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Entre lo gay y lo estereotipado

Salir del clóset implica algo más que decirle a papá y mamá que una es gay. Y no es que sea lesbiana (tía chismosa, respira), si no que cuando mis amigos me dicen que les gustan las personas de su mismo género, mi mente comienza a divagar con estereotipos que hemos reforzado sobre ellos.

El más recurrente tal vez sea el de imaginarnos su manera de tener sexo y lo que conlleva el sexo anal si se trata de gays.

En una refrescante, aunque muy americana cinta, Love Simon, aborda el tema de cómo un típico chico de secundaria revela su homosexualidad.

Aunque el largometraje da una versión gay muy adorable, anteponiendo el amor por sobre todas las cosas, me hizo pensar en algo más que no fueran trenecitos y hombres follando.

Simon es un simple chico amando a otro chico, iniciando un romance por computadora que  termina en una estereotipada escena del beso final sobre una rueda de la fortuna.

Y a pesar de todo el fetiche amoroso, creo que es lo que le hace falta a la comunidad gay para que los machos homofóbicos puedan verlos como lo que son: simples personas.

Seres humanos que dicen y hacen lo mismo que nosotros, que se tocan, se miran y se aman entre sí.

Que follan y cogen sin condón como los heterosexuales, pero sin la desventaja de quedar embarazados.

Personas que no siempre hablan afeminadamente, que no siempre quieren vestirse como el sexo opuesto.

¿No puede acaso nadie imaginarse a un gay a quien igual le da miedo hacerlo por atrás?

Nuestra mente necesita expandirse un poco más de lo que hemos demostrado hasta ahora. Porque no podemos decir que sólo podemos creer en el matrimonio entre un hombre y una mujer puesto que el amor no es exclusivo de la heterosexualidad.

No sólo nosotros amamos y no sólo ellos follan. Nuestros gustos son diferentes, pero no dañan a nadie, como la elección entre un helado de chocolate y uno de vainilla. Muy simple.

Así que abusados con las propuestas de campaña que basan sus propuestas con las relaciones tradicionales.

El mundo debe avanzar y como decía Darwin, quien no evoluciona no sobrevive.

No es tan difícil adaptarse a ver a dos adolescentes besándose de camino a la escuela. A dos chicas agarradas de la mano paseando un perro.  A dos adultos jurándose amor frente a un altar.

Recuerden que el mundo es diverso, y esto último no es una moda nada más.

About María Fernanda Soto Aguilar

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