lunes , octubre 14 2019
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La importancia de nombrarnos

Por: Daniela Silva Fuentes

Según la RAE, el masculino genérico representa “todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos”, haciendo un apunte muy específico sobre el uso del femenino para nombrarnos, dice que no es correcto y va “contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas”. Después de que el director de la Real (sic) Academia Española, Darío Villanueva, salió a decirnos que no es necesario un lenguaje inclusivo, puesto que el masculino sí nos representa, o sea, que no nos excluye en ninguna situación, ¿por qué abogamos por un lenguaje más inclusivo para nosotras las mujeres y para otras corporalidades fuera de la bicategorización?

Pues bien, vivimos en un mundo y bajo un sistema que históricamente nos ha invisibilizado desde siempre y que cada esfuerzo que se hace para lograr una transformación ha sido rechazado de todas las formas posibles, para claro ejemplo, podemos mirar lo que sucedió después de que el director de la RAE saliera a decir que no nos estaban excluyendo, las redes sociales se vieron inundadas de burlas, memes y hasta textos misóginos disfrazados de un análisis intelectual profundo.

Al parecer no podemos aspirar a más que ser ciudadanas de segunda, sin embargo, los esfuerzos y las sumas cada vez son mayores, si bien, la lucha por el lenguaje incluyente para con nosotras no es nuevo, en los últimos años se ha dado un crecimiento e interiorización del feminismo en la población, y aunque la RAE podrá ser erudita en filología, lo que definitivamente no es, es -ya ni siquiera consideramos que pudiera ser feminista- consciente de una necesidad sobre sensibilidad de género.

No hay duda de que vivimos en un mundo sistemáticamente androcéntrico, como bien lo conocemos, el patriarcado y como tal, estamos socializadas para su funcionalidad alrededor de los privilegios de los varones, de manera tramposa nos han utilizado como una herramienta legitimadora de la supuesta igualdad que hemos alcanzado a lo largo de la lucha feminista, por lo tanto, no existe sorpresa alguna en que el lenguaje androcéntrico sea defendido por los lingüistas y filólogos expertos en la lengua española, defensores de la idea que expresa de manera segura que la igualdad entre hombres y mujeres la vivimos día a día, “nos han otorgado” el voto, estamos en diferentes espacios de poder obviando los números comparativos de la presencia de varones en éstos.

Parece que estos defensores de la lengua y de la manera correcta de hablar y escribir, están olvidando lo que significa el lenguaje para una sociedad, es decir, la representación de la realidad y como tal su transformación.

La lengua es de quien la habla, se transforma constantemente dependiendo de los contextos[1] y por supuesto de los usos, entonces me pregunto si estos esfuerzos y luchas constantes por la visibilización de nuestras corporalidades y existencias, es una forma más de decirnos que no, no somos suficientemente importantes como sujeto político de poder para tomarnos en cuenta en nuestros andares y pasos diarios por el mundo, es un no ante nuestra presencia en espacios de los que siempre nos han querido de lejos y sin palabras?

Bien dicen que lo que no se nombra no existe y la importancia de nombrarnos como mujeres o  como otras corporalidades que no entran en la bicategorización, es de suma importancia, exigir nuestro lugar, no pidiendo un espacio, sino tomando y ocupando el espacio que nos ha sido negado, nombrándonos, enunciándonos como ellas, como nosotras, con la A que nos representa, con la E si nos enunciamos desde una postura no binaria,  es fundamental para tratar de vivir en un mundo más amable, justo y empático con nosotras.

No olvidemos que el poder de la palabra es inmenso, la forma en que usamos el lenguaje puede invisibilizar, estigmatizar, discriminar y por lo tanto hacer un refuerzo de las desigualdades, al hablar ejercemos el poder de la palabra y este poder crea discursos, se manifiesta y se constituye a través de ellos [2].

Imaginar y encontrar otras formas de comunicación no es cuestión de otro mundo, se trata de cuestionar, observar, reconocer, empatizar e identificar las necesidades faltantes que podamos encontrar a través de este ejercicio, es hacerlo cotidiano, interiorizarlo y socializarlo, vuelvo a repetir, el lenguaje es de quien lo habla y no tendría que estar en manos de lingüistas que tienen una varita imaginaria de poder sobre el lenguaje que usa la sociedad, sino nosotras, nosotres, como sujetos políticos que hacen uso de la palabra sin tener que pedir permiso para nombrarse.

 

Para más información y comentarios relacionados con este artículo o para conocer las acciones y el trabajo que realizamos en Humanismo & Legalidad en favor de la población LGBTTTI, les invitamos a comunicarse al correo  contacto@humanismo.mx, o visitar nuestras redes sociales.

[1] https://es.scribd.com/document/181054080/Cuando-las-luchas-sociales-dan-risa-la-trivializacion-de-la-lucha-contra-el-sexismo-y-androcentrismo-en-el-lenguaje-Por-Nadia-Rosso

[2]

https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/Oxfam_manualDeLenguaje%20(2).pdf?fbclid=IwAR2ePBlUWoZrKnJL_cL0Hn7Tah_4p35eoyNXSl1kyrib0iOAoOReHcBccEY

 

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