miércoles , junio 3 2020
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Eso se oye muy feo…

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

Hoy leí una publicación en Facebook referente a un pene pequeño que no llenaba el requerimiento mínimo. Lo curioso es que a la hora de mencionarlo usaron la palabra “nepe” para referirse a él. Resulta que a la hora de mencionar que su miembro era de cinco centímetros no tuvo ninguna reserva, pero a la hora de llamar al órgano por su nombre, le dio pena y mejor lo escribió al revés, como para que no se viera tan feo…

Comprendo que a veces uno quiera suavizar las palabras para evitar sonar vulgar, pero pene no es una palabra ofensiva. Incluso conozco a gente que prefiere decirle un apodo como “mariposa” a su vagina con tal de no pronunciar la palabra. Es como si fuera un pecado mortal decirle a las cosas por su nombre. Resulta que mucha gente que prefiere decirle “pajarito” a su órgano sexual masculino, porque se oye muy feo, no tiene reservas en gritarle a alguien a media calle que se vaya a la v**ga.

En Grindr, llegué a ver mucho eso. Estamos en una app para ligar, no en un templo sagrado donde hay qué guardar respeto, ¿ahora resulta que les sale lo mustios, cuando andan ofreciendo sus servicios de escort a todo aquél dispuesto a pagarlo? O andan buscando un encuentro casual y listando lo que están dispuestos a hacer, siempre y cuando usen “nepe” por decencia, ¡por favor!

Hay otras personas que le dicen “blanquillos” a los huevos, porque huevos se escucha muy feo, ya que tiene una connotación sexual y está ligado a los testículos. Wow. Para empezar los testículos no se llaman huevos, y que la gente decide decirles así no es problema del producto de la gallina. Pobrecitos, hasta su nombre les hemos quitado por una pseudo decencia que nos impide incluso abrir la boca. Ya me imagino a la chica de la tienda pensando que le pido medio kilo de testículos para hacer desayuno, ¡toda la cuadra se va a enterar de que soy un depravado! ¿Si no son blancos lo huevos será necesario pedirlos como rojillos?

Definitivamente hay que guardar las apariencias, no vaya a hablar mal a gente, ¿qué van a pensar? ¿Cuál va a ser la reputación de una persona que nombra las cosas adecuadamente? Seré un pelado, un indecente, un insolente. Tengo que enfocar mejor mis energías en buscar la aprobación de gente que no conozco y que nunca van a tener relevancia en mi vida. Eso es lo más importante: impresionarlos a ellos. No importa lo que es la realidad siempre y cuando se mantengan las apariencias.

Tengo unos amigos de raza negra. La gente les llama “morenitos” porque negro es muy ofensivo. Platicando con ellos, me comentan que les molesta que les digan morenitos porque de hecho son negros. Su raza es negra. Entonces ellos encuentran esa recategorización bastante ofensiva, pero como así suena más bonito para nuestros oídos, preferimos seguir ofendiéndolos con tal de no utilizar esa palabra ofensiva. Punto y aparte.

Eso de suavizar las cosas no es lo mío. Prefiero llamarles por su nombre. No tengo paciencia para la gente que está en una conversación y susurra las palabras que le parecen ofensivas. Mira, si no te sientes cómodo hablando de cierto tema, no lo platiques. Eso de estar interpretando tus sinónimos para las palabras que hieren tus oídos y tu delicada sensibilidad termina con mi paciencia muy rápidamente. Para mí es mejor y me parece más honesto y válido que me digas que el tema te incomoda y que prefieres hablar de otra cosa. Al menos eso lo respeto.

Y definitivamente no me refiero a andar ofendiendo a la gente ni usar palabras ofensivas tampoco. Hay que tener algo de criterio, gente. Si uno se convierte en esa persona que solo habla de temas incómodos e incendiarios, se ve uno convertido rápidamente en el tipo con el que nadie quiere platicar. Creo firmemente que se puede tener una conversación entre adultos sin que alguien salga molesto, ofendido o escandalizado. Ya si la gente es de cristal, pues hay que buscar la forma de protegerse para no romperse.

Muchos de los problemas del mundo creo que pueden resolverse con un diálogo, pero definitivamente, el uso de eufemismos a cada vuelta no ayuda a que la conversación fluya de manera natural, ya que si necesito hacer una pausa para que me expliques qué significa tal o cual palabra no hace que el río deje de correr, simplemente hace que la otra persona posiblemente se frustre y simplemente ya no quiera hablar.

Dejemos los convencionalismos y la falsa decencia a un lado, seamos abiertos y expresemos lo que necesitamos expresar. No se pierde la línea de respeto por decir lo que uno piensa. Definitivamente uno puede hablar libremente sin violentar a nadie más. Siempre se puede ser diplomático, pero ya estar diciendo una cosa para aparentar ser otra mientras nuestras acciones cuentan una historia diferente puede rayar en la hipocresía. Si usáramos toda esa energía en otras cosas más positivas, otro mundo sería.

Las palabras, por más bonitas que suenen, no tienen valor alguno si nuestras acciones no las respaldan…

Piénsenlo, hermanos, hermanas y compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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Artículo publicado originalmente en: https://www.nytimes.com/ escrito por  Neil Genzlinger

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