domingo , septiembre 20 2020
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Las infancias trans o cuando el conservadurismo nubla la mente

Por Norma Celia Bautista Romero (norma@humanismo.mx)

Hace unas semanas se discutía en el Congreso de la Ciudad de México una iniciativa interesante para las niñas, niños y jóvenes trans. En ella se les reconocía su derecho a la libre determinación y la expresión de la identidad de género, con el fin de que mediante procedimientos más accesibles modificarán sus documentos identitarios y fueran acordes a la expresión del género que manifestarán, con independencia de aquel que tuvieron al nacer.

En ese tenor, la iniciativa de reforma al Código Civil y al Código de Procedimientos Civiles del Distrito Federal, propuesta por dos de los diputados de la bancada de Morena, pretende establecer un mecanismo en el que los requisitos para este tipo de trámites, que impliquen modificar las partidas de nacimiento de este colectivo, no fueran llevados con tanto rigor, partiendo de la idea de que el Estado, en su obligación de promover, respetar, garantizar y proteger los derechos humanos, necesitaría establecer criterios accesibles para las personas, máxime cuando se encuentren en un estado de vulnerabilidad.

En las presentes líneas más allá de analizar el contenido de la iniciativa, queremos ahondar brevemente en las discusiones adyacentes en el tema y que derivaron en que esta iniciativa tan garantista, se encuentra detenida para tener un mayor consenso.

Esta reforma no se trata de una simple invención de sus creadores, no es una iniciativa para molestar a los conservadores o aquellos que dicen defender la vida, más bien implica la materialización de una obligación estatal, tal como lo hemos referido, además es producto también de la lucha de madres y padres de familia que se han visto imposibilitados de proteger a sus hijas o hijos trans ante un aparato burocrático que mandata que si tienes pene eres niño y si tienes vagina eres niña, dejando de lado la no identificación de la persona con esa circunstancia.

Las madres y los padres de infantes trans son coincidentes en señalar que sus hijos, desde temprana edad, no se sentían representados con el género que los marcaba fisiológicamente, pese a ello tuvieron que enfrentarse a especialistas no preparados quienes juzgaban y/o decidían estudios o tratamientos para demostrar que la niña o el niño estaban confundidos. La discriminación en el sector educativo y de salud, la carencia de protocolos especializados en las escuelas, la nula sensibilización de servidores públicos o la falta de entendimiento de la sociedad en general, además de la invisibilización de todas las cuestiones que se presentan en este tipo de casos, siempre ha estado presente en el desarrollo de sus hijos.

Por ejemplo una niña o un niño trans, difícilmente buscará ingresar a un baño en donde no se sientan cómodos, pero deberá respetar las reglas de los lugares a donde acuda para no incomodar o si es que busca ser beneficiario de algún programa social es imposible desde la identidad que representa porque sus documentos oficiales hablan de Pedro el hijo que nació siendo varón, pero que ahora quiere que le llamen María porque sabe, desde pequeña, que nunca fue niño.

Pese a ello la discusión de la iniciativa en el congreso se centró en ideas que rayan en el conservadurismo, así lo evidenció la bancada del PAN y algunas organizaciones de la sociedad civil, como el Frente Nacional por la Familia y la Unión Nacional de Padres de Familia. Sus argumentos señalaban que este tipo de reformas implicaban una imposición de una ideología de género que no es congruente con los postulados naturales de los humanos, ya que para ellos nacer en un cuerpo equivocado bajo ningún supuesto es posible, además regresan a la concepción de que una niña o un niño no tienen la capacidad de decidir sobre ellos mismos y que este tipo de medidas (que el trámite de cambio de sexo en los documentos oficiales pueda ser solicitada por uno de los padres, sin necesidad del consentimiento de ambos) afecta a la patria potestad, priorizando de esta manera el modelo de familia tradicional y negando la estadística que señala que son mayormente las mujeres quienes solicitan este tipo de trámites para sus hijos porque en ocasiones no cuentan con el apoyo de sus compañeros varones.

Además, se minimizó todo aquello por lo que las familias de infantes trans tienen que sufrir, al considerar que existen problemas más importantes que atender en el país y este tipo de discusiones resultan obsoletas, especialmente cuando son pocos los casos que se presentan. Inclusive llaman a la desobediencia de este tipo de reglamentaciones porque, para ellos atentan contra la sociedad de la Ciudad de México.

Es lamentable este tipo de discusiones en un tiempo en donde la diversidad pide a gritos ser reconocida, pero más grave aún es que la moral sobrepase a los derechos. Si bien el pensamiento de cada persona es respetable, no hay que olvidar que las obligaciones estatales están por encima de las creencias cargadas de ignorancia y exclusión, principalmente si eres servidor público. Hoy, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, hacemos un llamado aquellos legisladores que sobreponen su pensamiento personal frente a la protección de la infancia trans, y les exigimos que cumplan con sus atribuciones con imparcialidad y objetividad, para evitar que voces con un deficiente entendimiento de la construcción social; tengan mayor peso en la toma de decisiones, que la infancia que vive todos los días un obstáculo o impedimento en el ejercicio de sus libertades y derechos.

 

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Artículo publicado originalmente en: https://medium.com/ escrito por Benjamin Freeland

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