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Mi perfecta armadura

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

Mi armadura es maravillosa. Casi casi puedo decir que es de oro. Es hermosa, poderosa e impenetrable. Me ayuda a sobrevivir esas situaciones difíciles donde mi propia vulnerabilidad amenaza con destruirme. Le da un brillo a mi alma que al parecer por sí sola no logra. Con ella me siento invencible, como gano cada juego en el que participo. Con ella puedo conquistar mundos completos, no solamente el mío…

Lo curioso de las armaduras, las corazas y todas las formas de protección que desarrollamos a través de los años y las experiencias es que son un arma de doble filo. Pueden protegerte de los peligros externos de una manera maravillosa, pero en muchas ocasiones sucede que por tener esa imagen de invulnerabilidad, tendemos a creer que en realidad lo somos y que nada nos puede lastimar, tornando así nuestro corazón y nuestra apariencia en una piedra. Y las piedras no sienten.

El problema es que no somos piedras, somos seres humanos, y sentimos. Por más indestructibles que queramos parecer, tenemos nuestros puntos débiles como cualquier otro. Lo siento, pero es la verdad. Muchas veces quise hacerme el fuerte y esconder mis emociones, solo para ser recordado de forma violenta que mis emociones van a salir, quiera o no.

¿Por qué sentimos la necesidad de protegernos tanto? ¿Acaso hay algo que queremos esconder? No creo que sea el caso. Es como la ropa que usamos. Sin ella, nos arriesgamos a enfermarnos por estarnos exponiendo al frío. En la mañana cuando salgo a trabajar siempre traigo suéter y chamarra, a veces hasta dos con tal de protegerme del clima inconsistente de Tijuana. Creo que moriría de una neumonía industrial si no lo hiciera. De la misma manera hacemos esas corazas que nos ayudan a proteger nuestros sentimientos. A ese niño pequeño y asustado que muchas veces tenemos dentro.

Por eso mismo me identifico con la tortuga. Es un animal que no se mete con nadie, siempre anda avanzando y buscando lo mejor para sí misma, es duro por fuera pero vulnerable por dentro. Me describe a la perfección. No quiere decir que me siento débil ni mucho menos, simplemente que por más que lo quiero ocultar, no dejo de ser un ser humano con miedos, inseguridades y fuerzas.

Lo que pasa es que por ser psicólogo la gente espera un nivel inalcanzable de perfección. Me dicen que no debo tener emociones, que no debería enojarme cuando las cosas no me salen como quiero o cuando me hacen algo que no me guste. Hay que aclarar de una vez que ser asertivo y expresar lo que sientes no te hace malo. Una cosa es decir lo que sientes y otra es hacer menos a otras personas. Está bien, a veces me sale lo bestia y soy imprudente, pero nadie es perfecto. Por algo soy Mostro.

Igual y me paso buscando la manera de siempre ser la mejor versión de mí. Quiero aprender cosas nuevas y siempre tener la mente abierta a una buena crítica constructiva. Quisiera poder aceptar un halago sin que sea algo incómodo, es más, quisiera que me pudieran cantar las mañanitas sin que me sienta completamente incómodo. Nunca sé qué hacer, si cantar, aplaudir o sonreír como idiota hasta que terminen. A veces ni hacer una broma es buena idea porque nunca falta quién se ofenda porque ya estamos en los tiempos donde todo ofende, ¡PffT!

Definitivamente, así como hay personas que desarrollan corazas gigantescas, parece que hay otros que parecen hechos de cristal. No tienen defensa alguna contra el mundo y su crueldad y parece que si les soplas se van a deshacer. Son personas que todo les parece mal y que nada les gusta y muchas veces no tienen reservas con decírtelo, o peor aún, se “sienten” contigo y tú nunca te enteras porque, como no les gusta confrontar a las personas, prefieren no decir nada y se retiran con su conrazoncito lastimado y tú ni en cuenta. Generalmente esas situaciones salen a la luz mucho tiempo después cuando otra persona te lo comenta o llega un reclamo de la nada. No somos adivinos, gente. No pueden esperar que uno se dé cuenta de todo y que corrijamos una situación que no sabíamos que estaba mal si no hablan, si no expresan lo que siente y lo que está sucediendo, tengan por seguro que el mundo no se va a enterar.

El hablar es bueno, mis adorados. Expresar lo que sientes no es atacar a otra persona. Es diferente decir “Mostro, no me gustó esto que dijiste por….” a decir “Eres un estúpido”, son formas muy diferentes de abrir un diálogo, porque una me puede ayudar a entender que fui imprudente y a corregir una situación incómoda y desagradable para que nuestra amistad continúe funcionando y la segunda es muy posible que te mande a la fregada. La primera opción me hace responsable de mis acciones y me deja la pelota en mi cancha mientras la segunda puede separar tus dientes de tu boca. Escoge sabiamente…

Entonces, hermanos, hermanas, liberemos nuestra alma de corazas y armaduras. Son bonitas, lo sé, pero como seres humanos necesitamos fluir de forma natural. Expresen lo que sienten sin atacar a nadie. Seamos libres y volemos juntos. Dejemos salir al niño interior a que descubra que el mundo no es tan malo, que tiene mucha, mucha belleza. Verán que cuando las cosas se hacen con buenas intenciones, nuestras acciones tendrán congruencia y esa es la manera que vamos a cambiar el mundo, no haciendo menos ni reprimiendo a nadie.

Todos somos raros, pero no todos tenemos el valor de serlo…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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