martes , noviembre 19 2019
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Si no lo haces, ya no te voy a hablar…

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci


Increíble. Aún a mis 36 años escucho esas palabras. Pensaba que ya había salido de la primaria, pero al parecer, aún nos encontramos en esa etapa. Creo que a estas alturas del partido ya estamos un poco grandes para esas expresiones, pero puedo estar equivocado, no sería la primera vez…

Hace unos minutos, un “amigo” me pidió un favor, algo sencillo, que le diera un masaje de hombros. No hay problema, es algo que normalmente disfruto hacer. Hoy no tenía ganas de hacerlo porque ando particularmente cansado y mis propios hombros me andan doliendo, por lo tanto, le dije que quizá al rato. La respuesta que me dio es que va a dejar de hablarme porque a otros sí les hago el favor y a él no, ¡bah! Resulta que no solo tengo la obligación de aliviar sus dolores, sino que tampoco tengo permiso de hacérselo a otras personas.

Ese es el problema con hacer favores a la gente es que luego se convierten en tu trabajo y luego están esperando que siempre estés a su disposición para cubrir cada una de sus necesidades. Error. Yo no soy asistente ni ayudante de nadie. Está bien que me gusta cuidar de mis amigos, pero no me encuentro en “stand by” para ver a quién se le ocurre que necesita de mis servicios, en serio, ¿qué le pasa a la gente?

Y lo más chistoso de todo es que cuando le dices que no a la gente, espera que le des explicaciones de por qué te atreviste a negarle lo que obviamente tiene derecho a recibir. Yo no le doy explicaciones a nadie por ninguna razón. No siento que debo pedir disculpas por decir “no” a alguien. A veces no puedo y a veces no quiero y no tengo reservaciones con decir que no, que no quiero. No por eso debo pedirle disculpas a la gente. Estamos mal acostumbrados a sentir culpa por no querer hacer las cosas y la gente manipuladora usa eso como ventaja para obtener lo que quieren.

Lamentablemente conmigo se topan con pared. La manipulación barata no funciona y se frustran. Hasta me han dicho que los hago sentir mal. Pobrecitos, al parecer me voy a ir al infierno por estar haciendo sentir cosas negativas a la gente por no estar dispuesto a hacer esto y aquello. Y es que tenemos programado esa idea de que si no somos tan serviciales, que somos malas personas, gente maleducada. Y eso es un error grandísimo. No te hace mala persona el ser honesto contigo mismo y asertivo con la gente. El decirle que no a alguien no es faltarle al respeto, ¡para nada!

Cuando escucho que las personas dicen que no pueden decir que no se me hace curioso. Respeto la ideología de cada individuo, sin embargo, si te la pasas realizando actividades que ni te interesa hacer con tal de evitar dar una respuesta negativa a la gente, creo que ahí te estas causando problemas a ti mismo, a tu autoestima, a tu individualidad y a tu honestidad, ¿qué tipo de autoimagen tienes?

Mi parte favorita es la cara que hacen cuando les niego mis servicios. Primero es la sorpresa la que aparece, después viene el coraje, ¿cómo se atreve éste miserable mortal a no hacer lo que digo sin dudar? Seguido por lo que llamo la cara de “qué gacho”, en esta etapa hasta la voz les cambia, tiende a bajar, y es cuando te preguntan que si hablas en serio y luego usan frases como “yyyyyyy, te pasas, es que me urge, ááááándale, porfis”, etc., y al final llega la indiferencia a sus rostros, muchas veces seguida por un comentario despectivo como que alguien más (a veces, alguien que te cae mal) lo hace mejor y sin tanto rollo o “no te preocupes, yo lo resuelvo como pueda” (Casi veo la rosa blanca aparecer mientras el aire mueve mi escaso pelo entre coros angelicales mientras aprendo mi lección y le digo que sí).

Nop. Lo bueno que la vida real no funciona de esa manera. Y también es afortunado el hecho de que ese tipo de manipulación barata no sirve conmigo. Tomar mis decisiones personales no me hace mala persona, me hace mal esclavo. Y como dice la canción “Ya no estoy de oferta, estoy de pie y bien alerta, eso del cero a la izquierda no me vaaaaaaaaAAAAAAAAA…

Ya tuve mis años de arrastrado, donde le rogaba a la gente que fuera mi amiga, cuando hacía cualquier cosa con tal de que no se molestaran conmigo, donde mi carro era un taxi privado con tanque lleno para lo que ocuparan. Lo curioso es que cuando la gente obtiene lo que necesita, tu utilidad pasa a segundo plano y llega el tiempo de esperar a que ocupen otra cosa para que te busquen de nuevo. Mientras, estás en modo “disponible” por si se les ofrece.

Por suerte, entró gente en mi vida que me enseñó que un amigo no hace esas tonterías. Mis amigos nunca me hacen sentir mal por querer algo o no hacer ciertas cosas. Me piden las cosas, si les digo que no, me mandan a la fregada y lo hacen solos. Nadie se siente mal ni se intercambian chantajes emocionales. Es muy sencillo, me dice una amiga “voy a ir al cine, quiere ir conmigo” y le digo “no gracias, ella me responde “pues come churros” y se acabó la conversación. Así de sencillo. Nadie terminó en una depresión ni en el hospital psiquiátrico. Ambos comprendemos que tenemos derecho a hacer lo que queremos y que no siempre vamos a coincidir.

Esos son mis amigos, la gente que me comparte su vida, sus sueños, sus miedos y corajes. No la que amenaza en dejar de hablarme si no le sobo los hombros. Soy una persona muy amigable, pero si quieres llegar a dictar reglas a mi vida, sólo hay dos palabras para ti: bitch, bye! Y eso aplica para amigos, familia, conocidos, perros y gatos…

Dejemos de complicar las relaciones, mejor disfrutémonos los unos a los otros y vivamos la aventura.

Y ustedes, hermanos, hermanas, ¿qué piensan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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