonidos en una serie de discos conceptuales en la Capitol, disquera que vivió su mejor tiempo con Frank como artista estelar.

Para muchos, el mejor álbum de la carrera de Sinatra fue In the wee small hours of the morning, producción que vio la luz tres años antes a Only the Lonely, disco emblema de quienes disfrutamos del sentimentalismo bien plantado y con una orquesta llena de matices que van del negro al blanco, pasando por una gama incontable de grises (les presto la frasecita).

En sus espectáculos en vivo solía matizar ese lado vulnerable que en estudio afloraba y erizaba la piel, al llamar a One for my Baby, Did’n We o The Gal that Got Away como canciones de salón en la que la luz iluminaba al micrófono y al intérprete para crear esa atmósfera de intimidad que tanto gusta. Todas ellas tienen el común denominador de buscar un oyente, un escaparate a las penas sin buscar, tal vez, afinidad. Solo pide que lo escuchen.

Así se llama el tema inicial, igual que el disco, y advierte que lo que sigue es para corazones rotos, ideal para una caminata sin compañía, de esas que sirven para la introspección. Más tarde aconseja no dejar ir la persona amada si alguna vez se encuentra. De los arreglos ya ni hablamos, no por minimizarlos sino por el deleite que significan al oído y a los sentidos en general.

Angel eyes fue lo último que se escuchó en el concierto de despedida (que al final solo marcó una pausa); una balada que acepta la derrota ante los nuevos tiempos y semblantes. Discúlpeme, pero tengo que desaparecer. Todavía pide disculpas. Frank, querido, discúlpanos tú a nosotros por lo que sea, lo que tú nos quieras disculpar.

Con una composición de apenas cuatro estrofas, allá en al fondo sin color se oyen las primeras notas de It´s a Lonesome Old Town, a ritmo lento pero sin soltar nada en el justo momento, la gotita de limón en un herida gozosa de tener; una respiración bien estructurada para no ceder al llanto y un claro semblante de quien extraña a alguien más. Se asemeja a un profundo callejón sin salida.

¿Y qué pasa si el amor para siempre prometido no se concreta? Esa es la premisa de Goodbye,  una palabra tan simple y tan hiriente que, si sale entre suspiros, el dolor que se aproxima vendrá con una marca difícil de borrar. Deja que el amor se muera, ruega. Adiós. Adiós.

La versión tal vez, y solo tal vez, menos sensual de The Blues in the Night tal vez se encuentre en este trabajo. Luego de volverse un himno para Dinah Shore y ser parte imprescindible para los espectáculos de Liza Minnelli años después, Frank parece tomarse un respiro y en un arranque de patanería hacer gala de estar advertido, desde niño, de que solo era cuestión de tiempo para que una mujer le rompiera el corazón, y aún así estar dispuesto a la conquista.

Todo ello, claro, mereció un reconocimiento: un Grammy. Uno. Para la Academia de la Grabación de Estados Unidos todo ese derroche de sentimiento únicamente tuvo valor la portada en el que se veía a un Frank desolado y pintado de payaso, idea propia del cantante que, triste y atinadamente, ajustó el papel en el que quedó en la gala inaugural de la premiación.

 

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