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 ¿Me lo regalas?

Espacio Mostroso  , ilustración: Siul Rodri

La gente me siempre tiene ideas extrañas de lo que otros son y valen. Al parecer, el valor de otro ser humano se mide en proporción a lo que puedes darles o lo que estás dispuesto a contribuir a su comodidad en vez de lo productivo que eres para la sociedad en sí. Resulta que lo que tengo, que me he ganado con muchos desvelos, sacrificando mi pelo, mi salud física y mental y mi tiempo libre es para que otros se beneficien de ello. Ahora resulta…

He visto muchas veces que la gente me mide por lo que parezco, no por lo que soy. Por ser bilingüe, tener una carrera profesional y esforzarme por hablar correctamente mi idioma me hace una persona con mucho dinero. No necesariamente es el caso. Sí, tengo mi trabajo, y tengo cosas materiales, pero personalmente no considero que mi fortuna viene de eso. Sí, tengo la suerte de que no me falta nada porque mis necesidades básicas están satisfechas, pero mi salud, mi familia, mis amigos y mis pasiones como la escritura, el cine, los libros y la música que me ayudan a volar son increíblemente invaluables y no se comparan en mi mente. Claro, hay gente que valora otras cosas, pero pues yo soy yo y ellos son ellos, ¿no?

Se me hace chistoso, hilarante casi, que la gente me diga que le tengo qué dar porque yo tengo. En verdad siempre he creído que me están bromeando cuando escucho ese argumento de “es que tú ganas más que yo, así que tienes qué darme”. O el otro es que como yo tengo mejor trabajo, no me canso tanto porque solo me la paso en la computadora o que solo escucho a la gente en el consultorio y les pregunto que cómo se sienten, ¿en serio? Por lo que veo, no cuentan los años que me la pasé desvelándome estudiando para poder llegar a ese punto donde trabajo sentado. Parecen no considerar que llegué a trabajar de intendente en un lugar donde venden tortas o sirviendo nieves por cuatrocientos pesos a la semana durante años mientras estudiaba. Ahora que estoy recogiendo los frutos de mi trabajo de años, resulta que todo mundo quiere un pedazo del pastel.

Sobre todo, me molesta que me digan que si les regalo algo que tengo, sobre todo esas personas que nunca han hecho nada por mí. Debería quedar claro que trabajo para mí, no para ver a quién se le ofrece. Claro, hay gente que apoyo con gusto, sobre todo esas personas que estaban ahí cuando no tenía nada (y vaya que hubo momentos oscuros), pero esos que llegan del limbo a hacer inventario de lo que tengo a ver qué les sirve se pueden ir a volar.

Mi pregunta favorita: ¿necesitas esto? Y le apuntan a algo que tengo, ¡claro que lo necesito! Por algo lo conseguí. Todo es fácil de conseguir cuando no tiene s qué trabajar para conseguirlo. Qué fácil, ¿no? Y la verdad que aunque no lo necesite, es mío y la verdad que no necesito dárselo a una persona mal agradecida o interesada. No tengo problemas con regalarle a alguien que tiene necesidad, pero a quien solo ve por sus propios intereses, paso.

No soy un santo, lejos de ello, pero me gusta ayudar a las personas. No me cuesta trabajo escuchar a alguien que necesita platicar, pero hay gente que me dice que soy su psicólogo personal, literalmente usando esas palabras, ¡y se molestan mucho cuando les dijo que no es así, que yo cobro por sesión. No puedo evitar sentirme exasperado cuando veo su cara de dolidos y escucho sus palabras autocompasivas. Ser un apoyo para otro ser humano me da mucho placer, ser un tapete o un escalón para que me pisen y me usen para subir de nivel es otra cosa, seamos honestos. Lo mismo me pasa cuando la gente quiere clases personalizadas de inglés, dicen que yo les tengo qué enseñar porque fui profesor y es mi vocación, quieren que vaya a su casa, les lleve material y aparte de todo llegue con una sonrisa y buena disposición a darles las tutorías, porque es un placer servirles. Échenle ganas…

Gente, no confundamos la nobleza de la gente con estupidez. Nunca es sabio creer que una persona que le cuesta trabajo decir que no está feliz de hacer lo que quieras. No es porque sean tontos ni dejados, sino que muchas veces, su educación no les permite dar una negativa. En mi caso, no tengo ese problema porque yo me caracterizo por ser directo y decir no, porque no quiero. No me siento obligado con nadie. Solo mi madre me puede exigir y hasta ella tiene la decencia de pedir las cosas con educación. Y conste que ella tiene vara alta.

Recordemos que cuando encontramos a gente que es generosa no tenemos qué abusar porque cuando la gallina de los huevos de oro se harta, deja de dar huevos y nos quedaremos bailando sobre un solo pie, y todo por nuestra arrogancia de creer que el mundo está a nuestros pies y dispuestos a servirnos. Porque luego se topan con alguien como yo que los hace toparse con pared y luego andan todos dolidos diciendo que soy muy malo.

No hay peor error que subestimar a otro ser humano, porque uno no sabe qué tan profundo es el río en realidad hasta que se anda ahogando en él…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué tipo de persona son, los dadivosos, los asertivos o los abusivos? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos,

Mostro.

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Artículo publicado originalmente en: https://www.theguardian.com/ escrito por Gabrielle Bellot

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