sábado , octubre 31 2020
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La paciencia y la estupidez no es lo mismo…

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

La gente al parecer está confundida. Ve una situación donde uno es paciente o educado y automáticamente lo interpreta como debilidad, ignorancia o simplemente dejada, por lo tanto, tiene el derecho de aprovecharse para usar todo el léxico posible para denigrar y demostrar a esa persona lo poco que vale de acuerdo con sus estándares personales.

He trabajado en algún tipo de servicio al cliente desde el 2000. Digamos que tengo un poco de experiencia.  Muchas veces, realizar este tipo de actividades hace que de alguna manera desarrolles una paciencia enorme. Una porque para eso nos pagan, definitivamente, pero por otra parte, tendemos a ser más pacientes en nuestra vida personal, sobre todo cuando tomamos en cuenta que a veces las personas que nos atienden tiene las manos atadas.

Lo que mucha gente tiende a confundir es que el hecho de que nos pagan por ser pacientes y ayudar a la gente, no incluye una cuota por recibir gritos, insultos y vejaciones por parte de la gente que se siente superior. Comprendo que se sienta frustrada la gente y que demuestre que no está contenta, pero otra cosa es que quieras sacar todas tus frustraciones con la persona que te atiende. Nos pagan para atenderte, no para aguantar tu eterna estupidez y prepotencia.

Claro, hay gente de servicio al cliente que parece que les pagan por ser groseros, la ignorancia existe por los dos lados. Pero definitivamente hay gente que aprovecha la situación para demostrar su superioridad gritando y haciendo menos a otros seres humanos, incluyendo sus clásicos insultos de empleaducho, gato o mi favorito: naco. Definitivamente, a lo hora de insultar a alguien, parecemos poetas. Si en realidad usáramos nuestras habilidades de lenguaje para bien, seríamos una sociedad más culta.

Cuanto trabajaba de profesor también me tocaba ver a ese tipo de gente, madres de familia principalmente que iban a gritarle a los profesores que eran empleadillos de gobierno y que estamos ahí para servir. Cierto, pero no recuerdo que mi contrato mencionara alguna vez recibir gritos de gente que se enojaba porque sus hijos reprobaran. Claro, hay malos maestros, pero no por eso quiere decir que todos somos igual de malos. Hay muchos buenos que hacen su trabajo y, sin embargo, aún así tienen que recibir a gente gritona, corriente y “poderosa” que dice que tiene conocidos y que nos van a correr por exigirle a sus hijos lo mismo que a todos: que cumplan con los requisitos para pasar. No es posible que no podamos dejarle un trabajo especial para que sus blancas palomitas aprueben, como si fuera tan difícil. O sea, yo tengo que idear otro trabajo individual cuando tengo otros trescientos alumnos (muchos de los cuales piden lo mismo), dejarlo, rogarle al universo que les dé la gana hacerlo y luego evaluarlo, ¡ah, y que pasen! Porque con el hecho de hacernos el favor de hacer un trabajo, automáticamente tienen que pasar.

Hubo una señora que fue a decirme que su hijo tenía qué pasar porque se iban de vacaciones a Sinaloa y que no podía estar preocupado por una materia reprobada porque no las iba a disfrutar. El chico no entró a clase en todo el semestre y faltaban dos días para que el sistema se cerrara, pero la mujer me dijo que a ver cómo le hacía pero que su hijo iba a pasar y punto, ¿cómo les puede uno contestar sin reírse o sin ser ofensivo? Honestamente estaba tentado a decirle a la señora que estaba loca, pero por respeto no lo hice, pero no pude evitar reírme y al parecer no era la respuesta que esperaba. Le expliqué que no se puede acreditar un semestre de trabajos en dos días, especialmente cuando se tiene otras siete materias reprobadas. La señora me explicó de nuevo que su hijo iba a pasar y punto. Su hijo no pasó.  

La gente siempre amenaza con los supervisores. No parece comprender que cuando uno hace su trabajo, no tiene miedo de que la gente se queje. A través de los años los padres se quejaron con mis directores de que yo era muy exigente, que era una grosería que esperara puntualidad de los chicos y que no era concebible que no aceptara trabajos sucios o incompletos. Cuando me amenazaban, siempre les explicaba que no me iban a correr por hacer mi trabajo. Igual, trabajando en las empresas, cuando no les podía dar lo que demandan, me piden a un supervisor, muchas veces recordándome que soy un empleado muy bajo en la cadena y que quieren a alguien que “sirva”. Ok. Luego mis supervisores les decían lo mismo y era otra guerra. O peor, les daban lo que querían comprobando su punto.

Lo que no sabe la gente que grita, insulta y lanza rabietas como niños malcriados es que los que trabajamos con clientes después contamos la historia y nos reímos. Quizá en el momento sea incómodo que te griten, te insulten o te avienten papeles, pero después, se convierte en un relato chistoso que contamos en las fiestas. No acaba con nuestra alma que nos recuerden lo poca cosa que somos. Sí, en el momento uno se molesta, pero siempre pasa. Yo tengo miles de historias qué contar de gente que me dijo todos los insultos posibles y todas son una historia chusca. No nos morimos por recibir sus insultos ni sus gritos, pero a veces parece que esas personas se van a infartar del coraje que están haciendo.

Y para aclarar, esto es sobre la gente prepotente que hace menos a otros. Sé que hay veces que uno se enoja y se le van los dos pies, pero hay gente que siente que merece todas las consideraciones y respeto cuando obviamente no lo dan. Eso no se vale. No esperes que te traten como realeza si tú tratas a todos como súbditos, porque luego te vas a topar con alguien más avanzado de rabia y luego terminas sin dientes y con un ojo morado. O peor.

Hagamos un esfuerzo por recordad que a pesar de que tengas mucho dinero y poder (o creas tenerlo), todos somos seres humanos y tenemos valor. El hecho de trabajar en un puesto donde tenemos qué recibir quejas no nos convierte en costal de box y mucho menos es algo que deba causar vergüenza, al contrario, estamos tratando de ganar la vida honestamente y lo único que demostramos cuando gritamos, insultamos y humillamos a otra persona es la falta de compasión y amor por uno mismo. Recordemos que un complejo de superioridad es un complejo de inferioridad enmascarado.

 No confundamos el hecho de que la gente sea paciente o educada con que se deja o que es estúpida y dejada. Mucha gente prefiere evitar conflictos, pero cuando le llegan al límite, tienden a ser bastante peligrosos. Muchos ven eso como debilidad y como la oportunidad para gritar más y aprovecharse, luego cuando les patean el trasero son los primeros que lloran. Y no condono la violencia, para nada, pero hay mucha gente que ruega por que les callen la boca. Lamentablemente la violencia trae consigo más violencia, y de eso ya hay suficiente en el mundo.

Seamos con otros como quieren que sean con nosotros, o espínate la mano y llora…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.

Mostro.

 

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Artículo publicado originalmente en: https://www.healthline.com/ escrito por Janet Brito

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