domingo , agosto 19 2018
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Érase una vez… un pene en mi vagina

 

Ante la pregunta inevitable del por qué estudié comunicación, respondo que me interesaba y urgía aprender formas de interactuar con quienes me rodeaban.

No bastaba escribir bien. Necesitaba otros métodos para que los demás me escucharan, para pedir lo que deseaba.

En ese entonces el alcohol no era uno de mis mejores amigos y la carrera que cursé funcionó de maravilla.

Sin embargo, por más que se trate de ocultar lo que una es, tarde o temprano los demás notan nuestra real forma de ser.

Esa que inevitablemente termina en mi soledad, acompañada de una copa de tequila, repasando algún guión de una de las tantas películas que me gustan.

Para mis allegados, esa información no es nueva. Pero las más grandes locuras las he vivido con personas que apenas me conocen.

Y en este breve cuento sexual, podré resumirles cómo se me ha negado por derecho, el amor, pero por fortuna, siempre me he comido a quien he querido.

Como no se me da eso de abrirme al mundo, es pertinente, y no por coquetería, que el sexo apuesto se acerque a mí. Ya con más de una cruzada encima, puedo ser la mujer más risueña y relajada del mundo.

Y cuando quiero sexo, basta con que mi nariz detecte el buen olor de mi compañero de danza, quien además dirige el baile.

Y de la nada, sin que él sepa que hubo más de 6 meses de atracción hacia su hermosa sonrisa, le basta llevarme al sanitario.

¿Qué tengo yo que siempre termino en un baño? Eso no lo sé. Lo que sí puedo platicar es que mi ex crush, ese que tanto me gustó antes de saber que no era para mí, me besó.

Y toda la ternura y delicadeza con la que me giró en la pista, se tornó violencia cuando me volteó y me penetró hasta que gemí.

Y todo el deseo reprimido se dejó ir como cuando imagino, Eva devoró aquella deliciosa manzana sin remordimiento.

Y por Dios que la manzana estaba buena. Hasta que la mesera, a quien desde lo más profundo de mi alma le ofrezco una disculpa, interrumpió uno de mis sueños hechos realidad con un: “ya los están esperando”.

Luego, cuando salga del shock en que me dejaron, les cuento el resto. Lo que sí les puedo decir es que el sexo es mi manera preferida de comunicarme, esa técnica donde no se necesitan palabras.

About María Fernanda Soto Aguilar

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