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En ocasiones sueño…

Algunas veces todas las lunas hacen una trayectoria. No es naturaleza, es una situación científicamente comprobada: todo regresa a un sitio. Siempre. Porque el siempre de nuestras lunas es y será la noche de otros. Así de fácil… así de cruel.

Podría sentirse bien, pero esos pequeños rasgos de humanidad reptando en las gargantas de todas ellas, confunden, disienten, agonizan.

Ahí hay una escalera enorme de mármol blanco. Allá un pedazo de esperanza a la expectativa de un rescate. Aquí una lágrima que no termina de fluir para estos brazos agitados y las voces de un encuentro apenas visible.

Nosotros -todos los que soy-, siempre estamos. A veces de madrugada y en ocasiones con el nocturno poder de una noche desierta. Siempre sola, amagada e indispuesta.

Así.

Hemos encontrado callejones, salidas, sueños.

Todos cayeron en las sombras imaginarias de una luz inexistente y bailaron, cargaron sus miedos al compás de Zorba y sus labios sonreían porque la felicidad nace en los pies y muere en el presente tan marchito de ese nosotros evitado.

Por eso hay nubes en todo este cielo cuya visión apagas.

De alguna u otra forma.

Porque sí.

Por camisas blancas y chalecos de piel, por adoquines arrastrados en su propia arena, por árboles citadinos cuyas raíces están allá, en la tierra de un olvido permanente.

El equipaje molesta, estorba. Al andén avanzan escurridizos los momentos y pienso en la Islandia desconocida y el frío de una Alaska tan lejana como inalcanzable sin ti. ¿Imaginas todas esas luces atrapadas en estas manos tuyas y esos deseos míos… tuyos?

Otra vez los tirantes rojos, los labios empequeñecidos por la falta de apuestas y las rodillas debilitadas gracias a la voz y los años de las voces: irreales, pero tangibles; destrozadas. Ambiguas. Por siempre lentas, abatidas… desmoralizadas.

Soy el humano de un perro y la fragancia de una alcantarilla procedente de las visiones, los insectos, las garras absolutas de un enorme y terrible solsticio cuya llegada jugó la peor de las realidades.

Lo dije una vez: en ocasiones sueño.

La espalda es la mejor prueba de los solitarios amoríos y el plasma recuperado por uñas carcomidas de silencios, pesadumbres y atardeceres lo prueban: nunca más un verano sin ti.

Lástima no ser el propietario de la voz…

No puede haber más oscuridad.

Quizá sí…

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