sábado , noviembre 17 2018
Home / Compartir / … el limbo musical del cielo azuloso inundado de acordeón…

… el limbo musical del cielo azuloso inundado de acordeón…

SOY BUGA… la columna de GustavoT

Cuando me abrazaba la C, nunca sentí que quisiera conmigo; no, al menos de esa forma… Bueno, ya no, después de que entendió, le dije, aceptó, se percató y conoció más de mí, de mi indefinición definida. Cuando nos besábamos… Suena extraño, pero sí, nunca tuve problema en besar a un hombre; así lo aprendí desde pequeño y no pasa nada, no se cae nada de lo que pudiera caerse y tampoco empuja a un gusto que pudiera estar ajeno o, mejor aún, latente, como dicen los que saben de la psicología y formas humanas internas.

No pasa nada. Me gusta esa frase. También aprendí que, al final, no pasa nada, claro, en términos genéricos y generales. Damos mucha importancia al mal entendido orgullo, a la obligación del peso en el apellido, a los prolegómenos de nuestra vida que nos marcaron y no tuvimos tiempo para aprender o querer aprender, a través de la lectura, la información, lo que significa dignidad o aquellos elementos que nos enseñan o trataron nuestro padres, quienes seguramente tendrían deficiencias educacionales y formativas, y no por su ignorancia, que ocurre, sino por las condiciones socio históricas por las que ellos atravesaron.

De pequeño, me pedían que besara a tooodos. Al igual que a todos los niños  –y niñas, porque si no escribo esas dos palabras extra, me podrían señalar de misógino, de lo cual carezco… adoro a las mujeres… Je, no a  todas. Mi señora madre, a quien amo… aún después de muchos años de haber felpado, fenecido, morido, adelantado y muchos más verbos, adverbios y adjetivos usados para quienes no se encuentran en nuestro mundo, y quien me pedía besar a tíos, sobrinos, abuelos, priiiimmmaaasss (igual, no todas, pero a la prima…), veeeeciiiiinnnnaaasss (uuuuufff!, ya abordaré el tema de una o dos vecinotas), pu’s me impuso la costumbre de besar a mi tío (figura paterna, al igual que la de), mi padre (militar muy decente), y no sé a quienes más, lo cual hacía sin problema.

Dijera la C: Por eso soy “tan fácil”. Seguramente, “más que la tabla del uno”. Seguramente, de ahí mi gusto. Dijera el psicoanálisis: Mi afición fálica, y se quedó en mi habitual comportamiento. No obstante mis ..terías, me agradaba besar al señor ojiverde, cuyo mote: mi papá, me hacía sentir bien el ofrecerle mis ósculos. Sentía cómo sus pelos del rostro raspaban mis labios, mis mejillas. Tocaba con mis manecitas su cuello y parte inferior del rostro. Me gustaba abrazarlo y restregar mi cara contra la suya. Siempre he sido cariñoso –aunque se me quitó con el andar cotidiano… Je, forma decente de expresar los chingadazos de la vida– con quienes creo sentir algo.

La C era mi amigo. Y no había problema con recibir un beso de la forma en que lo aprendí. Igual, ocasionalmente tenía muestras de afecto hacia con él.

Un día… Bueno dos: El primero, llegué a una fiesta suya; salió por mí y me besó en la mejilla con amor, y me abrazó como cuando esperas a alguien que te importa. No sé si sea real, pero así lo sentí. Y no porque quisiera conmigo (que, admitió que sí: -Pinche T, si a ti y a mí solo nos falta coger… Y le respondí: -Pu’s, cuando quieras… insistiendo, compadre…), sino porque nuestro mutuo afecto, amor, cariño era cierto, al menos de mí… Y estoy cierto que también de él…

Hubo quienes me decían: -El C te quiere mucho. ¿Por qué?, si eres muy mamón. Respondía a esos comentarios mi ignorancia de su sentir y los remitía a cuestionarle a él su pecado… Aunque, antes, les decía: “Seguramente, le gusto por eso… jejeje”. No entendí el motivo por el cual les llamaba la atención que fuéramos unidos de la forma en que lo éramos. Para ellos, necesariamente se requería sexo. No había más explicación.

La segunda ocurrió una noche, cuyo cumpleaños motivó el invitar a muchas personas del espacio laboral y metalaboral (de la banda en los medios, a quienes convocaba porque existe mucha gente con esa preferencia sexual, más de la que se pudiera pensar), pero por asuntos de injerencia de personas ajenas a nuestra relación, no tenía ganas de verlas –aunque estuviera la fémina de la oficina que me fascinaba, E… uuuffff, lo que habría hecho con y por ella– y llegué tarde, como a las 4:00 horas, después de ver a mi descanso.

