martes , noviembre 13 2018
Home / Soy buga / … Mordisqueó mi labio inferior y me penetró con su lengua…

… Mordisqueó mi labio inferior y me penetró con su lengua…

Soy Buga, la columna de GustavoT

Tomaba un café con V, persona a quien conocí poco tiempo hace. Desde que la vi, me pareció una mujer guapa. De mediana estatura, tez blanca, cabello largo, arriba de la media espalda, boca delgada, armoniosa con su nariz casi recta y sus ojos pequeños (me gustan los ojos grandes; da personalidad a las féminas), ceja arqueada.

No sé si me gustó, lo que sí es que me agrada estar cerca de ella, conversar, aunque establece una línea indefinida, de acuerdo a su estado de ánimo, condicionado a su circunstancia físico-emocional, y, evidentemente, no me he acercado más de lo que me permite. En ocasiones más, otras… más que menos.

Su cuerpo no es el más sensual o con acentuadas curvaturas como los de M o A o la otra M o L o…, no obstante los años de ejercicio que hizo (ya no, debido a una lesión), pero me parece atractivo.

Es del tipo de mujer con la que primero quieres conversar y luego, sexo; conversar y más sexo; conversar y bromear (me gusta su risa) y después, más sexo… Se trata de escucharla, porque su forma te provoca. Es tener sexo con su esencia, con su cuerpo, con su mirada, con su risa, con su palabra, con su respiración, con sus torneadas piernas, amplias caderas y redondas nalgas.

Conozco apenas algunas de sus aficiones esféricas, gustos felinos y actividades cibernéticas. Lamentablemente, mi cotidianidad me impide acercarme más, aunque cuando me es posible, la observo; sabe que lo hago. Me agrada su discreción.

Después de algunas salidas, agradables, pero sin trascendencia, aceptó tomar un café. Fuimos una noche a un espacio público, con salas de cine, restaurantes y cafeterías. Nos dispusimos en una mesa situada, con otras, a la mitad del corredor en el que confluyen los caminos, justo por donde pasan los asistentes a cualquiera de esos destinos.

A la mesa contigua llegó una pareja de, como dicen algunos uniformados, dos femeninas; se le sumaron minutos después el mismo número de masculinos. Me pareció, por lo que aprendí con mi C, que eran pareja, respectivamente.

Me sorprendieron los silencios que hubo en el ansiado encuentro con V; incluso, me percaté que ponía atención a la charla ajena. Estuve a punto de pedirle a los chavales que nos abrieran un espacio para dilucidar en dos temas, fundamentalísimos para ellos: la posibilidad de otorgar el voto a alguno de los candidatos a dirigir nuestro país y adoptar.

-Lo que quiero –dijo una de ellas–  es un cambio, pero ninguno me da confianza. Se centran en la descalificación de uno y otro, no son claros en sus propuestas. Me he esforzado en ver los llamados debates, pero les falta seriedad. Es cierto, aunque no esté de acuerdo, con Joseph Marie Maistre, político y partidario del pensamiento contrarrevolucionario: Cada pueblo tiene el gobierno que merece.

Noche de sorpresas. Me asombró la cita, ya que sus afirmaciones tenían un sustento teórico, con conocimiento práctico. Además, coincidí en parte, pues esa cita, que yo la relacioné –porque me siguió desde que la escuché en la escuela, y luego leí– con André Malraux, político y escritor: No es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen… palabras más o menos.

Me agrada conversar con personas que tienen argumentos; de éstos, prefiero las personas mayores, de quienes he aprendido mucho.

El asunto es que se fueron por posibilidades. El primero, con experiencia en altos cargos públicos, parte de la considerada alta burocracia; tiene preparación, pero es parte de los mismos grupos de poder; lo mismo de hace décadas. El segundo, de mediana edad, pero impresentable y no ofrece confianza. Traicionó a quien lo apoyó y se le acusa de lavado de dinero, con su familia en Estados Unidos: lo que menos le interesa es la gente; es sólo por él; busca el poder por él y para él, con proyecto de país distinto al interés de las personas.

Igual que mi acompañante, con quien intercambiaba miradas, estaba interesado en la conclusión del tema. Le interrumpió uno de los masculinos, a manera de coincidencia:

-El otro, pu’s ya es mayor y tampoco creo que sea mejor. Se dice de sus hijos, de la gente que forma su equipo, con pasado turbio… ¿Por qué ha convencido a tantos?; incluso, del norte del país, porque pareciera que va a ganar. ¿Habrá que darle una oportunidad? ¿Será que…

Se interrumpió la conversación cuando llegó a su mesa el pedido: cuatro cafés con imágenes en la espuma y pan con demasiada azúcar, por dentro y por fuera. Luego, el otro tema.

De vez en vez, me acercaba al oído de mi guapa interlocutora para hacerle comentarios. Me respondía de la misma manera. Llegué a sentir el movimiento de sus labios en mi lóbulo izquierdo. Importantísimo el olor… no solo del café.

-¿Tomaron ya la decisión?, preguntó una de las femeninas a los dos masculinos; pensé que se trataba de su cena, y me dispuse a iniciar conversación en mi mesa, pero la respuesta me obligó no sólo a voltear, sino a estar tentado a acercar mi silla a su mesa:

-Sí. Vamos a adoptar, dijo de manera firme uno de ellos. El rostro de ambas pasó de extrañeza a esperanza y ternura. –Me emociona que lo hagan. Nosotros no hemos tomado la decisión. Creemos que es un asunto delicado, porque es tener la responsabilidad de criar un ser, pero los aspectos sociales de que tenga dos mamás; en su caso, dos papás…

Imperó el silencio. Me esforcé de sobremanera para no entrometerme; tenía ganas decirles que lo hicieran ellas también, que la paternidad va más allá de un asunto biológico y tiene más que ver con el educar y formar a una persona, que hace falta que la organización básica de la sociedad sea fortalecida y la familia tradicional también ha cambiado, que asumieran una responsabilidad y formaran una familia que incorporara valores y elementos que la rodean, para el crecimiento sano de un individuo perteneciente a un núcleo social.

Presumo que mi acompañante se dio cuenta de mis intenciones, porque me tomó de la mano cuando me incorporaba y me dirigía hacia ellos, quienes ni cuenta se dieron de lo que pretendía; me jaló hacia ella, por lo que perdí el equilibrio; al tratar de asirme a algo, pude posar mi mano en su silla: quedé a centímetros de su mirada.

No me percaté cuando se fueron, porque sentí el roce de su boca en mi labio superior y mi bigote. Paseó pequeños besos por la misma zona, mientras no pude hacer más que continuar con los ojos cerrados e imaginar sus delgados labios en mí.

Mordisqueó mi labio inferior y me penetró con su lengua, la cual encontró todos los espacios en mi interior. Respondí con la delicadeza del viento que nos acariciaba a ambos.

Rompí con el mundo exterior para dejarme llevar instantes más. Permití a mi cuerpo el recorrido del sentimiento placentero e interrumpí la delicadeza del momento, cuando mi naturaleza vulgar me obligó a recorrer su cuello con mi mano e introducirla entre la tela de su blusa y posarla en su seno derecho.

 

About GustavoT

Check Also

Mujer fuerte: se puede llorar, gritar… tirar la toalla de vez en cuando

En la intimidad con Lotta

Deja un comentario