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Lesbofobia, discriminación y heterosexualidad obligatoria 

Por Marlene Rodríguez Atriano (marlene@humanismo.mx)

¿Qué es ser mujer? ¿en qué momento se crearon las desigualdades por el hecho de tener un cuerpo de mujer?  ¿cómo es que nuestro cuerpo y nuestros deseos son apropiados por otro, ese otro constructor de un orden jurídico y social que guía nuestros deseos? ¿quién es ese constructor de ese orden simbólico?

Desde que nacemos existe un orden pre-establecido que define los gustos que debemos adoptar acordes a un molde social.  De esa forma, la construcción de nuestra subjetividad se va cargando de normas rígidas de comportamiento. Elegir por ejemplo la manera de vestirnos, el tipo de juegos que debemos practicar en la escuela, la manera en que nos relacionamos con nuestras amigas y amigos, los colores que deben gustarnos, las labores que tenemos permitido realizar para ayudar en casa, qué personas deben atraer nuestros deseos y amor, nunca son objeto de elección.

¿Cómo es que se origina esto? Al respecto es preciso mencionar que la relación entre sexo-género-cuerpo-deseo como categorías entrelazadas se conjugan para dar lugar a una relación de poder donde las mujeres nos encontramos moldeadas para una única posibilidad de deseo y a una serie de construcciones que vamos interiorizando y reproduciendo que por supuesto se encuentran dentro de un marco heterosexual.

Pensar en la heterosexualidad como una estructura político-social y como un modo de producir cuerpos que crea condiciones preexistentes para la humanidad es condición fundamental para comprender cómo las mujeres traemos inscritos desde nuestro nacimiento un modo de ser obligatorio. De tal manera que el orden simbólico de la heterosexualidad es un agente que condiciona la existencia de las mujeres.

Los estudios feministas son un referente teórico importante para comprender cómo hemos sido condicionadas para producir y reproducir una heterosexualidad obligatoria. Estos postulados parten desde categorías de análisis que incluyen el sexo y género, como sitios comunes para demostrar que el sistema sexo-genérico es una estructura que se ha construido bajo la opresión y fuente de toda desigualdad entre cuerpos de mujeres y de hombres y tomando como instrumentos, los símbolos y valores tradicionales donde los sujetos oprimidos resultan ser las mujeres.

En tal sentido, nuestros cuerpos previamente a estructurados de acuerdo a nuestro sexo, construyen una relación de subordinación que organiza a la sociedad en dos sexos: mujeres y hombres donde no caben sujetos subalternos como población LGBTTTI (Lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual). De este grupo, las mujeres lesbianas se encuentran en una doble vulneración como mujeres y como no heterosexuales que las sitúa como sujetas no visibles en las estadísticas, indicadores de violencia contra las mujeres, pues es común que pasen inadvertidas en las acciones públicas y en los propios protocolos de justicia de investigación por violencia feminicida o feminicidios.

Muestra de ello es que la Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS) que elabora el Consejo Nacional para prevenir la Discriminación (CONAPRED)[1] no separa por grupos a lesbianas, gays, intersexuales y personas trans, a diferencia de la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (ENDIS) que realiza el Consejo para Prevenir la Discriminación de la Ciudad de México (Copred)[2] que parte de premisas e indicadores por grupos separados.

Al respecto, es importante destacar los últimos datos que arroja la (ENDIS-2017) donde muestra que la preferencia sexual es la segunda causa más común de la discriminación. Por otra parte, de una lista de 41 grupos, las lesbianas ocupan el décimo lugar en grupos más discriminados. Dato agregar es que la mayor parte de la discriminación que sufren las mujeres lesbianas se origina en los espacios públicos.

De estos últimos resultados arrojados se observa también que las principales formas en que este grupo de población es discriminado son por sus preferencias sexuales, no las aceptan, por vestir como hombres, les dicen groserías, les dicen marimachas, se burlan, no son bien vistas las relaciones entre las mujeres, las agreden e incluso manifestaron que la gente les ha dicho que sienten asco por ellas.

Romper los cercos históricos de las diferencias creadas a partir de modelos occidentales, modernos y heterosexuales resulta ya un hecho que es motivo de discriminación, pero no por ello imposible. Lo que queda claro es que sin heterosexualidad obligatoria se caen el soporte material que le da fuerza a las relaciones creadas por el capitalismo y el patriarcado para seguir siendo sujetas de explotación.

Por ello, resulta fundamental crear y fortalecer resistencias a través de imágenes, publicidad no heterosexual, apropiarse de espacios públicos, exigir derechos en condiciones de igualdad y políticas públicas que bien pueden ser solo algunas de las acciones que deben ser lideradas por las propias mujeres lesbianas en búsqueda de la ruptura de esas interiorizaciones sexo-genéricas  para reapropiarse del cuerpo y del ejercicio de la sexualidad.

Para más información, comentarios relacionados con este artículo o para conocer las acciones y el trabajo que realizamos en Humanismo & Legalidad en favor de la población LGBTTTI, les invitamos a comunicarse al correo  contacto@humanismo.mx, o visitar nuestras redes sociales.

 

 

[1] El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, es un organismo descentralizado sectorizado a la Secretaría de Gobernación, encargado de formular y promover políticas públicas para la igualdad de oportunidades y de trato a favor de las personas que se encuentren en territorio nacional y coordinar las acciones de las dependencias y entidades del Poder Ejecutivo Federal, en materia de prevención y eliminación de la discriminación, como  principales acciones.

[2] El Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación es el encargado de diseñar, implementar y promover políticas públicas para prevenir, y eliminar la discriminación en la Ciudad de México, analizar la legislación en la materia, así como evaluar su impacto social, para lo cual se coordina con entes públicos, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil.

 

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