viernes , julio 10 2020
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Mujeres tejiendo su propia historia… Rita

En justicia, por Mary Ortega Ruiz

Algunas mujeres, son enfermas y víctimas que buscan a un agresor o agredirse inconscientemente, son suicidas en determinado nivel psicológico y con este concepto, investigamos su despertar.

Me llamo Rita. A mis 25 años ya había tenido sexo con unos 300 hombres o más, sin contar las mujeres… Tengo 50 años, llevo tres divorcios y 10 años casada con un hombre que me aguanta todo, no sé si me tiene miedo o es muy tonto.

Soy hija única de padres divorciados, a mis 6 años descubrí a mi padre teniendo sexo con mi padrino; corrí a contarle a mi madre lo que vi y me pegó una golpiza para que me callé, porque no debía andar de chismosa.

Hasta que tenía 14 años entendí el por qué, mi padre vivía con su compadre y se divorció de mi madre…

Crecí con la nana porque mi madre siempre andaba en sus reuniones sociales pero después de divorciada, un buen día metió a la casa a un tipo como marido; era un joven morboso, que cada vez que podía me tocaba demás, incluso intentó violarme, me fui a la casa de mi padre y entendí que era gay pero me quería y su pareja era el esposo perfecto para él.

Cómo me daba asco vivir con ellos, me fui con el primer hombre que me ofreció casa a los 15 años y tuve una hija prematura de seis meses de embarazo, después de una paliza que me dio mi marido por no llegar a dormir.

Me rompió la nariz y gracias a que mi madre cuidó a la bebita se logró salvar, y obvio me hicieron cirugía y a vivir de nuevo con mi madre, quien se quedó con mi hija, porque yo preferí la fiesta, me volví alcohólica, fumaba mucho, me drogaba y buscaba hombres y mujeres para pasar la noche.

Mi primer marido se fue a la cárcel y yo me enamoré de un vendedor de drogas, al principio me trataba bien pero al ver que perdía las ganancias por consumir demasiado, me metió a vender en los antros y hacer amigas para que fuera discreta la venta.

 A veces me obligaba a acostarme con los narcos porque no tenía para pagar; en una de esas me embaracé, entonces mi nuevo marido me pegaba en la panza para que aborte, pero no lo logró y a los 7 meses de embarazo, me hicieron cesárea, está vez mi suegra me lo quitó porque decía que no permitiría que su nieto crezca conmigo.

A mí no me importaba, porque sabía que los niños estarían mejor cuidados que conmigo y los podía visitar, pero ese fue mi peor error porque yo amaba tanto a mi pareja que era capaz de todo por él, sin embargo él sólo me daba droga, golpizas o me vendía como si fuera mi padrote, por último me dejó y se juntó con una chavita de 16 años.

Quedé muy deprimida y mi madre me metió a rehabilitación; entabló la demanda de custodia para quedarse con sus dos nietos, pero mis ex suegros, no solo no le dieron a mi hijo sino que me prohibieron verlo y le dijeron que su madre estaba muerta.

Eso me dolió más, que cuando insistí volver con mi ex pareja a pesar que tenía otra, él lejos de volver conmigo, estuvo a punto de matarme con una navaja, tuve suerte porque sus vecinos me rescataron y me llevaron al hospital.

Fue entonces que entendí que no podía seguir en esa vida tan destructiva y me calmé, me quedé con mi madre y empecé a conocer y querer a mi hijita; de pronto me dio por trabajar de empleada vendiendo celulares y ahí conocí a mi tercer marido, pero este si se casó conmigo y me trata como reina.

Como no lo quiero, lo golpeo cuando estoy enojada, me voy a las fiestas sola, tengo los amantes que me da la gana; él se hace cómo que no sabe para no pelear y para que no sepa nadie que lo golpeo…Sin embargo sabe que tengo VIH y puede estar contagiado, no sólo me atiende con el tratamiento sino que nunca va al médico por temor de que le digan que él es el portador.

Me molesta por ser tan tonto pero tiene negocios y se la pasa trabajando para pagar mis lujos, sabe que si se le ocurre buscar otra lo mato… así lo tengo controlado. Por supuesto que no sabe mi pasado y sigue creyendo que no puedo tener hijos.

Pero un día llegó a casa un abogado con los papeles de divorcio, señalando que mi esposo se fue al extranjero y nunca más volvería a saber de él.

Me dejó todo la casa, negocios, casa y una pensión a pesar de no tener hijos conmigo. Esto hace que yo viva drogada o alcoholizada todos los días para olvidar mi dolor.

A veces me dan unas ganas terribles de suicidarme, pero me gusta tanto la fiesta que prefiero perderme en el alcohol, la droga y las relaciones furtivas… Además de seguir infectando a cuanto acepta una relación sin compromiso, pues ya alcoholizados no les importan las enfermedades de trasmisión sexual.

Lo único bueno en mi vida es que mis hijos crecieron con sus abuelos y yo sigo portándome como una adolescente, ya no tengo un marido tonto que me pagaba todo. Quizás algún día me arrepienta pero le gustaba que lo maltrate.

Estoy consciente del daño que me hago pero… ¿Quién me pagará el daño que me ha causado la vida? Me pregunto si no hubiera descubierto que mi padre es gay, o si no se hubieran divorciado, quizás yo sería diferente…Pero la vida me enseñó que el que busca encuentra…

 

__ Esta es una de varias historias reales que he logrado recopilar, con nombres falsos para proteger a los personajes, van con la finalidad de lograr concientizar a la sociedad y una verdadera equidad de género. Gracias por el favor de su atención. Envíeme sus comentarios, denuncias, quejas y aclaraciones al correo electrónico infinito_1963@yahoo.com.mx

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