domingo , agosto 19 2018
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No es la ropa

El villano  de la nueva película de Mazinger Z: infinity, Doctor Hell le dice a nuestro héroe de la infancia Koji Kabuto que la debilidad más acentuada de la humanidad es su diversidad, por lo que hombres y mujeres pelean entre sí y lo que lo hace querer transformar a la Tierra en otra dimensión.

Sin afán de spoilearles la película, tras verla me quedé pensando en este argumento válido para la destrucción masiva de nuestra raza, porque es cierto que nuestras diferencias nos han metido en muchos líos sociales que aún no logramos resolver.

Una de ellas es nuestra manera de concebir el sexo. Para unos países aún es un escándalo mostrar las piernas en público, mientras en otros lugares ya es válido coger en público.

En la película, también se puede ver cómo el mundo entero logra salvarse a la unión (y a la nueva transformación del Mazinger Z), lo cual me pareció inverosímil, ya que rara vez somos empáticos con los problemas de otros.

Y en lugar de unir fuerzas contra los políticos, por ejemplo, cada quien nos rascamos con nuestras propias uñas y si algo no nos pasa a nosotros, no nos incumbe.

Entonces no nos preocupa la legalización del aborto, hasta que nos violan, no nos preocupa la pederastia hasta que un hijo es víctima.

Tachamos al feminismo de exagerado hasta que casi abusan de nosotros en una fiesta.

Hace una semana, en un bar me enfiesté y me solté la rienda al puro estilo “Doctor siquiatra” de la Trevi. Ligué en el after y cogí a pesar de que llevara pants y una nada atractiva playera de Harry Potter que denota mi ñoñez interna.

Luego el ego masculino salió a flote: el wey que me ligó tenía un amigo. Bailé con ese tipejo antes de que todo ocurriera y como me cené a su compa se sintió con derecho de abusar de mí.

Les digo puro ego masculino. Ebria y como pude salí de ahí. Caminé aturdida en medio de la madrugada hasta que alguien fue por mi.

Y comprendí más que nunca la culpabilidad que una tiene tras toparse con el machismo de frente: no debí beber.

Ya que me calmé, dije que ni madres, yo no le abrí las piernas por mucho que ame el sexo. Ni él tenía derecho a intentar forzarme por mucho que estuviera vulnerable.

Nada les da derecho hombres. Por eso no es la ropa, llevaba un puto pants carajo. ¡Un pants!

Así que es cierto. La diversidad puede ser a los ojos de unos, la belleza global, pero para otros es un arma de doble filo que no saben usar, como aquellos que creen que pueden abusar de una mujer.

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