domingo , noviembre 18 2018
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“Ese cambio de nombre es su derecho…”

Conversatorio con padres y madres de personas trans

Es el parque Revolución  en Guadalajara. Un grupo de personas, mamás y papás, hablan con varias decenas de asistentes, platican sus experiencias y entre todos ellos existen varios denominadores comunes: tienen hijas e hijos trans, comparten el mismo amor por sus vástagos y, además, saben perfectamente la importancia del acompañamiento profesional y la responsabilidad que tienen para apoyar a otros que también son padres de personas trans a quienes también aman y por quienes han decidido luchar también, juntos.

Ahí están Susana y María y Fausto y Adriana y Erica, también Rosaura y Martha y Lulú y otras voces que se conjugan y comparten los retos y los obstáculos y las necesidades y los llamados.

“Con apoyo de la familia e Impulso Trans, me han abierto las posibilidades, las expectativas y dado la confianza de saber que (mi hijo) va a enfrentar a un mundo ya no tan difícil gracias al apoyo de la familia”, dice uno de los padres.

Luego de cada intervención el reconocimiento y solidaridad de los escuchas se manifiesta a través de aplausos y gritos de aprobación.

Una pregunta: “¿qué sigue para un padre luego de enterarse que su hijo(a) es trans? La primer respuesta provoca expectativas: “es un proceso distinto y diferente al de que si fuesen gay o lesbianas”.

No importan los nombres de los hablantes porque lo interesante son las respuestas de los ahí reunidos gracias a la iniciativa de la Red de la Diversidad, Familias por la Diversidad, Mezcal Rosa e Impulso Trans AC.

“Acudimos a apoyo profesional. En esta búsqueda encontramos expertos en la materia que nos ayudaron y asesoraron en torno al tema y en ese camino de encontrar el apoyo para que las cosas fueran… todos los procesos son distintos, hay quienes no necesitan apoyo psicológico, no sé por qué razón, y yo quería hacer las cosas de la manera correcta y por eso buscaba el apoyo profesional y lo encontré con la doctora Laura ese profesionalismo para darme cuenta de las cosas … el ángel que me abrió los ojos fue Mónica Nuñez y gracias a ella llegue a Édgar (…) nos apoya mucho, hace que compartamos y abramos los ojos y comprendamos que el apoyo familiar es fundamental. La mejor decisión que pude haber tomado fue acercarme , informarme y decidir acompañar a mi hijo”.

Otra persona dice haber empezado a buscar apoyo de terceros en la misma situación o de profesionales que le pudieran orientar y llevar a buen puerto todo este cambio: “hay que tomar al toro por los cuernos y tratar de hacer el mayor esfuerzo para que todo camine de la manera más adecuada (…) busqué en internet y encontré a Impulso Trans. Unos días después un vecina que es psicóloga nos platicó de Impulso Trans y Edgar, a quien agradecemos la ayuda que nos ha proporcionado (…) en mi caso, hubo un punto en que aprendí a darme cuenta de que en mi vida como padre únicamente he tenido una hija, que es la pequeñita, y todo el tiempo he tenido a un hijo…”. Es imposible estructurar una frase con más amor.

“Familias por la Diversidad  es el lugar ideal para aprender, acompañar y no encontrar esa soledad… un acompañamiento a los hijos y al resto de las familias, sobre todo a quienes van por primera vez desorientados e incomprendidos y con muchas ideas erróneas…”. Todos coinciden de alguna forma: “es un proceso difícil para los hijos y los padres, por eso es importante la unión para vivir el proceso”.

Alguien más decide participar y reconoce las dificultades: “lo más difícil fue acostumbrarme o aceptar, se podría decir, a llamarlo o llamarlo hijo. Me costo mucho trabajo, pero cuando dijo que era por su seguridad me puse a pronunciar y repetir es mi hijo, es mi hijo, es mi hijo y que no se me olvide, fue lo mas difícil (…), aceptar que nunca había tenido una hija, era un hijo, fue lo más difícil, aceptar lo que la naturaleza me había mandado, lo que la naturaleza, lo que Dios me había mandado… necesitaba a una persona como él para ayudar a todos los que vienen atrás, abrirles paso para que sufrieran lo menos posible. Es difícil, pero a la larga lo acepta uno…”.

Las palabras surgen y algunas voces parecen apunto de colapsar y quebrarse, pero todos sabemos y entendemos la importancia de compartir, por eso la mujer se decide y toma el micrófono. Públicamente lo reconoce. Lo más difícil fue y ha sido el trabajo terapéutico, vivir el duelo de perder a su nieta, de aceptar que no era ella, que era él y vivir su muerte: “sufrí y viví totalmente el duelo para sanar heridas (…) es muy difícil, en lo personal yo creo que mi nena nunca se fue y creo que cada persona tiene su esencia y ella ahí está…”.

Toca el turno a otra mujer. Habla de la emoción que le causó saber que iba a tener una niña y cómo se puso a buscar “el mejor nombre del mundo”. Le habían dicho que no iba a poder tener hijos y por eso estar embarazada fue lo mejor. Recuerda el cambio, la búsqueda de un apelativo, la oportunidad del acompañamiento y la elección final: el entender eso me ha abierto un panorama enorme, saber que no hay azul y rosa, hay colores y cada quien quiere usar el color que mejor le gusta y si a mi hijo le gusta otro, es muy valiente”. Es cierto.

La charla e intervenciones siguen y hay más coincidencias. Una sobresale en especial: “el cambio formal de nombre es una barrera social y legislativa que no permite que nuestros hijos e hijas se puedan desempeñar por la vida como ellos quieran y eso es lo primero que debemos facilitarles, ese cambio de nombre es su derecho y es algo que se merecen por el simple hecho de estar entre nosotros”.

 

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