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Juventudes trans en Pachuca

Por Eduardo Garza,  parte I

¿A qué retos se enfrenta un chico, de 17 años, al descubrir su identidad de género?

Dicen que para el amor no hay edad, y esto no ha sido impedimento para que Santiago Lira, de 17 años, mantenga desde hace varios meses una relación sentimental con su novia, siete años más grande que él.

Pese a las adversidades, la pareja ha logrado nadar contra corriente, no sólo por la diferencia de edades y las “normas” socialmente establecidas, sino porque Santi, como le dicen de cariño, es un chico trans.

En Pachuca son contados los espacios en lo que se puede hablar abiertamente de diversidad sexual. En la mayoría de los casos las asociaciones y grupos que apoyan al colectivo LésbicoGayTravestiTransgéneroTransexualIntersexual y más (LGBTTTI+), se enfocan principalmente en la población homosexual. Una mayoría entre la minoría. De ahí la inquietud de darle voz a una de las “T” del acrónimo.

Un tanto nervioso por la entrevista, Santiago pide una bebida, frota sus manos, se acomoda en el asiento y recuerda cómo inició su proceso desde hace cuatro años.

“Al inicio me asumí como lesbiana. Empecé como “tomboy” y me corte el cabello. Iba en una secundaria cristiana y hubo algunos conflictos con mis compañeros y profesores por mi apariencia. No existía un rechazo tal cual pero los papás de mis compañeros les decían que no se juntaran conmigo”, asegura.

Y agrega que “conforme fueron pasando los meses llegó un punto en el que me sentía muy mal con mi cuerpo, por lo que busqué qué era lo que pasaba. Me molestaba que me hablaran en femenino. Llegó un punto de frustración en el que pensé que estaba atrapado y no estaba siendo la persona que era en realidad. Buscando en Internet me arrojó el término hombre trans y salió un video de un chico con el que me sentí muy identificado”.

Luego de investigar en diversos sitios e informarse a detalle de lo que sucedía con su mente y cuerpo, Santi tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Platicar con sus padres.

De entrada consideraba que su papá le tenía fobia a todo lo relacionado con lo LGBTTTI+, por lo tanto su decisión de salir del clóset como hombre trans se tornaba bastante complicada.

No obstante, tuvo el valor de acercarse a él y confesarle que desde pequeño se había sentido atraído con todo lo implicaba ser un hombre, a escondidas  vestía ropa de varón y usaba gorros para que afuera no notaran que tenía el cabello largo. Incluso, aseguró, la depresión por la que estaba pasando era a consecuencia del temor que implicaba el aceptar su identidad de género.

¿Qué es la identidad de género?

Lo anterior se puede definir como la sexualidad con la cual una persona se identifica psicológicamente o con el cual se define a sí mismo. Se entiende como la clasificación personal sobre la propia sexualidad. Transgénero o transexual son ejemplos de una identidad de género y cada una tiene sus propias características.

Las identidades se diferencian del sexo, puesto que, la identidad implica factores culturales y sociales mientras que el sexo se refiere específicamente a la división biológica hombre-mujer.

De la misma forma, la identidad de género es un aspecto de la diversidad que es distinta a la orientación sexual, ya que ésta se entiende como la atracción no sólo en el plano sexual, sino también en el emocional. En este caso puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, etcétera.

Con base en lo anterior, se entiende que dichas categorías no necesariamente están alineadas en todas las personas, por lo tanto todas las combinaciones son posibles y no representan una enfermedad o desviación debido a que no existe una norma.

Santiago da un sorbo a su café y relata que la reacción de su padre fue sorprendente. “Llorando le dije, me siento como un niño y siempre me he sentido así, le explique que a escondidas usaba ropa de mis hermanos porque me gusta verme como niño. Él sólo me escuchaba y se quedaba callado”.

Luego de la confesión, el padre de Santiago le dijo con toda naturalidad que desde hace tiempo había notado lo especial que era, e incluso le pidió disculpas por obligarlo a usar ropa y juguetes (cuando era pequeño) que jamás le gustaron.

“Me sorprendí bastante, esa noche mi papá me dijo, si quieres mañana mismo te voy a comprar la ropa que tú quieras. Si no te sientes cómodo (por primera vez empezaba a hablarme en masculino) te doy el dinero y te compras lo que me pidas y necesites para que te sientas mejor contigo mismo”, recuerda el joven con una sonrisa en el rostro.

Con la confianza que su padre le brindó en aquel momento, se sintió preparado para hablarlo con su madre; sin embargo, jamás imaginó la reacción que ella tendría al hablar abiertamente sobre transexualidad.

Agradecemos a los amigos de PLANISFERIO su autorización para reproducir aquí este artículo 

 

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