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Juventudes trans en Pachuca

Por Eduardo Garza,  parte II

Santiago Lira comparte para Planisferio cómo cambió su vida tras salir del clóset como chico trans

En junio de este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la transexualidad de su lista de enfermedades mentales, esto en la primera actualización de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).

A partir de ese momento la clasificación de la OMS la incluyó en su lista de comportamientos sexuales y no en la de trastornos mentales, como sucedía desde hace varios años. En mayo del 2019, la CIE-11 se presentará en la Asamblea Mundial de la Salud para su adopción por los Estados Miembros, y entrará en vigor el 1 de enero de 2022.

Asociaciones en pro de los derechos del colectivo Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transgénero, Transexual, Intersexual y más (LGBTTTI+) aplaudieron la decisión del organismo que ahora define la transexualidad como: “Una incongruencia marcada y persistente entre el género experimentado del individuo y el sexo asignado, que a menudo conduce a un deseo de ‘transición’ para vivir y ser aceptado como una persona del género experimentado a través del tratamiento hormonal, la cirugía u otras prestaciones sanitarias para alinear el cuerpo, tanto como se desee y en la medida de lo posible, con el género experimentado”.

En la primera parte de este artículo conocimos a Santiago Lira, un chico de 17 años de edad que descubrió su identidad trans cuando cursaba el tercer año en una secundaria cristiana. Poco tiempo después, tomó la decisión de hablarlo con sus papás; no obstante, jamás esperó la reacción que tendría su madre al hablar sobre transexualidad.

Al otro día en la tarde, mi papá me dio el dinero para comprar la ropa. Me acerqué a mi mamá y le dije que iría solo porque me iba a comprar ropa de hombre, porque así me sentía más cómodo”.

El ambiente se volvió tenso. La mamá de Santiago no comprendía lo que sucedía. Su respuesta fue un rotundo no. “Me dijo que estaba en desacuerdo, a pesar de que intenté explicarle los cambios que había experimentado desde la pubertad. Recuerdo que me comentó ‘ser mujer es muy bonito, no debes comprarte ropa de hombre’, a lo que yo contesté, no tengo nada en contra de las mujeres pero yo no soy una mujer”.

La relación entre Santiago y su madre se tornó un tanto complicada durante los siguientes meses. A pesar de que ya había salido del closet como hombre trans y comenzaba a experimentar cambios muy notables en su expresión de género, no contaba con el apoyo de su mamá, quien pasó por un proceso muy largo para entender la identidad de su hijo.

Salí del closet como trans y fui a cortarme el cabello, pedí el corte más masculino posible, mi mamá estaba en desacuerdo con eso. Le comenté que quería hablarlo a su tiempo con mi familia y dijo que no, que cuando lo entendiera, ella iba a hablar con ellos. Dejé que lo fueran asimilando, entendí su postura, ella imaginó una idea de mí cuando nací. Le costaba trabajo entender que iba a perder a una hija”.

Pese al conflicto en casa pero ya con el cabello corto, Santiago estaba listo para compartirlo. En sus redes sociales se nombró “Elmo” y le pidió a todos sus compañeros que así lo llamaran. Los alumnos lo atiborraban con preguntas, no obstante, la mayoría se mantuvo al margen y en la medida de lo posible lograron comprender el proceso que su compañero experimentaba.

Empecé a imitar a los hombres, lo veía en las calles, los imitaba. Comencé a tener relación con más hombres y me comportaba mucho más masculino. Antes de entrar a la prepa ya había elegido el nombre de Santiago, ya le había dicho a mis papás y a mis amigos que así me llamaran. Les costó mucho trabajo, mi mamá me decía ‘mi amor’.

Por otro lado, en la calle me seguían hablando en femenino, eso me enojaba mucho, era muy frustrante, así dure muchísimo tiempo hasta que poco a poco me fueron diciendo Santi. Empezaron unos primos, luego mis tíos y mis papás hasta el final hace apenas un año”, comparte.

Para continuar sus estudios, el adolescente presentó un examen de admisión para ingresar a la Preparatoria 4 de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Al ser aceptado, contactó al director para hablar sobre el proceso de transición que experimentaba, y sobre todo plantearle la posibilidad de que en la escuela lo trataran como varón pese a que sus documentos tenían el nombre con el que sus padres lo registraron al nacer.

Lo anterior implicó un problema para el director de la escuela pública al no estar preparado para recibir a un alumno trans. Por lo tanto, a Santi sólo se le permitió una cosa dentro de la institución.

 

 

Agradecemos a los amigos de PLANISFERIO su autorización para reproducir aquí este artículo 

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