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LA PRUEBA DE VIH

La cultura del miedo

Hola amigos/as, hoy les compartiré uno de los días más estresantes, y liberadores, que he vivido este año. Hace poco fui a realizarme la prueba del VIH a la Clínica Especializada Condesa, ¿qué miedo no? Como buen chico, sé que tengo la obligación de realizarme periódicamente un chequeo, con el cuál puedo monitorear mi salud; sin embargo, ¿por qué tenía tanto miedo? ¡Acompáñame a descubrirlo!

Viernes 30 de agosto

1:30 pm “Frío y chachachá”

El calor era abrasador, casi como una delicada tela de satín que envolvía con un aire caliente a la ciudad. Mis nervios eran un sube y baja, por momentos pensaba: ¿y si algo sale mal? ¿qué pensarán de mí mis papás?, ¿mis amigos, seguirán siendo mis amigos?, ¿qué tanto sé del VIH?, y por último ¡Por favor a mí no!

El sistema de transporte colectivo metro, en mi ciudad México, era un caos, la línea café es muy oscura y obsequia la fantasía de que todo el tiempo es de noche. El olor no ayudaba mucho, pues una cañería estaba rota y el agua corría con ritmo travieso por las escaleras, y a su paso dejaba el hedor de toda una multitud en descomposición. El miedo se apoderaba de mí a cada paso que daba, comencé a sentir los dedos de los pies y manos muy helados, pese al calor sofocante del día;  después una fuerza electrizante viajó en modo turista por todo mi cuerpo, acto seguido una taquicardia danzaba al ritmo del chachachá en mi corazón.

-¿Ya vamos a llegar? – Preguntó mi fiel amiga, que me acompañaba.

-Es aquí, ya llegamos.- Contesté con tono y ritmo que escondía mi pesimismo y miedo fúnebre.

1:45 pm – “La ruta marcada”

Aunque ya había ido una vez, hace tiempo a Clínica Condesa, no recordaba exactamente cómo llegar, y entre el miedo, el estrés de la ciudad y, mi poca paciencia, terminé por perderme. Tal vez mi inconsciente me traicionaba y no quería  llegar al lugar, pero otra parte de mí, sabía que tenía que hacerle frente a la situación, armarme de valor y ser fuerte, fuera cual fuese el resultado.

En pocos minutos pude consultar mi celular y a través de la aplicación maps encontré una ruta, estábamos a tan solo 8 minutos de llegar, la ruta marcada era rápida y sin confusiones, no había más, ya no había oportunidad de decir, “no la encontré, luego vuelvo”, o decir “abrieron pero no alcancé ficha”, pues me encontraba en el lugar, fecha y hora adecuada. Así pues, después de unos pocos minutos encontramos la ubicación y el miedo se acrecentó.

2:00 pm “VIH REACTIVO”

Justo en la esquina, antes de llegar, nos encontramos con un batallón de jóvenes que salían de la Universidad, de esas en las que van muchos niños ricos, con sus propios carros últimos modelo  y que tienen toda una vida por delante, me detuve y pensé que tal vez yo nunca tendría un auto último modelo, e incluso, que tal vez mis mejores años ya habían pasado; espanté esos pensamientos con mi mano derecha, respiré hondo y como perpetuo castigo, me sumí en la aceptación. El miedo había hecho de las suyas, ya era preso de la paranoia y solo quería que el tiempo pasara rápido, que me dijeran que era VIH REACTIVO y que me mostraran las rutas a seguir.

Así pues, entramos a la clínica  y una corriente de aire fresco nos dio la bienvenida, la sección para las pruebas es en el segundo piso y técnicamente estaba seguro de conocer el procedimiento: Formarnos para las fichas, ir al laboratorio para la extracción de sangre y después pasar a un frío consultorio y recibir la noticia.