Estaba abierta la puerta que da al callejón y encontré rastros de la fiesta. Al abrir, lo primero que vi: Dos individuos, uno con barba y otro güerito, envueltos en sí mismos. Nunca pretendí interrumpirlos, pero el paso necesario, evidenció ruido del andar que permitió el abrir un ojo para verificar, sin que labios y bigote se despegaran un instante. Me quedé un pequeño espacio a observar si los perturbaba o distraían su sentir… A lo lejos, era solo una silueta con movimientos en distintas zonas. No quise husmear más.

En la oscuridad del paso que divide las casas, en el empedrado, en rincones distintos, un par de siluetas más que escondían sentimientos y sensaciones. Privacidad. Adivinamiento de los posibles actores.

A lo lejos, en una de las últimas casas, otra silueta. También conocida, aunque única para mí…

-Hoola, cariiiñoo… Salí a recibirte… Un abrazo fuerte, pausado y largo… más de sentimiento. –¿Se fueron? Pregunté. –Sí, cariño. Hubieras venido antes, porque estuvo buena la fiesta. Mucha gente que conocías de los medios. Preguntaron por ti. –Lamentable. Me habría dado gusto saludarlos, aunque mejor, por tus invitados… –Ashhh, respondió.

Cuando entré, la fiesta continuaba. Volteó a verme y, retador, dijo: -Quien te interesa, no, ¿eh? Los amigos preguntaron por ti, pero ella, no. -¿A quién te refieres? No sé de qué hablas. Insistió: -Hazte güey. Los dos piensan que no me doy cuenta. Los he visto. -¿Qué has visto? Nunca, ni un roce. Nada, excepto cuando me puso su mano en su pierna. Manejaba, ¿recuerdas? Asintió con la cabeza y añadió: -Los vi. Te la puso entre sus piernas y…

No lo dejé continuar, porque le abrí paso a un saludo de no sé quién. Voltee y vi amigos y amigas. Voltee hacia el otro lado y mejor fui a saludar a quienes considero valen la pena. No pierdo mi tiempo. Platicamos, reímos y él disfrutaba enormemente su día, su fiesta. Todos éramos para él. Él no era para nosotros, era para todos y cada uno en pequeñas dosis. Quería dar un poco de sí a cada quién, pero a cambio tomaba –exigía… arrebataba– toda la atención de todos. De pronto, se escuchó una cumbia medio nacona, pero llegadora.

-Bailamos, cariño?, preguntó al tiempo que tomaba mi mano izquierda. Me dejé llevar, porque sí me gustaba la rola, además que la había bailado con personas importantes en mi libro sentimental y sexual, respectivamente… Sueelta el listón de tu pelo, desvanece el vestido y acércate a mí, que beberé el perfume de tu piel… aprenderé de ti hasta el final, provócame mis labios, impaciente estoy de ti, de tu sensualidad que siempre callé…

Se dejaba llevar también. Primero, agarramos ritmo con la mano izquierda, tomando las precauciones. Veía a todos y sonreían; no era algo fuera de lugar que dos hombres bailaran. Lo tomé de la cintura con mi mano derecha… La izquierda en su mano igual. Giraba todo a nuestro alrededor. Aunque, si lo pienso bien, girábamos todos a su alrededor. Me presumía.

Házme tuyo de una vez, me decía al oído… Sentía las miradas sobre nosotros, nuestro amor, nuestro cariñooo…

Olvida la vanidad y el orgullo déjalo afuera, deslizando tu rosa sobre mi cuerpo, provocando amor… le decía a ella, a lo lejos. ¡Estaba E! Me emocioné. Había regresado. ¿Por mí? ¿Quería que la llevara? ¿Quería que concluyéramos lo nunca iniciado? Pensé en soltarlo. Abrazarla. Vi su mirada de decepción. La de ella. Le grité con los ojos que no había nada y que ella lo sabía. Le discutí desde el limbo musical del cielo azuloso inundado de acordeón que no era cierto… Si en cada respirar estás tú… Quiero volver a besar tus labios rojos… ¿De qué manera olvidarte? ¿Cómo te voy a olvidar?

 

About GustavoT

Check Also

…huye siempre para volver nunca…

Deja un comentario