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Relájense, por favor

Esta vez me pondré serio porque ya vi Infinity War y temo que Thanos me convierta en polvo sin escribir algo más adultocontemporaneezco.

Lo que se suponía era un descanso de fin de semana resultó en un bombardeo de mentiras en la televisión, la radio y spots metidos a la fuerza en los videos de YouTube. Política, esa parafernalia que, aunque nos harte, nos mantiene pendientes. Más por morbo que por un análisis, las elecciones nos da para hablar, incluso de la manera más frívola como esta; subrayo que es una apreciación, no me jacto ni mucho menos de especialista, así que relájense.

Vaya, no es para menos la magnitud de lo que el proceso actual conlleva, pero es un insulto lo que se dice en los promocionales; si a ello le sumamos que en esta ocasión se renuevan las cámaras y la Presidencia, en cada estado hay propuestas locales de todo tipo. Ahora imagínense estar en un punto donde la señal abierta de los medios transmiten los comerciales de cada candidato, partido y coalición –DE HIDALGO, EL EDOMEX Y LA CIUDAD DE MÉXICO-. De pesadilla.

Llama mi atención cómo es que los partidos, en lo que se supone debería ser una lucha de perfiles, postulan a gente que no sabe comunicar una idea, una sola. No hay producción, no hay imagen, se ven inseguros de transmitir algo fundamental como la empatía. Decía un candidato de Encuentro Social querer generar políticas que regeneren los valores de la familia: los-va-lo-res-de-la-fa-mi-lia ¿Ese señor bonachón y bien intencionado dimensionará lo que dice?, ¿se referirá a la diversidad de familias o solo a la tradicional de papá, mamá, hijitos y mascota? Creo que no se debe hablar por hablar, ya no estamos para eso.

Frases como “en mi gobierno habrá cero tolerancia a la impunidad”, “quiero que vuelvas a caminar sin miedo por las calles”, “pondré en marcha un sistema de vigilancia en el transporte público” reflejan una gran mezquindad, no por el fondo sino por todas esas ilusiones que pueden desencadenar. Una vez más aludiendo a la ingenuidad de la poca gente que tiene esperanza en sus candidatos “porque son los representantes de sus comunidades”.

Ya ni qué decir de los independientes, que no por ser apartidistas les creemos sus buena fe. Las aguas tampoco están para soportar un “si la experiencia es robar, yo no tengo ese tipo de experiencia” más. Ahí está la candidata independiente por el gobierno de la Ciudad de México, Lorena Osornio, quien a todas leguas se ve que lo suyo es el presupuesto para sus actividades proselitistas. ¿Qué esperanza tendrá detrás de ese tartamudeo y nerviosismo al exponerse al ojo público como en el primer debate quedó claro?

Que alguien le explique a toda esta oleada de personajes que ya no son un fenómeno de arrastre con intenciones de esperanza social, y que le expliquen también a sus simpatizantes que no existe tal vocación de representación desde las altas esferas, porque ya traen un gen (o parecieran traerlo) un tanto perverso por meterse en esas cúpulas de poder y ambición.

Cada vez más lejana vemos la construcción de una democracia fuerte, porque no solo se trata de abrir espacios sino de dignificarlos con viabilidad y resultados. Allá va el dinero de nuestros impuestos, desintegrándose como si el cúmulo de partidos fuera Thanos (así grandote, imponente, indestructible y cinicón) y éste hubiera chasqueado sus dedos con nuestras esperanzas. Ya para esta hora esto no se considera como spoiler, así que, repito: relájense.

 

 

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