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El respeto a lo homosexual no se puede imponer “por ley…”

Apuntes del Seminario interinstitucional “’Familia y Diversidad”

En el marco del  Seminario interinstitucional “’Familia y Diversidad” coordinado por el Instituto de Investigaciones Dr. Jose Luis Mora y la Escuela Nacional de Trabajo Social UNAM, la especialista Mariana Celorio Suárez, Becaria posdoctoral Conacyt del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, aseguró que la aceptación y el respeto a lo homosexual, a lo distinto, a lo diferente, no se puede imponer “por ley”.

Al participar en la sesión Género, la diversidad y el Derecho Familiar, con la ponencia “El derecho de las audiencias: instrumento de inclusión mediática para normalizar la homosexualidad en México y erradicar la homofobia en las familias mexicanas”, la especialista detalló que, en términos generales, los medios hegemónicos de comunicación de masas construyen seis tipos fundamentales de discursos en torno a la homosexualidad.

Transmiten programas de entretenimiento con narrativas de burla y sátira a lo afeminado, a lo marica, a lo lésbico; producen películas basadas en argumentos de amor homosexual que por lo general termina en desgracia, como Loving Anabelle y Brokeback Mountain; historias de la vida real basadas en la reivindicación de derechos humanos, como Milk y No sin ella; documentales que muestran lo gay como problemática, como es el caso de To Russia with Love; programas de televisión con presencia fugaz de personajes homosexuales secundarios como Grey´s Anatomy y, series de televisión que plantean lo homosexual desde la mirada del estigma, como es el caso de las mujeres homosexuales de la serie Orange is the New Black.

Estas seis maneras de abordar, desde lo culturalmente hegemónico a la homosexualidad, ofrece tal fragmentación, que las audiencias la construyen mediante una empobrecida mirada en túnel; visión definida desde la oftalmología como un punto de visión escaso, borroso y opaco. Así amplios sectores de la sociedad contemporánea ven a las y los homosexuales a través de una mirada en túnel que la mantiene presente en el imaginario colectivo como una disfunción que debe “arreglarse” y, debido a que es una realidad borrosa y opaca, se vuelve intangible y susceptible a la recreación individual y social de prejuicios basados en el morbo, en el miedo, y en los estereotipos. Así, no se puede tener claridad respecto a la homosexualidad y a los homosexuales, personas integradas a diversos, complejos, múltiples y heterogéneos perfiles poblacionales y, que de un vistazo, se les sigue descalificando y criminalizando y, en algunos países penalizando.

Mariana Celorio afirma que el racismo, la misoginia, el machismo y la xenofobia son lastres de la sociedad capitalista, anglosajona y patriarcal que requieren de narrativas académicas, culturales y mediáticas que promueven su erradicación, igual sucede con la homosexualidad, en tanto su rechazo, tiene relación con formas culturales de concebir la sexualidad humana y la diferenciación de sexos.

Su normalización por medio de programas que la incluyan requiere del cobijo del derecho de audiencias ya que existen sectores dominantes que se oponen a los DH y civiles de los y las homosexuales y se aferran al régimen heteronormativo que la sanciona y la estigmatiza.

El Derecho de las Audiencias es un mecanismo que confronta la producción de un solo sentido del mensaje, es decir, la supremacía del emisor frente al receptor; puede promover la participación de las audiencias en la construcción social del mensaje, es decir, que el receptor se transforme en emisor y con ello todos los sectores sociales podrían verse representados en los medios. De manera particular, ofrece un territorio simbólico para normalizar la homosexualidad.

Por último, cabe mencionar que existe un riesgo de que el defensor de audiencias sea un empleado pagado por el dueño del medio y un burócrata contratado por el gobierno que no logre llevar a los medios las demandas de la sociedad y que comprometa los derechos de las audiencias a los intereses de las empresas o bien que se burocratice su función y que opere más como mediador que como defensor. Es necesaria la participación e iniciativas ciudadanas de representantes de comunidades y sectores sociales que exijan la apertura de contenidos, que trabajen para la equidad en las transmisiones y que acompañen y “vigilen” al defensor(a) pues se requiere que las audiencias se asuman como participantes activos en el debate público.

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