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La column… ¡ajúa!

Alguna vez de muchas en que el estrés hacía y deshacía conmigo, y ya memorizadas las noticias de las redes, dispuse a quitarme el tedio con un poco de risa con ese humor fácil y universal llamado meme. Recuerdo uno que decía algo así como “allá en tu barrio pobre donde escuchan a Piporro”, acompañado de una imagen de alguien que presumía su nuevo teléfono, pero con una habitación desordenada y apenas cálida. No me causó gracia.

Si Chava Flores enalteció la figura del Distrito Federal y su gente, Eulalio González se encargó  de hacer entrañable a la gente den norte del país, en especial la vida con la frontera: sus usos, maneras, decires y costumbres a través del personaje creado a partir de sus participaciones en radio y cine con Pedro Infante.

La exposición mediática de un norteño como ellos mismos se conciben fue el mayor acierto para desmitificar y, algunas veces, reafirmar los prejuicios que existían/existen acerca de su manera de ser y vivir. Piporro es cosa seria como su humor que, toda vez que espontaneo, es transparente e innato. Un humor que exige estar despierto para sonreír.

Alegre, aunque no como lo dibuja El muchacho alegre, que amanece cantando con su botella de vino y su guitarra tocando; también es mentiroso pero sin saña y más bien para sorprender a quien escucha su relato, como cuando, a ritmo de redova, narra que con la ayuda de una cáscara de naranja que usa como arma, dejó ciego a un león mientras lo acechaba en la selva. Para reafirmarlo retaba que si no creían tal aventura, fueran a Santa Eulalia, Chihuahua y vieran pedir limosna al pobre león. El cascarazo es el título de la canción.

Como a Germán Dehesa (es tomar una referencia de autoridad, no peco de ladino al compararme), al escribir y hablar las frases de don Eulalio se me escapan, aunque no siempre dejo que fluyan por si alguien no las entiende. “Entre más seguro, más marrao’”, para referirme a que entre más seguridad, mejor será tal o cual cosa es la más común; o cuando veo alguna frase que menciona el año 1900, es inevitable que en mi cabeza suene “año de 1900 muy presente tengo yoooo, en un barrio de Saltillo Rosita Alvírez murió”. Superficialidades las mías. El momento clave de la canción aparece entre tonada y tonada o al principio del tema. Al respecto, el cantante decía que hablaba mucho en cada canción para que la gente se fijara más en el relato que en su entonación.

Piporro no solo cantaba, porque vaya que tenía una voz suficientemente educada, sino que contextualizaba y escenificaba lo mismo a un valentón de cantina que a una viejita o al sheriff que exige documentos a un latino en Estados Unidos, haciendo grande la paradoja de la música norteña al tener un ritmo naturalmente alegre con letras trágicas como en la propia Rosita Alvírez, quien murió muy repuesta luego de ponerle 30 libras de aire luego de recibir tres balazos; o en el Corrido de Lucio Vázquez, “que se murió por hombre ¿quién le manda haber sido tan hombre?”. Relatos de muerte acompañados de voz alegre y ritmo enmarcado por el acordeón.

El Piporro de los discos y de las películas jugaba en un ir y venir de habilidad para los diálogos que no necesariamente ocupaban un receptor sino que hacía las veces de de ambos. En Los Ojos de Pancha (“¿Bueno? ¿quién habla? ¿Pancha grande o Pancha chica? Pos’ me confundí porque están iguales de panchonas las dos”), Natalio Reyes Colás (a quien su novia, una pochita, en vez de Natalio, le puso “Nat”; en vez de Reyes, “King”; y “Cole”, por Colás. Ahora era Nat King Cole Martínez de la Garza) y Chulas Fronteras (donde una muchacha lo miraba insistentemente, no por atraerle sino que, al ser fuerte de brazo, amplio de espaldas y ancho de pecho, lo cargó de bultos). En todos ellos dibuja un ambiente fronterizo amable, quizá para aminorar la sombra de tragedia que envolvía a las familias de migrantes y de los propios mojados al enfrentarse a su nueva realidad.

De Los Herrera, Nuevo León, yo sí le creo a su tía Eduviges que su pueblo era la antigua capital de Grecia que, aunque en aquella gran hecatombe donde el Coloso de Rodas rodó y el Partenón se partió, éste quedó en Atenas, la pura piedra bola quedó en su pueblo.

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