jueves , noviembre 15 2018
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La noche en que la naturaleza se ensañó con Oaxaca

… y las lágrimas forman sucios surcos de llanto…

Todo está oscuro.

Apenas unas cuantas luces se filtran por resquicios de puertas y ventanas pero no son tan fuertes como para distraer el cansancio provocado por una jornada agotadora.

Acostada, el inevitable recorrido mental sobre lo hecho y dicho a lo largo del día inicia mientras Morfeo empieza a rondar la mente, el cuerpo… una habitación que se mueve.

No es un sueño. Abre los ojos y lo confirma: está temblando. No hay pánico aún. Piensa que es algo leve y momentáneo, nada más alejado de la realidad.

Se incorpora con rapidez y se dirige a la habitación de su progenitora quien ya empieza a ser víctima de la desesperación y el pánico: llora y grita.

Empiezan a caer platos, botellas, cosas que ruedan sin control de la mesa hacia el piso y de la alacena al olvido.

Ambas mujeres se dirigen a la puerta. La más joven intenta abrirla sin éxito porque el movimiento telúrico ha provocado un primer asentamiento y la traba.

Es imposible salir a la calle.

Hay otra alternativa, la puerta del patio. Esa se abrió con el movimiento. Los gritos y llanto de la mujer de mayor edad no se escuchan, se ahogan y pierden entre los sonidos que provoca la naturaleza ensañada esta noche con la costa del Pacífico.

Se abrazan, lloran, rezan y piden a diostodopoderoso misericordia y perdón. No importa el orden del ruego, la vulnerabilidad es la misma.

Cae una pared y luego otra, el techo se colapsa y cubre años de historia y amor y aventuras y vida.

La tierra acabó con todo, el terremoto destrozó sus pertenencias y les dejó sin nada.

La banqueta es fría. Alrededor de ellas y todos se pasea satisfecho un aroma de desolación, soledad y abandono. El polvo cubre los rostros y las lágrimas forman sucios surcos de llanto. Nadie puede creerlo pero es verdad y la prueba está ahí, entre las decenas de casas destruidas.

Aun no se sobreponen del susto y llegan las réplicas. Una tras otra. Las personas se rehúsan a entrar a ningún sitio y permanecen a la expectativa. Así estuvieron hasta el amanecer.

Dayanna Gallegos Castillejos es la directora Políticas Públicas para la Diversidad Sexual en el municipio de Santiago Niltepec, Oaxaca, y dice que la situación es mucho más grave que la detallada por los medios masivos de comunicación: todos se están enfocando en Juchitán porque es la ciudad, pero a los pueblos cercanos no los están tomando en cuenta, no les hacen caso a pesar de la enorme necesidad de apoyo que requieren.

Sabe que en algunas comunidades ya ha empezado a llegar el gobierno federal repartiendo despensas pero es insuficiente porque fueron demasiadas las personas afectadas y requieren realmente el apoyo. Mucha gente está durmiendo en las calles, en sus patios, en las banquetas, porque no hay sitio en el que puedan pernoctar y porque prácticamente las casas quedaron destrozadas y a ello se suma el mal tiempo, con las lluvias.

Las muxes están bien. Ya habló con ellas. Algunas, casi todas, tuvieron afectaciones en sus viviendas, pero la gran mayoría ya está refugiada. Lo cierto, dice, es que de toda la comunidad de diversidad sexual, ella fue la única afectada.

Recuerda que al terminar el movimiento y a insistencia de su madre fue a verificar cómo se encontraba su abuela y tomó un mototaxi que la trasladara: “en el transcurso del camino haz de cuenta que era como una película, toda la gente estaba gritando y llorando y lleno de polvo el pueblo y todo mundo gritando y una impotencia de no poder hacer nada… eso solo lo habíamos visto en la televisión”.

En un kínder del pueblo abrieron un albergue cuya actividad primordial es hacer comida y alimentar a una treintena de personas que de plano solo se quedaron con lo que llevaban puesto. El problema es que con el movimiento telúrico las instalaciones sanitarias se dañaron y debieron reubicarse, pero hacen lo posible por atender a la población. El problema, como siempre, es que no falta quién se aproveche de las desgracias y están politizando la ayuda, buscan quedar bien con la gente porque el próximo año son elecciones. Los más visibles son del PRI, pero hay también otros: “quieren amarrarse el dedo antes de la cortada”.

A la gente de la región les hace falta de todo: comida, agua, medicinas, colchas.

 

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