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No hay que rendirse a la primera…

Gloria es el rostro de la voluntad y determinación

Gloria se describe como una mujer de retos y competencias. Es una persona autónoma, valerosa, capaz de enfrentar cualquier situación. Y cómo no habría de serlo. La vida ha sido dura con ella y eso le ha permitido forjar un carácter  fuerte y a prueba de lo que sea.

Ella es activista y defensora de los derechos humanos de diferentes sectores, en especial de grupos vulnerables, aunque su principal interés está en el colectivo LGBT+ y, en lo particular, en la población trans, a la que pertenece, “debido a las necesidades surgidas en Guanajuato por la discriminación de que son objeto en diferentes sectores, especialmente gubernamentales”. El mejor ejemplo, dice sin tapujos, es la falta de facilidades para poder hacer los cambios de identidad de género.

“Soy una mujer trans y es un reto para mí poder derribar barreras”. No hay lugar a dudas.

El tono de su voz es fuerte, de esos que solo las personas acostumbradas a recibir de frente los problemas usan y lo confirma conforme avanza la entrevista.

Dice que su primera gran barrera fue su familia, quienes no aceptaban su condición: “sufrí violencia por parte de mis hermanos que de alguna manera me querían ‘curar’, sufrí mucha violencia por ser mujer trans”. Ellos le decían que no era normal, que debía acatar las disposiciones divinas y aceptarse como Dios la había enviado a este terrible plano terrenal “y se avergonzaban de mí, no soportaban ver a una persona como yo, les causaba pena y conflictos ante la sociedad y los vecinos por el qué dirán”.

El más reacio tal vez fue su hermano mayor, quien estaba empecinado en “curarla” y para ello se valía de la ventaja física. Los golpes llegaban a la menor provocación y ante cualquier acción tan normal como sentarse, caminar y hasta hablar. A él le molestaba mucho que Gloria expresara su identidad de género, le avergonzaba y por eso la golpeaba, para “curarla”.

Ella supo que algo no estaba bien con su cuerpo desde que tuvo uso de razón: “no era parecido al de mi hermana y yo me preguntaba por qué no era igual a ella, por qué no tengo la misma estructura corporal, por qué no tengo vulva. Me di cuenta que no era un niño y eso quería que viera mi familia también, pero ellos no comprendían”.

A los 17 años decidió poner punto y aparte a esa oración en su vida. Se cansó de aparentar algo que no era y se convirtió en mujer transgénero al terminar la preparatoria. Como ya mencionó, la primera barrera en su nueva vida fue su propia familia; la segunda, la sociedad: “me veían como persona rara, anormal, como persona loca, me decían que estaba mal porque mi anatomía y mi biología eran de varón y querían que fuera a terapia… caí en el psiquiátrico años después”.

Estudió la licenciatura en enfermería y esa fue una de las peores etapas de su vida y no por la carrera, que sabemos le apasiona, sino porque se enfrentó a la discriminación: “me impedían entrar al baño que me correspondía y querían que usara el baño de acuerdo con mis genitales”. Recuerda que había una coordinadora transfóbica que le hacía la vida imposible y se encargó de poner a sus compañeros en su contra en cuanta oportunidad tuvo: le obligaba a cortarse el cabello, a usar baños distintos a los de su identidad, a tener a la vista siempre el gafete que le identificaba con el nombre que le habían puesto sus papás al nacer. Fue un reto enorme, porque tenía que vivir una doble personalidad y una doble vida.

Hoy, a sus 24 años, reconoce que las cosas han cambiado. En su vida cotidiana ha sufrido violencia verbal, física y de otros tipos, pero la historia en lo familiar, lo laboral y lo personal es diferente.

Hoy su familia le apoya, le preguntan sobre sus cosas personales y proyectos, e incluso sobre su activismo. A nivel social no es distinto: “me he adaptado como una mujer que soy, hago mi servicio social no tengo conflictos, en el IMSS aceptan mi identidad como tal”. La relación con su hermano mayor ha mejorado un poco y lo mejor es la aceptación de su madre y su apoyo. También han llegado oportunidades laborales.

Ha enfrentado experiencias fuertes, como el acoso sexual en la calle y el transporte público, incluso intentos de abuso sexual, pero también buenos momentos, como cuando le entregaron sus documentos universitarios con su nombre real.

Gloria anima a otras personas trans a asumirse y visibilizarse, les hace ver que es un reto enorme y por eso “deben tener mucho valor, no hay que rendirse a la primera. Se requiere mucha voluntad y determinación… deben tener mucho valor y valentía para asumir lo que somos y cómo nos identificamos”.

 

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