jueves , diciembre 13 2018
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Oda a la masturbación

Una vez que descubres la masturbación se vuelve tu mejor amiga ya que recuerdas tu primer orgasmo incluso más que la primera relación sexual. En mi caso, un osito de peluche que besaba mis senos me ayudó a contraer mis muslos y sentir la gloria en todo su esplendor.

Luego una bicicleta y mis primeras lecciones para usarla sin rueditas traseras, hicieron lo suyo, tuve mi segundo orgasmo sin siquiera saberlo y entonces, pedalear era mi juego favorito, aunque solo logré esa sensación un par de veces más, sin saber en lo más mínimo que mi clítoris estaba llegando al clímax, pero eso sí, las imágenes de mi persona quemándose en el infierno azotaban mi mente gracias a la educación religiosa que de morra recibí.

Gracias a Dios una crece (aunque las frases permanezcan en nuestro hablar diario), y descubres que usando tu dedito medio o el índice (o todos ya a estas alturas de la vida) puedes provocar en tu cuerpo maravillas de colores sin estar drogada.

De pronto, la masturbación se vuelve un hábito, un consolador, un refugio, el mejor remedio para conciliar el sueño… se vuelve el mejor de tus amantes, ese que no te embaraza, que no te llama a las 4 de la mañana ebrio.

Pero llega un momento de la vida en que estimular el clítoris no es suficiente y descubres el consolador, el vibrador y el porno, lo relatos eróticos y la imaginación que has guardado celosamente desde hace años, ahí donde nadie se mete contigo si quieres chupar un par de senos, hacerlo con tu jefe, ahí donde sueñas con los azotes de un negro, donde puedes echarte a la mejor amiga de tu novia, al papá de tu esposo.

Así hasta que encuentres las peores atrocidades o los más simples antojos. Más adelante, llegas a un momento de la vida en que hacerlo en la cama no es suficiente. Pruebas la regadora, donde el agua es un estimulante más, el baño de tu oficina, donde no puedes gritar, algún cuarto oscuro de una casa desconocida a la que fuiste por una reunión aburrida, algún hotel barato en el que te hospedas por viaje de placer o de trabajo. La arena de una de las mejores playas de Cancún o una casa de campaña con olor a bosque.

Así hasta que conoces una pareja que adora la masturbación mutua, que usa tu clítoris al ritmo de las mejores canciones de los Arctic Monkeys y justo cuando vas a llegar, para. Que te masturba con su lengua, con su pene, con su mano, que se masturba viéndote.

Entonces señores y señoras que gustan de este placer, tóquense, porque si no se hacen el amor ustedes, ¿cómo quieren que alguien más se los haga?

About María Fernanda Soto Aguilar

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