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Fer quiere ser sobrecargo… la discriminaron

La historia de un sueño 

En su niñez, seguramente veía hacia el cielo y observaba los aviones. Se imaginaba cómo sería conocer otras tierras con gente de diferentes costumbres. Otras culturas. A partir de entonces fue su secreto. Quería hacerlo. Se veía usando un estilizado uniforme de sobrecargo, muy femenina y bien preparada, viajando. Fernanda Félix estudió gastronomía y se graduó como chef.

Un día se enteró que había una escuela de aviación allá en Ciudad Obregón, Sonora, donde reside, y se decidió. Tenía que intentarlo.

A sus 28 años se sintió más que lista. El momento era, es ya porque de lo contrario no lo haría nunca y no quería quedarse con las ganas. Tenía ante sí la oportunidad de cumplir un sueño que mantuvo escondido porque conoce los niveles de discriminación que se pueden vivir en México con las aerolíneas y otros casos en otras situaciones.

Hasta ahora, no se había animado.

Se apersonó en la Escuela de Aviación sub base Obregón y se entrevistó con el director, Rubén Machi Ávila, quien le atendió. Fernanda le explicó que era una persona transgénero, pero tenía interés en estudiar para sobrecargo y por ello le pedía la oportunidad para estudiar, para ser aceptada en el citado plantel.

El directivo le dijo que no había problema y muy amablemente le brindó información. Sin embargo, al regresar días después para formalizar el proceso de inscripción, Machi Ávila le dijo que tenía que asistir como hombre y le puso mil pretextos para estudiar ahí: “me dijo que si el uniforme era un impedimento para mí, que ni debería estudiar eso y ahí fue cuando me llené de coraje e impotencia”.

A los pocos días le llamó por teléfono una secretaria para dar seguimiento al proceso de inscripción. Como la señorita no sabía lo que había pasado, le platicó y ella se ofreció a hablar con Rubén Machi Ávila para ver si se podía hacer algo. En una comunicación posterior le informó que no, le dijo que no había posibilidades.

Fer decidió que no regresaría y que buscaría otras opciones, como ha encontrado ya en Mazatlán, Sinaloa, y se muestra confiada no solo porque en la escuela de allá le aseguraron que no hay discriminación y puede inscribirse sin problema, sino porque también tiene el apoyo invaluable e incondicional de toda su familia. Es solo cuestión de encontrar un empleo para trabajar y estudiar para poder realizar su sueño, afirma.

Sabe que no será fácil y que se requiere un esfuerzo, mayor y extra en su caso por ser una persona trans: “siento temor a ser discriminada. En cualquier lado que vaya sabes siempre que puede haber alguna persona que pueda salir con algo, algún comentario o algo. Por ejemplo, en un restaurante y entrar al baño de mujeres siempre hay temor de que llegue el gerente o algún empleado y me saquen”.

Fernanda hace un llamado a las personas que, como ella, han sido víctimas de algún tipo de discriminación: ¡no se rindan!

“A veces por más difíciles que parezcan las cosas, siempre, siempre, se va abrir una ventana, aun cuando se cierren mil puertas. Las personas trans podemos ser y hacer cualquier cosa que nos propongamos, desde ser economistas, chef, locutoras, todo lo podemos lograr porque somos completamente normales y con las mismas capacidades que todos”.

 

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