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… incluso, sentí su excitación que había combinado con molestia, por no ser ella…

Soy Buga, la columna de GustavoT

Comenté en la última entrega sobre la llegada de una compañera, cuya conversación compartiría con ustedes, por lo interesante que considero el tema; no significa que sea real (aunque podría serlo), pero sí algo fascinante, místico. Retomo: No profesa religión, pero cree en la energía y asuntos metafísicos, practica la meditación y ha desarrollado actitudes y aptitudes que seguramente hemos conocido en novelas o películas: La posibilidad de lo que llaman la Bilocación.

El término es el relativo a que una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares al mismo tiempo, lo cual podría ser físico o inmaterial, como el que su cuerpo esté en un lado y su espíritu en otro, llamado bilocación del espíritu. De manera coloquial sería lo que conocemos como viaje astral o experiencia extracorporal.

También se le conoce como desdoblamiento, ya que involuntariamente, al estar dormido, el cuerpo se queda en un lugar (generalmente, la cama donde duerme), y su ¿espíritu? Se desprende de la materia corporal y puede ir a cualquier parte del planeta o a alguna galaxia  –según me explicó– en instantes.

Puede ser de manera voluntaria, cuando la persona hace meditación o se concentra lo suficiente para efectuar dicho desprendimiento e ir a cualquier sitio; incluso, puede estar presente en alguna reunión, conversación o espacio, sin que nadie la vea, aunque haya quienes pueden sentir o percibir su presencia, pero no lo saben de cierto.

Igual, en la escuela, tuve un profesor de química, con quien aprendí y me acerqué a los procesos bioquímicos de los que somos objeto y estamos rodeados los seres vivos. Necesariamente, vinculados a procesos físicos, materia interesantísima, si no sólo la ves como un conjunto de números y reglas.

En las conversaciones con los profesores pude entender los vínculos reales, biológicos y químicos, explicados por las matemáticas y ciencias, ligados también con el conjunto social de seres vivos e inanimados que habitamos el planeta.

Hay quienes llaman esa relación como energía; así, de manera general, sin adentrarse a comprender lo que las ciencias pueden explicar y que da paso a lo que la religión domina en el campo de lo que podríamos señalar como lo incomprensible. De ahí las creencias.

Durante mi proceso de vida, circunstancialmente he tenido vínculos afectivos (amorosos y sexuales, principalmente) con distintas mujeres, quienes me confesaron sus apegos hacia lo metafísico, así como el aspecto interno de las personas; sin adjudicarles un color o algún adjetivo que pudiera ser o parecer inadecuado, las polaridades existentes en la energía.

Recordé entre lo enseñado por mis profesores a dos destacados personajes dedicados al ámbito de la Física. Uno, Premio Nobel de Física –después, al no recordar su nombre, acudí a mis apuntes escolares: (Richard) Feynman, quien refería de manera velada el mismo asunto.

Palabras más o menos: Difícil entender una dimensión en la que los objetos estarían en dos lugares diferentes. Y lo que más me llamó la atención: … el mundo de lo ínfimo, en el que las reglas del juego son diferentes, cuyo resultado nos hace ver un universo contrario al que conocemos.

El otro, Paul Dirac, eminente físico-matemático, quien es reconocido como uno de los físicos más importantes, por asuntos relativos al átomo (composición de la materia), y participó en el desarrollo de la energía nuclear, expuso la existencia de la antimateria.

Entre las féminas que conocí está J, muy guapa, madura, muy transparente –por tanto, buenísima persona– siempre dispuesta a ayudar a los demás; una mujer cuyo cuerpo me fascinaba. De ella, solo referiré, por ahora, que abrió la puerta (que yo había cerrado), en el aspecto de lo extrafísico.

Hubo otras féminas con quienes continuó ese extraño vínculo amoroso-sexual-metafísico, tema que abordaré en los siguientes espacios.

Sin embargo, la Bilocación ocurrió con alguien con quien iniciaba una amistad. Ni ella ni yo teníamos la intencionalidad de iniciar un vínculo sexual o amoroso, aunque hubo largos abrazos, en cuya energía fluía una parte de esa sensación que ella llamaría sexosa. Habría sido interesante, porque se involucraban otros elementos metafísicos.

Me desagradaba que fuera posesiva y voluntariosa; incluso, llegó a retirarme el habla, por no ponerle la atención que ella quería en el momento que lo requería. No obstante, me agrada su presencia.

Estábamos conectados. La percibía. Sabía cuando pensaba en mí o yo en ella. Llegué a confirmar esta afirmación, al llamarle y me decía que, efectivamente, nuestro pensamiento era mutuo. Pasó a más, pues sentía en ocasiones sus estados de ánimo y ella se acercaba, en momentos en que estaba molesto o triste o apurado.

-Hoy te ves diferente. Te siento que estás bien, me decía; o veía mis ojos y aseguraba: -Déjalo fluir. Traes problemas. Deja que fluya y piensa positivo. –Lo hago. Claro que lo hago –respondí–  pero… Y su mirada hablaba de su incredulidad. Me abrazaba por minutos. Incluso, nuestra relación llegó a generar malestar en personas alrededor.

No obstante, la separación ocurrió inevitablemente. De pronto, no respondió mis mensajes, aunque aún la percibía y sabía que estaba cerca de mí. La conexión era fuerte. No debía esforzarme para sentirla. Luego, conforme pasaron los días, no supe más nada de ella. No aparecía en mi vida ni físicamente. La extraño.

Luego de algunos días el discontinuo pensamiento para saber el motivo de la ruptura me llevó a una noche, previa al distanciamiento:

Una cama. Unas riquísimas piernas y muslos gruesos, bien torneados. Los recorrí con mi boca, mis labios, mi lengua, mis dedos; llegué a las amplísimas y redondas nalgas que disfrutaba recorrer una y otra vez, seguí por la espalda baja hasta los hombros para continuar con el cuello, la mejilla, la boca, su lengua que visitó toda mi cavidad.

Continué a sus medianos senos, donde me detuve más tiempo; el debido. Seguí mi recorrido por su vientre plano al Monte de Venus y hacia la oscuridad de mi deseo y su placer. Mi saciedad fue interrumpida.

Voltee la cabeza y por la comisura de mi ojo, miré por sobre mi hombro derecho, hacia la puerta de entrada en la penumbra en la habitación. Nada ni nadie había. Sabía que me miraba, que le gustaba la idea; incluso, sentí su excitación que había combinado con molestia, por no ser ella quien estuviera allí.

Sentí su abrazo entre mi cuerpo desnudo. Luego, más nada.

Ocasionalmente, de esa misma nada, aparece en el pensar. Sé que piensa en mí.

 

 

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