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Si yo pudiera, te protegería de la tristeza de tus ojos

Elizabeth Cruz

“Si yo pudiera te protegería de la tristeza de tus ojos, afrontaría cada riesgo de las decisiones que tomaras, viviría lo que te  toca sufrir,  afrontaría cada peligro que se presentara en el camino de tu vida, resolvería todo lo que te implicara dolor, desilusión, fracaso, ¡pero no puedo!, porque tu vida no me pertenece; porque en algún momento yo no estaré para ti, porque en la vida cada quien tiene sus batallas por liberar, quitarte esas experiencias sería muy mezquino de mi parte, porque ellas te  construyen”. 

 

La vida cambia en un instante, es tan frágil la línea cuando tomas una decisión. La vida es  una constante toma de decisiones. ¿Quién te enseña a tomar decisiones? ¿Bajo qué criterios se debe tomar una “buena” decisión? Las creencias o paradigmas que aprendí ahora me estorban, son obsoletas para lo que hoy soy, para lo que tengo que compartir con el ser que más he amado.

En aquel momento de su vida, la vi tan frágil, llena de tristeza, provocada por una “mala” decisión y elección tomada por ella. Todo fue tan rápido, tan inesperado;  cuando me di cuenta ya estaba envuelta y seducida por un ser que no conocía, pero decía amarla y respetarla.

Recuerdo el día que  llegaron a casa para decirme:

– Mamá me voy a ir a vivir con él. Quiero vivir  esta experiencia y consolidar nuestra relación. Estaba paralizada, no sabía qué decir, qué hacer.

– Sra. amo a su hija y tenga la seguridad que hare todo para que sea feliz.

Lo único que pude decir fue – En memoria de tu padre, te pido que respetes a mi hija como tu padre respeto a tu madre. ¡Error!, nunca supe cómo fue la vida de esa familia.

Brincaba en mí, esa intuición que tienes como madre. ¡Él no por favor!, supongo que por eso evoque a su padre, al ser que más respetaba y había sido un  ejemplo en la vida de este joven. Eso fue mi placebo, veía la falacia de su vida, lo que él nos mostraba “apariencias”. Al final del camino ¿cuándo acabas de conocer a una persona? A veces ni uno mismo se conoce.

Hambrienta de la ilusión, para formar una familia como en los “cuentos” con un final feliz, salió de su casa siendo una mujer alegre, cuidadosa en su arreglo personal, con un diálogo abierto entre ella y yo, con esa chispa de niña que le hacían brillar sus ojos. Llena de vida.

Pensaba  tiene buenos principios, le debo de dar un voto de confianza para esa “decisión”,  recordaba los discursos que le señalaba cuando era adolescente  “vivir significa  enfrentar los retos que se te presenten con toda la entereza que tiene un ser consciente y responsable de sus actos. Siempre honra tu vida, no permitas que pisen tu dignidad. Sé tú, defiende tus ideas, comprométete contigo. Nadie tiene derecho a violentarte”. Creí que eran suficientes estas palabras, jamás le dije ÁMATE, lo que hace que sepas valorarte en la justa medida, es algo  valioso que debe tener un ser humano.

Como en una telenovela, pasaron los días, se fue alejando de mí, no me llamaba, las pocas veces que la veía estaba desarreglada, sin brillo en sus ojos, no había risas, su silencio gritaba me estoy rompiendo.- Recuerda que esta es tu casa puedes regresar cuando tú quieras- le dije. ¡Regresa por favor! era una súplica. Se fue, verla alejarse me desgarro, me dejaba  asustada, angustiada, impotente y con su tristeza.

Me asaltaban tantas preguntas ¿por qué él? ¿Qué te hizo ser una presa fácil? ¿Por qué no regresas? ¿Qué esperas? ¿Cuál es tu lucha? ¿Qué quieres demostrar? ¿Si te agrede, por qué no te sales de ahí?

Mi enojo crecía por su estúpida decisión, el reclamo no se hizo esperar, – me quitaste mi tranquilidad, no tengo por qué pagar por tu estúpida elección.

Quería tomarla y arrancarla de ese lugar, quitársela como él me la robo, pero tenía que respetar y esperar, en esa espera se consumía la integridad del ser que más amo.

Cuando fui al lugar en donde vivía, mi exclamación fue. ¿Tú viviendo aquí, en estas condiciones? ¿Por qué bajaste la calidad de vida que tenías? ¿Qué pasa? No hubo respuesta alguna. No hay lugar hermoso, cuando esta fincado en la violencia.

Me di cuenta que su expresión era la de una niña asustada por el castigo que iba a recibir, sus palabras eran de una mujer que encubre a “su hombre” por no hacerlo quedar mal o por evitar la vergüenza, su ánimo  se consumía,  lo único que le quedaba era su templanza para defender su integridad, en un absoluto silencio.

Notaba que su caída era lenta, dolorosa y destructiva; sólo se dejaba golpear por cada insulto, por cada grito, la violencia psicológica es tan sutil, no se nota el golpe, el insulto, la palabra, el atropello a su valía,  poco a poco se va rompiendo el caparazón que te envuelve y te da seguridad.  Él se alimentaba de ese miedo que en ella fue creciendo. Y cada vez eran más seguidos los episodios de la violencia.

Ser víctima de violencia psicología, deja cualquier tipo huellas imborrables, para todos los que están involucrados. Es difícil creer que el ser que más amas “permita” y viva esto.

La culpa me invadió, ¡qué mal ejemplo le di! Esa creencia que tenía “tome una decisión, la tengo que afrontar hasta el final, aunque se me vaya la vida en esto” eso le enseñe con mi ejemplo; y eso estaba haciendo, afrontar su responsabilidad, hasta la última consecuencias…

Tenía ganas de ir a golpear a la madre de este tipo, por haberle enseñado a conducirse así por la vida, destrozando, pisoteando la dignidad de cada mujer que pasaba por su vida. 

El ejemplo y las creencias que inculcamos a nuestros hijos determinan el cómo se conduzcan por la vida y  el impacto que tendrán con los seres con los cuales se relacionan. Solo me queda justificar “les dimos lo que teníamos en esos momentos.”

 Me decía:-No me han cortado mis alas, solo las tengo rotas, tengo que repararlas y volar.

Esperaba que ella estuviera lista para salir de ahí.  Acogerla y reconstruir juntas todo lo roto, por una  elección.

Lo vivido queda como un sello que marca el siguiente paso en la vida, la siguiente decisión. Ahora sé que una decisión debe de ser  tomada desde el amor que uno se tiene y ese amor  compasivo que te lleva al respeto de la integridad del ser mismo.

Hoy veo ese pasaje como un gran aprendizaje, donde se hace presente la compasión y el amor por nuestro ser.  

Regresó al centro de su ser, su casa. Desde ahí se reconstruye, rompiendo esas creencias que nos deterioran.

¿Es necesario vivir  experiencias de esa magnitud?, ¿para valorar todo lo que eres y tienes? o ¿para descubrirnos desde lo más profundo de nuestro ser, nuestra valía? O ¿poder amarnos, valorarnos, disfrutar; viendo la vida desde otro horizonte? O ¿simplemente para dejarte caer?

Estamos juntas de nuevo, reconstruyendo y aprendiendo. Ella con el tiempo ha vuelto a ser mejor que antes. Siempre llega una lucecita cuando crees que ya no tienes ningún cerillo para prender.

“Ponte alegre por el simple hecho de recordar quién eres tú. Mira y ve con el ojo de tu centro divino y conócete, para que veas a todos a través de lo que eres”.

 

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