sábado , julio 11 2020
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…majestuosas mariposas blancas…

Que tus días lo sean siempre, felicidades Dany…

 

La piel expuesta, las abrumadoras horas de un pasado. El suspiro anhelante y la visión acuosa.

Acá en el interior somos vampiros, ríos, botones dispuestos a la presión para detener o iniciar algo. Andamos sobre la hojarasca y el único ruido manifiesto es el del silencio.

Un agobiante, doloroso y escandalosamente abrumador silencio.

Tal vez sean dudas, quizá reproches, incluso culpas, pero está ahí. Sigue. Arrincona. Tortura con recuerdos y remembranzas. Invisible, molesto y perturbador.

Avanza con la fuerza de la corriente y destroza piedras, diluye veredas y arrastra consigo el restante presente de quienes fuimos y somos: simples objetos de una fuerza desconocida y gozosa. Infinita y circular. Dolorosa. Hiriente. Inevitable.

La siquiatra, tanatóloga, escritora y académica suizo-estadounidense Küblert Ross, desarrolló el modelo de su nombre, relacionado con las etapas del duelo y la pérdida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ciclos válidos también en otras circunstancias -no solo la muerte, cuyo final es una pérdida-, como el amor, por ejemplo. Es algo tangible en los violines invernales de Vivaldi, los irrepetibles trazos de Leonardo, la magia en el cincel de Miguel Ángel, los textos de Chejov…

Todos los tormentos. Todas las horas. Todos los recuerdos.

Y la vida sigue. Se quiera o no, las aguas encuentran otros cauces y enfrentan nuevos retos, trazan nuevos caminos. Fluyen.

¿Miedo? Por supuesto. Es uno de los detonantes de mayor peso para un ser humano porque obliga o bien a permanecer estático o a decidir avanzar. Por eso hay una arboleda desconocida y un viento, una hogaza de pan… una nueva pesadilla. Por eso la luna nace y muere aquí, en la visión de miradas silencias e infinitas posibilidades de recuperación.

La noche, dicen los agoreros del optimismo, es el preámbulo de un nuevo amanecer. Para otros es fusionarse con la oscuridad para evaluar peligros, posibilidades y oportunidades.

Nosotros, esta legión, preferimos avanzar al compás. Atrapar acordes, aprisionar voces en sueños, escuchar movimientos y observar caricias. Buscamos y encontramos distractores de todo tipo y tamaño: tulipanes negros en campos y bosques cubiertos de nieve, majestuosas mariposas blancas revoloteando alrededor, historias creadas a partir de pequeños y hasta insignificantes momentos, velas encendidas frente a espejos desvelados y un acariciado y maravilloso ensueño en un despertar a deshoras solo por la oportunidad de hacerlo. Porque sí.

También nos hemos impuesto nuevas rutinas, aunque la más gozosa es al amanecer: café y libros llenos de historias, simbolismos y magia. Estamos aprendiendo a disfrutar incluso cuando sonreímos al leer. Hacemos a partir de la experiencia y la de quienes sobreviven a nuestro alrededor. Vivimos.

Somos mar, lluvia y llanto. Somos tierra y naturaleza, somos ignorantes seres racionales ansiosos de respuestas y un atardecer –al menos uno- de esos que llenan miradas y sobrepasan los trazos de la luz allá, bajo las estrellas.

Es cierto, a veces recordar abruma y debemos entender de una buena vez que si los silencios hablan y gritan hay una razón: unos le llaman experiencia… nosotros la transformamos en olvido y la arrinconamos en algún archivo de la memoria porque nuestro ahora es este segundo, son esas aguas, estas fantasías y aquellas realidades.

¿Certezas? Este presente fue mi futuro ayer…

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2 comments

  1. Awesome post! Keep up the great work! 🙂

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