miércoles , junio 3 2020
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Mientras abrazo tu respirar…

Allá afuera hay una luna llena hermosa y el interior, este interior, lo sabe.

Por momentos dejo lo que hago y la busco, le observo, le hablo con nostalgia desde las tierras hoy habitadas y antes enriquecidas.

El alma despreciada. Las frases.

Evitar, recordar u olvidar. ¿Qué importa el verbo? Ella sí está, también inalcanzable, silenciosa. Brillante. Si pudiese sonreír podría apostar mi resto a la similitud de los rasgos con el satélite, pero seguro perdería: no eres tú.

Al fondo, una pieza musical magistralmente interpretada por Sheena Mchugh y entonces recuerdo la imposibilidad de seguir.

Los ojos sobre ti, tal como los latidos restantes y los imaginarios provocados cada mañana después de los buenos deseos.

Así. Fe, café y amor… aunque solo dudo de uno porque la bebida y el latir están ahí desde el primer encuentro. Un siglo que no es el nuestro y un territorio inalcanzable, al menos por el momento.

Hay playas de arena negra y rocas. Al este, más allá del mar, las villas, la comarca y los caminos de abetos y robles y cipreses.

Deseo tu deseo, avanzo sobre tus pasos a tientas y no sé aún si podrás darnos la oportunidad.

Es cierto. Ayeres de sangre seca se han acumulado en la piel. Algunas han sido retiradas y otras permanecen dando vida a cicatrices inocultables, presentes y dolorosas.

Lo sabemos: es tu historia, es la mía. Son todos los pasados de un destino incierto hasta entonces.

Los fiordos.

De alguna forma lo sé: Ostmarka era hogar.

Quizá por eso la nostalgia. Desde el ventanal de madera en la cabaña podíamos apreciar la belleza de valles y montañas, pero siempre hicimos nuestro el Hengeberget, cerca del Lutvann.

Recuerda.

Del cuello a la entrepierna y el lunar contigo siempre entonces.

Conozco las pausas y las exigencias, los caminos, las rutas. Los recovecos de labios apenas cerrados y la calidez renaciente de este pasado.

También quizá por ello son las únicas flores hermosas: tulipanes en medio de la nieve floreciendo. El colorido contraste de la piel cubierta y el rostro beligerante por la audacia de ignorar el llamado.

El bunad volaba para alcanzarme y tu voz con él y tu cuerpo eternamente mío ahí, susurrando mentiras a nuestras flores negras mientras caías y mi risa en eco llegaba desde todos los rincones a ti.

Siempre en mayo. Siempre molesta. Siempre amada.

Igual es solo imaginación, pero te veo. Te recuerdo. Te siento y vivo otra vez.

Hoy estás lejos, a un tramo del brazo destruido. Al alcance.

Sabemos del proceso y el luto. Lo vivimos, lo asimilamos, lo retamos a destruir estas eras y generaciones y tú mirando la luna y yo observándote desde la oscuridad del olvido.

No importó antes y no representa nada el eclipse hoy porque hemos vuelto y estamos, seguimos… deseamos.

Regresaremos a casa.

Siempre a nuestro tramo de edén y las nieves del norte y todas las luces del cielo en nuestro invierno, mientras abrazo tu respirar cuando la luna llena nos recuerda y lleva y regresa con una complicidad apenas tangible.

Tengo mis ojos en ti… eres todo lo que veo…

About Alejandro Evaristo

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Artículo publicado originalmente en: https://www.nytimes.com/ escrito por  Neil Genzlinger

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