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… senos que probé en incontables e insuficientes ocasiones…

Soy Buga, la columna de GustavoT

Caminé por un parque durante un rato. Traía en mi mano derecha un libro, una novela; en la izquierda, una libreta de apuntes con una pluma y el periódico. Guardé el celular en una bolsa del saco para no sentir su vibración ni saber si alguien me llamaba o buscaba. Necesitaba pensar.

Pasaban por mi pensamiento imágenes del encuentro que sostuve con A. Me ilusionó y llenó de vida. Quería llamarle para verla, para sentirla, olerla, saborearla, conversar… compartir. No quise importunar, porque desconocía de su vida y quise evitar ser bateado.

Me senté en una banca y vi pasar muchas personas. Mujeres igual o más guapas que ella con cuerpos excepcionales que vestían ropa deportiva y daban vueltas alrededor del verde espacio. Recordé a un compañero, un poco vulgar, pero agradable y con una forma cómica de explicarlo, apoyado con gesticulaciones y la actuación debida, quien me decía: “… parezco perro en carnicería”. Sonreí.

Decidí alejar mi pensamiento y abrí el periódico. La misma información de y desde el poder. Distintos aspectos de la política nacional. Me detuve en notas sobre el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, la Nueva Terminal, la posibilidad de detener la construcción o rehacerla en otro estado del país.

También, los intereses económicos creados, la forma en que pueden lograr que tierras muy baratas logren precios exorbitantes, como ocurrió en Santa Fe, tasado en cientos de miles de dólares pequeños espacios construidos en un lugar que, décadas atrás, fue un basurero, donde nadie quería vivir o la necesidad obligaba a las personas a construir casuchas de cartón y madera. Fueron desalojados a la mala.

Y lo más importante: el espacio ambiental. Recuerdo que en alguna inundación en la que me ordenaron cubrir, una persona de avanzada edad, originario de esa zona, me dijo: -… el agua tiene memoria. Los ríos que fueron desviados de su curso original regresarán a su cauce. Habrá mucho daño.

La zona del Aeropuerto fue una parte importante del lago de Texcoco. Todos lo sabemos. Tiene problemas en pistas, inundaciones, mantenimiento por aspectos del tipo de suelo… El NAICM, por la mejor tecnología que pueda aplicarse, va a sufrir el mismo problema. Y, al final, ocurrirá lo mismo de siempre: Pugnan por que se edifique en un sitio, tienen ganancias altísimas y el costo real (afectaciones, reconstrucción y mantenimiento), cargado al erario.

Y nadie, nadie, dice nada. Dejamos a la élite política y económica, hacer todo lo que quieran. Usa y desvía recursos en beneficio de los grupos de poder, sin que la población haga nada. Sólo los ven pasar con sus carísimos carros o camionetas o sus viajes plasmados en redes sociales. Sólo protestan en los espacios públicos, de convivencia, donde se genera la opinión pública y… ahí se queda.

Veamos la gasolina, que en 2012 costaba 9.82 pesos, en el 2018 subió a 20 pesos, en números redondeados. Y nadie hace nada. Apatía y temor. Cada quien sus asuntos. La ignorancia sobre el hecho de que la participación social cambia gobiernos. Desunidos. Así nos moldearon con los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE). Así somos: egoístas, incluso en el seno familiar.

Me alejé del pensamiento que muchos consideran negativo (ja, el cuestionar, razonar, lo hacen ver contrario… Una mujer con título universitario, pero poca formación, decía “antagonista” a quien se atreviera a analizar), cuando vi pasar unos pants color negro con verde fosforescente, y gorra, en cuya parte posterior salía una cola de cabello, que necesariamente se debía contemplar.

No sé cuánto tiempo pasó. Para consultar la hora, como casi todos hacemos, de manera involuntaria, a manera de reflejo y contrario a mi intención de no ver el teléfono móvil, vi un mensaje suyo y me pasó un cosquilleo en la boca del estómago:

-¿Vienes?, leí. Una orden a manera de pregunta. O una pregunta solo. Lo que fuera, la acataría. Necesitaba verla, sentirla, abrazarla, besarla, lamerla… Las cinco evocaciones pasaron por mi cabeza en imágenes:

Bastaba cerrar los ojos para oler su blanca y tersa piel, sus amplísimas y firmes nalgas que recorría una y otra vez, bajaba por muslos y piernas, para subir por su entrepierna, labios, pubis, planísimo vientre y llegar a las redondeces de sus erguidos y duros senos que probé en incontables e insuficientes ocasiones; subí por su cuello hasta llegar a la encarnada delgadez labial; sorbí sus ganas y dejé mi ser.

Tenía temor. Me hacía perder el control; mi voluntad (como la apatía social pensada), era casi nula. Tuve una erección. Mi corazón palpitaba y sentía el fluir agolpado de mi sangre. Entendí lo que era calentarse, lo que llaman horny en inglés, desde el interior. Y no se trataba de estar con cualquier mujer. Debía ser ella.

Sin que nadie se percatara. Igual, todo mundo anda en sus asuntos, sentí cómo el color de mi rostro disminuía paulatinamente. Mi pensamiento fue más claro. Encendí un cigarro y recordé que no cumplí mi objetivo:   Igual, no pensé en lo que debía pensar.

Luego de la excitación por un cuerpo acorde a mis gustos en dimensiones, olores, tocamientos y el sabor de la calidez y humedad, llegó la intranquilidad:

¿El intenso orgasmo me hizo imaginar? Estoy cierto que vi cómo se transformaba su rostro. Era tal el placer que disfrutamos –y padecí–  que me hace pensar en alucinaciones en ese período de tiempo-espacio que distrajo el momento:

Su rostro se hacía, por momentos, largos, su tez parecía verdosa en la oscuridad, sus cejas se alargaban y arqueaban, abría su boca que se ladeaba, sus cienes expulsaban sus venas, y sus ojos, antes de cerrarse en largos parpadeos, se tornaban casi blancos, su riquísimo olor invadía el espacio y se llenaba la atmósfera de mucha energía irradiada por ambos…

Vibró el teléfono y pensé que sería alguien más que interrumpía el disfrute oral de la succión de químicos. Decía el mensaje:

-También te pensé y te sentí. Tuve otro orgasmo. A tu salud. Gracias.

 

 

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