martes , diciembre 11 2018
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…huye siempre para volver nunca…

Alguien llama.

Apenas puedo percibir el sonido.

Estoy atrapado entre los brazos de las voces y la debilidad del esfuerzo.

Ahí hay una ruta y también una luz, aunque una no conduce a otra pero ambas llevan al mismo sitio: ese, el de la cordura perdida y las sombras del rencor.

Todos los nombres, todas las horas, todos tus dioses… en este recoveco de esperanza lo único que sobresale es el recuerdo de una historia que en este momento no acaba de empezar, pero todos lo sabemos: siempre estás planeando, siempre deseas, siempre anhelas.

Yo. Sin futuro pero con un pasado de esos que se deben olvidar.

Siempre está presente la posibilidad que a la larga escapa, se va, huye siempre para volver nunca.

Por eso los ojos negros y las manos blancas, el corazón en los labios y la humedad también y ahí, en un miligramo de olvido, se presenta la oportunidad de leer todos los libros, los ensayos, los poemarios y el corazón reflejado de la boca a tus ojos y de estos al ayer.

Por eso llueve y amanece. Por ellos palpita y se sonríe, excepto al salir el sol… entonces hay más esencias y vistas y oídos corriendo hacia la protección de un sótano y la seguridad de una escalera oculta.

Ellos no disfrutan la luz, la aborrecen.

Siempre.

Ahora que lo pienso no hay lógica.

Nunca se han visto a sí mismos pero saben que están ahí y se escuchan y hasta intercambian frases e ideas sueltas.

No perciben figuras en esa oscuridad, pero huelen cada nota de la partitura cuya lectura resulta imposible en este vacío y, lo mejor, saben lo que dicen… al menos lo intentan.

Ellos –ellas-, no pueden ver estos trazos, no entenderían el simbolismo y tampoco comprenderían los significantes, ni siquiera lo intentan. Prefieren mantenerse ocultos, alejados, perdidos.

Alguno dice que un día alcanzarán el picaporte y podrán atreverse al exterior, aunque eso depende de las profecías y el papel.

Yo digo que no hay suficiente imaginación sin un rastro de cordura y por eso las sombras y las voces y todos estos movimientos involuntarios de mis dedos son así, “inalcanzables”.

Sentimientos y etapas por si tú… por si yo… sin ti.

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Artículo publicado originalmente en https://aulaintercultural.org

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