Yo estaba ahí, frente a un escritorio café, pidiendo mi ficha para poder realizar todo el procedimiento. La número 192, ese era mi número. ¿Sería de buena o mala suerte? ¿en serio creía en la suerte? Nadaba entre mis pensamientos, ideas y sentimientos, y a la par, platicaba con mi amiga, quién naturalmente también se encontraba nerviosa. Minutos después llenamos el formulario de consentimiento – en el que queda implícito que estamos por nuestra voluntad y que somos nosotros quienes buscamos las pruebas- Para después pasar automáticamente a laboratorio para que nos sacaran una muestra de nuestra sangre. ¡Ese era el momento, estaba a minutos de conocer el estado sobre mi salud y quizá futuro!

3:20 pm “Michael Alfaro,  pasa por favor”

Mientras esperaba mi turno, para pasar a recibir mis resultados, un remolino de ideas, miedos, frustraciones y sueños tuvieron una batalla épica en mi cabeza.

-Si lo tengo, más le vale a la vida ser muy cabrona conmigo, porqué no pararé de hacer lo que hago, estoy sumergido en una batalla en pro de los derechos humanos, y no me detendré, con o sin VIH.

– ¿Porqué tengo tanto miedo? En realidad es miedo al virus o al estigma social, que en este preciso momento parece pesar más que un costal de cemento en mi espalda. Soy racional y sé que no tengo porqué temer, sin embargo, no dejo de sentirme asustado.

La sala de espera era un pasillo en forma de rectángulo de 10 metros cuadrados aproximadamente, el ambiente era tenso, y todo mundo parecía pensar lo mismo. ¡Lo tengo, lo sé! ¿Ahora qué haré de mi vida? Fue en ese preciso momento en el que me cambié el chip; primero entendí que hacia falta un servicio de contención emocional, previo a pasar por el resultado y también que se necesita perder el miedo a hacernos la prueba.

Comprendí que mi miedo partía de dos vertientes:

  • La poca cultura que tenemos de hacernos las pruebas cada seis u ocho meses, (seamos o no del colectivo LGBT+)
  • El duro estigma social que se carga alrededor de vivir en con VIH, aderezado de la desinformación colectiva sobre esta condición de vida.

Tomé impulso emocional, respiré hondo y me repetí para mis adentros: “Eres más fuerte que tus miedos”, acto seguido escuché mi nombre, fuerte y claro.

  • Michael Alfaro, ¡Pasa por favor!

 

3:40 pm “Todo terminó”

Al pasar al consultorio, lo único que pude percibir fue un frío ambiente, con olor a desinfectante y casi todo en color blanco. Tomé asiento y de inmediato la doctora a cargo me preguntó los motivos del porqué decidí someterme a la prueba, repliqué diciendo que era por chequeo de rutina y con una sonrisa amable, entonces me respondió:

-Bien Michael, eres NO REACTIVO, sin embargo, te invito a que sigas cuidándote y que te realices las pruebas de rutina periódicamente. ¿Hay alguna duda con la que te pueda ayudar?

Realmente en ese momento quería ponerme de píe y  brincar por todo el consultorio, agradecer a Dios o a cualquier deidad que me hubiera escuchado, sin embargo, guardé la calma, hice un par de preguntas personales, agradecí el tiempo y salí velozmente del consultorio. A mi salida todo el mundo volteo a verme, y no porque sea muy importante, sino, porque supongo, se puede ver en la expresión facial el resultado obtenido.

Salí tranquilamente de la Clínica Condesa con una nueva experiencia, y sobre todo con una nueva reflexión:

“En México no tenemos la cultura de hacernos estudios para conocer nuestra salud, dejamos pasar el tiempo y aunque detectamos anomalías las dejamos pasar, sin saber que muchas enfermedades crónicas pueden tener una excelente historia sin son detectadas y atendidas a tiempo, aun el estigma pesa demasiado y, no son suficientes las campañas de información que el gobierno y las asociaciones hacen, necesitamos más campañas de sensibilización y sobre todo perder el miedo a estar informadas/os sobre nuestra salud”.

Hago esta crónica para sensibilizar a las personas que viven todavía con estigmas y prejuicios, y porque quiero alentar a las y los jóvenes a que no teman  al realizarse la prueba, no estoy diciendo que siempre el resultado será favorecedor, pero al final siempre hay rutas que seguir, las cuales son muy alentadoras.

-Michael Alfaro

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“Libertad y Expresión”.

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